OPINI√ďN / por M√ĀXIMO GARC√ćA RUIZ

La Reforma y el compromiso social

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20170623-2

(M√ĀXIMO GARC√ćA RUIZ*, 23/06/2017) | En nuestro art√≠culo anterior (‚ÄúLa Reforma y el cambio social‚ÄĚ) apunt√°bamos hacia la necesidad de que los herederos actuales de la Reforma del siglo XVI deben plantearse seriamente cual va a ser su contribuci√≥n a la demanda ciudadana de un cambio social en el que prevalezca la √©tica cristiana y la justicia social.

Hoy volvemos a aproximarnos al tema reflexionando sobre las dificultades que entra√Īa la necesaria relaci√≥n entre un cristianismo libre de ataduras institucionales, sometido a las exigencias de la √©tica y, por otra parte, una sociedad sometida a una moral acomodaticia y a un desprecio visceral de los principios √©ticos hist√≥ricamente defendidos por la Reforma. Y desarrollamos con mayor precisi√≥n algunas notas ya adelantadas en la anterior entrega.

Los cristianos ofrecían un comportamiento social intachable, una fe inquebrantable, una ética incorruptible y una solidaridad ejemplar. Supusieron un viento fresco para la corrompida sociedad romana...

Es una evidencia histórica que las relaciones entre cristianismo y sociedad resultaron difíciles y arriesgadas desde los tiempos del Fundador de la Iglesia. Persecuciones y martirios jalonan los primeros siglos de existencia de la Iglesia.  En medio de las persecuciones y el desprecio de amplios estratos de la sociedad, comenzando por los propios judíos que terminaron expulsándoles de las sinagogas, el cristianismo creció exponencialmente, introduciéndose no sólo en sectores humildes de la sociedad, sino entre los colectivos más acomodados y, especialmente, entre el prestigioso ejército. Los cristianos ofrecían un comportamiento social intachable, una fe inquebrantable, una ética incorruptible y una solidaridad ejemplar. Supusieron un viento fresco para la corrompida sociedad romana, un referente ético y espiritual capaz de sembrar la semilla del cambio social. En ese período, la identidad de los cristianos se afirma en oposición a los demás: a los judíos y a los paganos, y se va produciendo una creciente diferenciación entre la sociedad civil y las comunidades cristianas.

Con el cesaropapismo, los valores cristianos fueron dilapidados y el cristianismo entr√≥ en otra fase ajena al objetivo macado por los ap√≥stoles y los primeros creyentes. Cuando la Iglesia se amolda al Imperio y se identifica con √©l, asimilando su cultura y adaptando los valores propios al sistema mayoritario, la relaci√≥n entra en un largo per√≠odo de arm√≥nica relaci√≥n. Posteriormente, al competir ambas instituciones por id√©nticos o semejantes objetivos, volver√≠an a producirse enfrentamientos, no tanto porque la Iglesia defendiera los valores cristianos, sino porque prioriz√≥ proteger sus conquistas terrenas. Convertirse en religi√≥n oficial del Estado supuso para la Iglesia el principio de su decadencia espiritual, aunque desde el punto de vista social y pol√≠tico, fuera encumbrada y reconocida como religi√≥n oficial del Imperio y la √ļnica religi√≥n verdadera.

Convertirse en religión oficial del Estado supuso para la Iglesia el principio de su decadencia espiritual...

El proceso hist√≥rico, resumido tan sucintamente en los p√°rrafos anteriores, evidencia algunos aspectos que conviene se√Īalar- (Para un desarrollo m√°s detallado de las ideas aqu√≠ expuestas, nos remitimos a nuestro libro La Reforma y el cristianismo en el siglo XXI, Clie:2017)

1. La Iglesia nace con vocación universal, por lo que pronto se ve obligada a romper con el estrecho marco del judaísmo para comprometerse con su destino universal.

2. Al confrontar su destino con la sociedad contempor√°nea, se pone de manifiesto la incompatibilidad de los valores que ambas sostienen.

3. El nuevo paradigma religioso, representado por los cristianos, triunfa sobre los viejos moldes sociales, pero después de una primera fase de éxito manifiesto, la Iglesia termina siendo abducida por la cultura del envejecido régimen.

4. A partir del siglo XII vuelven a emerger, aunque sea tímidamente, las esencias del cristianismo y se producen diferentes conatos de reforma que terminan siendo anulados por la fortaleza de la Iglesia-institución que cohabita formalmente con el Estado confesional.

5. El cristianismo se convierte de esta forma en un gigante decadente incapaz de responder a las demandas espirituales y a los retos sociales de los fieles.

6. La ética cristiana pierde la fortaleza que hizo posible la transformación del Imperio.

7. La Reforma del siglo XVI, por su parte, reivindica los valores perdidos, renuncia a una buena parte del lastre acumulado a lo largo de los siglos y recupera la Biblia como √ļnico referente teol√≥gico e ideol√≥gico para dar paso a una iglesia renovada, prof√©tica, comprometida tanto con el cambio de paradigma religioso como en su empe√Īo de volver a ser sal de la tierra y transformar la caduca sociedad europea. Principios b√°sicos, como defender la verdad, luchar por la justicia social y conformar la vida bajo la disciplina de una √©tica intachable, dieron paso al nuevo paradigma que impera en los pa√≠ses protestantes.

El problema es que, una vez m√°s, se cumple el proverbio que tan atinadamente recupera el ap√≥stol Pedro en su segunda carta universal: ‚ÄúEl perro vuelve a su v√≥mito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno‚ÄĚ (2¬™ Pedro 2:22). Se repiten los procesos tan repetitivos en el Antiguo Testamento respecto a las relaciones de Israel con su Dios y, una vez m√°s, los valores cristianos que hacen posible restaurar, aunque solo sea en una parte, una Europa reformada que trata de mantenerse fiel a los principios b√≠blicos, van¬†¬† siendo olvidados y devaluados hasta llegar al punto de la Europa contempor√°nea:

1. Una Europa que ha sido capaz de desangrarse en dos desoladoras guerras mundiales, provocadas por el odio y el racismo.

2. Una Europa que ha caído en un liberalismo económico descarnado que ha arrojado a la marginalidad a amplios sectores de su población.

3. Una Europa que levanta muros y verjas para impedir que quienes buscan refugio huyendo de guerras y miserias destructivas, puedan acceder a su estado de bienestar.

4. Una Europa que contempla cómo miles de personas mueren ahogados en el Mediterráneo, después de haber sido explotadas, torturadas y muchas de las mujeres violadas en el camino hacia una ilusoria libertad y prosperidad.

5. Una Europa, y a la cabeza Espa√Īa, anegada en una ominosa corrupci√≥n, que ha contaminado y desprestigiado a muy diversos sectores de la sociedad, creando en los pueblos sentimientos de frustraci√≥n dif√≠cilmente reparables.

6. Una Europa católica, protestante y/o ortodoxa, que ha renunciado en buena medida a los valores cristianos de libertad, igualdad de todos los seres humanos, solidaridad, justicia social, respeto a la dignidad de todos sin distinción de raza, color, religión o diferentes opciones en determinados aspectos que conciernen al ámbito personal de cada individuo.

7. Una Europa en la que nadie se f√≠a de nadie.¬† El s√≠ ya no es s√≠, el no, ha dejado de ser no; a los ciudadanos les es permitido mentir descaradamente, sin ninguna penalizaci√≥n, cuando son imputados por alg√ļn delito y el concepto de honestidad ha mutado en orgullo o prestigio social.

8. Una Europa, en fin, que al igual que ocurriera en el siglo XVI, necesita salir de la actual crisis de valores, volver a fundamentar sus raíces en los sólidos valores cristianos de amor, paz, libertad, justicia y solidaridad, desde un fundamento ético que permita un verdadero cambio social.

En medio de celebraciones, conmemoraciones y efem√©rides muy diversas que se convocan en este a√Īo del 5¬ļ Centenario de la publicaci√≥n de las 95 Tesis de Lutero, ser√≠a conveniente reservar el espacio y el tiempo suficiente para que las iglesias o, si se prefiere, los fieles que se sienten herederos de la Reforma como transmisora a su vez de los valores cristianos, tomen conciencia de que la fe demanda compromiso, y que el compromiso es con Dios, cierto, pero lo es con la sociedad, con sus demandas, con sus necesidades y no tanto con mantener prioritariamente el fuego sagrado de las instituciones religiosas. Traslad√°ndolo al lenguaje evang√©lico, se trata de re√≠r con el que r√≠e y llorar con el que llora.

El objetivo es llegar a la ra√≠z del problema y ofrecer un nuevo modelo de sociedad basado en la justicia social, la √©tica cristiana y el amor al pr√≥jimo. No s√≥lo como ense√Īanza en los p√ļlpitos...

La palabra clave, pues, es compromiso. Y el prop√≥sito, el cambio. En tiempos en los que la sociedad est√° en crisis y algunos ofrecen cambios de imagen, campa√Īas de marketing o soluciones totalmente superficiales, las iglesias reformadas deben ense√Īar a sus fieles a ir a la ra√≠z, ser radicales, como lo fueron en una primera fase los reformadores magisteriales y, al comprobar que sus reformas no eran suficientes, como lo fueron los reformadores radicales, que tomaron el relevo. El objetivo es llegar a la ra√≠z del problema y ofrecer un nuevo modelo de sociedad basado en la justicia social, la √©tica cristiana y el amor al pr√≥jimo. No s√≥lo como ense√Īanza en los p√ļlpitos, sino proyect√°ndose al exterior de los templos, convirti√©ndose en levadura que leude la masa, es decir, formando parte, en sus diversas estructuras, de los agentes de cambio pol√≠tico, econ√≥mico, cultural y social. Es preciso no perder de vista que el amor, la compasi√≥n o la justicia tienen que traducirse en ordenamientos jur√≠dicos que las hagan posibles. Y ese es un papel especialmente reservado a quienes se consideran y presentan como emisarios del Dios de amor y justicia.


Autor: Máximo García Ruiz*, Junio 2017.


© 2017- Nota de Redacción: Las opiniones de los autores son estríctamente personales y no representan necesariamente la opinión o la línea editorial de Actualidad Evangélica.

20120929-1*M√ĀXIMO GARC√ćA RUIZ, nacido en Madrid, es licenciado en Teolog√≠a por la Universidad B√≠blica Latinoamericana, licenciado en Sociolog√≠a por la Universidad Pontificia de Salamanca y doctor en Teolog√≠a por esa misma universidad. Profesor de Sociolog√≠a y Religiones Comparadas en la Facultad de Teolog√≠a¬† de la¬† Uni√≥n¬†Evang√©lica Bautista de Espa√Īa (UEBE), en Alcobendas, Madrid y profesor invitado en otras instituciones. Pertenece a la Asociaci√≥n de Te√≥logos Juan XXIII. Ha publicado numerosos art√≠culos y estudios de investigaci√≥n en diferentes revistas, diccionarios y anales universitarios y es autor de 24 libros, algunos de ellos en colaboraci√≥n.

La Reforma protestante y la creación de los estados modernos  europeos, 1

Humanismo y Renacimiento

Máximo García Ruiz

La creación de los estados modernos europeos, tal y como los conocemos hoy en día, no hubiera sido posible sin la existencia de la Reforma protestante y su correlato, el Concilio de Trento, tal y como veremos más adelante.

De igual forma, la Reforma no hubiera podido tener lugar, en su inmediatez histórica, sin la existencia del Humanismo y su manifestación artística y científica conocida como Renacimiento. Ahora bien, para poder centrar el tema, tenemos que remontarnos a la era anterior, la Edad Media, y poner nuestra mirada inicial, como punto de partida, en la Escolástica, el sistema educativo, el sistema teológico que identifica ese período, así como en el Feudalismo como forma de gobierno y estructuración social.

Para el escolasticismo la educaci√≥n estaba reservada a sectores muy reducidos de la poblaci√≥n, sometida a un estricto control de parte de la Iglesia. A esto hay que a√Īadir que el sistema social estaba subordinado, a su vez, al ilimitado y caprichoso poder de los se√Īores feudales bajo el paraguas de la Iglesia medieval que no s√≥lo controlaba la cultura, sino que somet√≠a las voluntades de los siervos, que no ciudadanos, amparada por un r√©gimen considerado sagrado, en el que sus representantes actuaban en el nombre de Dios.

La Escolástica se desarrolla sometida a un rígido principio de autoridad, siendo la Biblia, a la que paradójicamente muy pocos tienen acceso, la principal fuente de conocimiento, siempre bajo el riguroso control de la jerarquía eclesiástica. En estas circunstancias, la razón ha de amoldarse a la fe y la fe es gestionada y administrada por la casta sacerdotal.

En ese largo per√≠odo que conocemos como Edad Media, en especial en su √ļltimo tramo, se producir√≠an algunos hechos altamente significativos, como la invenci√≥n de la imprenta (1440) o el descubrimiento de Am√©rica (1492), que tendr√°n una enorme repercusi√≥n en √°mbitos tan diferentes como la cultura, las ciencias naturales y la econom√≠a. En el terreno religioso, la escandalosa corrupci√≥n de la Iglesia medieval lleg√≥ a tales extremos que fueron varios los pre-reformadores que intentaron una reforma antes del siglo XVI: John Wycliffe (1320-1384), Jan Hus (1369-1415), Girolamo Savonarola (1452-1498), o el predecesor de todos ellos, Francisco de As√≠s (1181/2-1226) y otros m√°s en diferentes partes de Europa. Todos ellos, salvo Francisco de As√≠s, que fue asimilado por la Iglesia, tuvieron un final dram√°tico, sin que ninguno de esos movimientos de protesta, no siempre ajustados por acciones realmente evang√©licas, consiguiera mover a la Iglesia hacia posturas de cambio o reforma.

No era el momento. No se daban los elementos necesarios para que germinaran las proclamas de estos aguerridos profetas, cuya voz qued√≥ ahogada en sangre. El pueblo estaba sometido al poder y atemorizado por las supersticiones medievales; las √©lites eran ignorantes y no estaban preparadas para secundar a esos l√≠deres que, como Juan el Bautista, terminaron clamando en el desierto, a pesar de que su mensaje, como las melod√≠as del flautista de Hamelin, consiguiera arrastrar tras de s√≠ algunos centenares o miles de personas. ¬ŅCu√°l fue la diferencia en lo que a Lutero se refiere? La respuesta, aparte de invocar aspectos transcendentes conectados con la fe de los creyentes es, desde el punto de vista hist√≥rico, sencilla y, a la vez, complicada; hay que buscarla, entre otras muchas circunstancias hist√≥ricas, en el papel y en la influencia que ejercieron el Humanismo y el Renacimiento. Existen otros factores, sin duda, pero nos centraremos en estos dos.

Identificamos como Humanismo, al movimiento producido desde finales del siglo XIV que sigue con fuerza durante el XV y se proyecta al XVI, que impulsa una reforma cultural y educativa como respuesta a la Escolástica, que continuaba siendo considerada como la línea de pensamiento oficial de la Iglesia y, por consiguiente, de las instituciones políticas y sociales de la época. Mientras que para la educación escolástica las materias de estudio se circunscribían básicamente a la medicina, el derecho y la teología,  los humanistas se interesan vivamente por la poesía, la literatura en general (gramática, retórica, historia) y la  filosofía, es decir, las humanidades. Con ello se descubre una nueva filosofía de la vida, recuperando como objetivo central la dignidad de la persona. El hombre pasa a ser el centro y medida de todas las cosas.

La corriente humanista da origen a la formaci√≥n del esp√≠ritu del Renacimiento, produciendo personajes tan relevantes como, Petrarca (1304-1374) o Bocaccio (1313-1375), Nebrija (1441-1522), Erasmo (1466-1536), Maquiavelo (1469-1527), Cop√©rnico (1473-1543), Miguel √Āngel (1475-1564), Tom√°s Moro (1478-1535), Rafael (1483-1520), Lutero (1483-1546), Cervantes (1547-1616), Bacon (1561-1626), Shakespeare (1564-1616), sin olvidar la influencia que sobre ellos pudieron tener sus predecesores, Dante (1265-1321), Giotto (1266-1337), y algunos otros pensadores de la √©poca. Estos y tantos otros humanistas, unos desde la literatura, otros desde la filosof√≠a, algunos desde la teolog√≠a y otros desde el arte y las ciencias, contribuyeron al cambio de paradigma filos√≥fico, teol√≥gico y social, haciendo posible el tr√°nsito desde la Edad Media a la Edad Contempor√°nea, per√≠odo de la historia que algunos circunscriben al transcurrido desde el descubrimiento de Am√©rica (1492) a la Revoluci√≥n Francesa (1789).

El Renacimiento se identifica por dar paso a un hombre libre, creador de sí mismo, con gran autonomía de la religión que pretende mantener el monopolio de Dios y el destino de los seres humanos. El Humanismo y el Renacimiento se superponen, si bien mientras el Humanismo se identifica específicamente, como ya hemos apuntado, con la cultura, el Renacimiento lo hace con el arte, la ciencia, y la capacidad creadora del hombre. El Renacimiento hace referencia a la civilización en su conjunto.

En resumen, el Humanismo es una corriente filosófica y cultural que sirve de caldo de cultivo al Renacimiento, que surge como fruto de las ideas desarrolladas por los pensadores humanistas, que se nutren a su vez de las fuentes clásicas tanto griegas como romanas. Marca el final de la Edad Media y sustituye el teocentrismo por el antropocentrismo, contribuyendo a crear las condiciones necesarias para la formación de los estados europeos modernos. Una época de tránsito en la que desaparece el feudalismo y surge la burguesía y la afirmación del capitalismo, dando paso a una sociedad europea con nuevos valores.

Visto lo que antecede, estamos en condiciones de juzgar la influencia que este cambio de ciclo histórico pudo tener en la Reforma promovida por Lutero en primera instancia, secundada por Zwinglio, Calvino, y otros reformadores del siglo XVI, y valorar de qué forma estos cambios contribuyeron a la formación de los modernos estados europeos.

Pero éste será tema de una segundan entrega.

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