OPINI√ďN / M√ĀXIMO GARC√ćA RUIZ

El pecado de la indiferencia. Fraternidad en tiempos de virus

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Indiferencia, el mayor pecado de nuestro tiempo

(M√°ximo Garc√≠a Ruiz, 24/03/2020) Una de las afirmaciones de mayor contundencia que han formulado soci√≥logos contempor√°neos para describir nuestro mundo actual es que el mayor pecado de nuestro tiempo no es la maldad, sino la indiferencia.

A la maldad se la ve venir y se pueden crear anticuerpos para combatirla; la indiferencia convierte ‚Äúal otro‚ÄĚ en un ser invisible del que no s√≥lo se ignora todo, sino que se reh√ļye cualquier conocimiento que pudiera conducir a adquirir alg√ļn tipo de compromiso.

Al tiempo que las nuevas generaciones han ido olvidando las consecuencias de las guerras que ni conocieron  ni sufrieron, se ha ido gestando un tipo de ego√≠smo demoledor que comienza parcelando el espacio geogr√°fico, bien sea por razones √©tnicas, econ√≥micas, culturales, idiom√°ticas o de cualquier otra √≠ndole...

Los efectos de tres guerras devastadoras, dos de alcance mundial y una fraterna en Espa√Īa, en la primera mitad del siglo XX, fueron un acicate para que los l√≠deres occidentales se plantearan crear otro tipo de sociedad mejor que la anterior bajo el paraguas de dos conceptos fundamentales: democracia y derechos humanos. Ambos conceptos impulsaron la creaci√≥n de una sociedad m√°s solidaria, m√°s inclusiva, fomentando lo que se ha conocido como el Estado de bienestar.  La modernidad dio paso a la posmodernidad y √©sta configur√≥ la falacia de la posverdad para disfrazar sus grandes mentiras y, al tiempo que las nuevas generaciones han ido olvidando las consecuencias de las guerras que ni conocieron  ni sufrieron, se ha ido gestando un tipo de ego√≠smo demoledor que comienza parcelando el espacio geogr√°fico, bien sea por razones √©tnicas, econ√≥micas, culturales, idiom√°ticas o de cualquier otra √≠ndole, para terminar levantando barreras no s√≥lo ideol√≥gicas sino f√≠sicas, que le a√≠sle ‚Äúdel otro‚ÄĚ, que ha dejado de ser hermano para convertirse en enemigo; en el mejor de los casos, se trata de hacer al otro invisible. En cualquier caso, se trata de no permitir que, ‚Äúel otro‚ÄĚ, nos invada con sus problemas.

La configuración de esta sociedad posmoderna tendrá que conjugar conceptos nuevos sin dejar de lado los antiguos que, aunque estén en desuso en buena medida, siguen siendo válidos, como son democracia, solidaridad y derechos humanos, a la par que se despoja de ese virus conocido como individualismo que ha infectado la sociedad contemporánea. Un nuevo concepto, aunque no nuevo, sino en desuso, es espiritualidad, que no es equivalente a religiosidad, aunque en ocasiones puedan ir de la mano. Un nuevo y profundo sentido de espiritualidad que contenga una nueva dosis de misticismo, capaz de crear un nuevo paradigma que transforme la indiferencia hacia el otro en visibilidad y ayude a derribar las barreras que impiden reconocerle como hermano.

Lo nuevo no es bueno por el hecho de ser algo diferente, sino por absorber la verdad recibida y a√Īadirle la esencia de lo nuevo que sea capaz de enriquecerla. La meditaci√≥n nos ayudar√° a descubrir las viejas verdades.

En nuestro mundo occidental, especialmente en el entorno protestante, resulta complicado identificar el concepto espiritualidad, mucho m√°s si lo hermanamos con misticismo. Gandhi vinculaba la espiritualidad al silencio. ‚ÄúNuestra vida, dec√≠a Gandhi, es una prolongada y ardua b√ļsqueda de la verdad; y para alcanzar la cima m√°s elevada, el alma requiere reposo interior‚ÄĚ. Y en un mundo con tanto ruido, no resulta sencillo optar por el silencio.

Un silencio para poder escucharnos a nosotros mismos, para tomar conciencia del otro y para llegar a escuchar a Dios. Un silencio creativo que nos pone en comunicaci√≥n con la naturaleza, que ayuda a meditar lo que se dice y lo que se calla, que hace que no se pronuncie nunca una palabra de m√°s. El propio Gandhi dec√≠a: ‚ÄúLa fe no existe para ser predicada, sino para ser vivida‚ÄĚ. Sobra tanto ruido que acompa√Īa a las religiones animadas por el prop√≥sito de hacerse o√≠r.

Con frecuencia ciframos nuestro inter√©s en buscar novedades con las que saciar nuestra curiosidad, atender nuestras apetencias u ofrecer nuestra verdad a los dem√°s, sea el que fuere. El profeta invitaba a interesarse por los caminos y las verdades antiguas, aparte de que, frecuentemente, lo que llamamos novedad no es otra cosa que verdades olvidadas. Lo nuevo no es bueno por el hecho de ser algo diferente, sino por absorber la verdad recibida y a√Īadirle la esencia de lo nuevo que sea capaz de enriquecerla. La meditaci√≥n nos ayudar√° a descubrir las viejas verdades. Por el contrario, con frecuencia, propuestas novedosas insustanciales ocultan viejos paradigmas con valor inmutable.

El antídoto de la indiferencia es la fraternidad. Algo nada novedoso. Un paradigma antiguo que arranca del inicio de los tiempos.

El ant√≠doto de la indiferencia es la fraternidad. Algo nada novedoso. Un paradigma antiguo que arranca del inicio de los tiempos. La posmodernidad religiosa rechaza los mitos como algo antiguo y busca otras f√≥rmulas para aproximase y expresar la verdad. De nuevo cabe reformular la pregunta ¬Ņqu√© cosa es verdad? ¬ŅLa que nosotros percibimos de forma individual o la colectiva que ha ido reconfigur√°ndose a lo largo del tiempo? Lo antiguo queda integrado y superado en lo nuevo, no desechado. Lo cierto es que las verdades m√°s profundas √ļnicamente alcanzamos a explicarlas mediante mitos que es la forma de explicar lo inexplicable. As√≠ es que seguimos necesitando los mitos para poder referirnos a ciertas verdades.

La primera de esas verdades es aceptar que no somos sujetos √ļnicos. Olvidar esa verdad, ignorar que los sentimientos y sensaciones del otro son equiparables a los nuestros, conduce a perder la genuina perspectiva de nuestra existencia. Necesitamos superar el sentimiento de que somos sujetos √ļnicos, porque ese sentimiento es el que nos incita a hacer nuestra la propuesta ed√©nica de que podemos ser semejantes a Dios. Ese es el pecado original, creernos √ļnicos. El ant√≠doto, comprender que o nos salvamos todos o no se salva nadie.

Todos los males tienen su inicio en la ruptura de la fraternidad entre Caín y Abel que desemboca en la ruptura de la humanidad tratando de construir una torre que les introduzca en un ámbito prohibido.

Todos los males tienen su inicio en la ruptura de la fraternidad entre Caín y Abel que desemboca en la ruptura de la humanidad tratando de construir una torre que les introduzca en un ámbito prohibido. El camino de regreso está en recomponer las relaciones fraternas, admitiendo y promoviendo la existencia y los derechos del otro a nuestro propio nivel.

Nos toca vivir una experiencia √ļnica a nivel mundial con motivo del coronavirus Covid-19. La humanidad entera est√° implicada. Los hay que no lo entienden o no lo quieren entender y parecen rechazar que forman parte de un todo. Son aquellos que a nivel personal o, incluso, a nivel colectivo, han cre√≠do que podr√≠an zafarse de esta situaci√≥n, pero la realidad es pertinaz y nos ha colocado a unos en situaciones cr√≠ticas de infecci√≥n y a otros confinados en sus viviendas o recluidos en recintos especiales, esperando poder librarse de esta pandemia. El mensaje es claro: o ponemos los medios para intentar librarnos todos o nos alcanza a todos. O nos amamos en tiempos de esta c√≥lera especial, recuperando la fraternidad humana, o perecemos todos. O salimos de nuestros peque√Īos refugios religiosos y montamos una Gran Fraternidad Universal y tratamos de salvarnos todos, o no hay salvaci√≥n para nadie.

Y una vez salvados, preguntar por las sendas antiguas de la espiritualidad transreligiosa, aquella que supera incluso los l√≠mites escasos de las religiosidades pacatas, propiciando una fraternidad universal que abrace a toda la humanidad. Cada uno en su casa, pero todos en una casa com√ļn.

Autor: M√°ximo Garc√≠a Ruiz. Marzo 2020 / Edici√≥n: Actualidad Evang√©lica

¬© 2020- Nota de Redacci√≥n: Las opiniones de los autores son estr√≠ctamente personales y no representan necesariamente la opini√≥n o la l√≠nea editorial de Actualidad Evang√©lica.

20120929-1*M√ĀXIMO GARC√ćA RUIZ nacido en Madrid, es licenciado en Teolog√≠a por la Universidad B√≠blica Latinoamericana, licenciado en Sociolog√≠a por la Universidad Pontificia de Salamanca y doctor en Teolog√≠a por esa misma universidad. Profesor de Historia de las Religiones, Sociolog√≠a e Historia de los Bautistas en la Facultad de Teolog√≠a de la Uni√≥n Evang√©lica Bautista de Espa√Īa-UEBE (actualmente profesor em√©rito), en Alcobendas, Madrid y profesor invitado en otras instituciones. Pertenece a la Asociaci√≥n de Te√≥logos Juan XXIII. Ha publicado numerosos art√≠culos y estudios de investigaci√≥n en diferentes revistas, diccionarios y anales universitarios y es autor de 21 libros y de otros 12 en colaboraci√≥n, algunos de ellos en calidad de editor.

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