OPINI√ďN / HISTORIA / POR M√ĀXIMO GARC√ćA RUIZ

Unidad en la diversidad

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(M√°ximo Garc√≠a Ruiz, 06/02/2020) En este recorrido que estamos dando a la etapa de transici√≥n religiosa producida entre 1967  y 1980, es decir, en el interregno de de las dos leyes de libertad religiosa producidas en el siglo veinte en Espa√Īa, hay detalles, tal vez peque√Īos detalles si los valoramos desde la perspectiva actual que, en su momento, fueron de gran relevancia y produjeron serias dificultades en el proceso de di√°logo con la Administraci√≥n o, por el contrario, contribuyeron positivamente a su feliz realizaci√≥n, cuando se intent√≥ normalizar jur√≠dicamente la situaci√≥n delas minor√≠as religiosas.

Tal vez la m√°s relevante fue la capacidad que tuvo la por entonces humilde y socialmente insignificante Comisi√≥n de Defensa Evang√©lica de convertirse en referente importante para el equipo que, desde el Ministerio de Justicia, quer√≠a dar una forma jur√≠dica al principio de libertad religiosa. Las aguas bajaban revueltas, y al socaire de la defensa de la libertad religiosa, algunos pretend√≠an buscar cobertura legal para otro tipo de pr√°cticas exot√©ricas fuera del √°mbito religioso. La CDE puso empe√Īo en centrar el tema, a fin de delimitar el espacio sobre el que deber√≠a legislarse al plantearse la futura Ley Org√°nica surgida de la Constituci√≥n democr√°tica. Y, en ese sentido, fue un catalizador capaz de depurar lo estrictamente religioso de otras adherencias.

Las aguas bajaban revueltas, y al socaire de la defensa de la libertad religiosa, algunos pretendían buscar cobertura legal para otro tipo de prácticas exotéricas fuera del ámbito religioso.

La CDE lo planteó de la forma siguiente:

La Comisión de Defensa Evangélica estima que lo fundamental es acreditar la finalidad exclusiva y excluyente de orden eminentemente espiritual encaminada a la práctica, la defensa y propagación de la fe religiosa y al perfeccionamiento de sus miembros acorde con la base doctrinal preestablecida.

Debemos tener presente que en esos momentos en Espa√Īa y, por supuesto en la Administraci√≥n del Estado, no exist√≠a cultura de libertad religiosa, tema que hab√≠a sido denostado durante toda la dictadura como enemigo declarado de ‚Äúla religi√≥n verdadera‚ÄĚ.

Los sectores cat√≥licos reaccionarios de la √©poca pusieron todo su empe√Īo en establecer l√≠mites a la libertad religiosa imponiendo, entre otras exigencias, un n√ļmero m√≠nimo de congregantes pasa reconocer y autorizar la existencia jur√≠dica de las comunidades de creyentes. Resulta curioso y pedag√≥gico recordar a estas alturas las posturas que a este respecto se dieron entonces por parte de las confesiones afectadas. Tanto la Comunidad musulmana como la Comunidad jud√≠a, s√≠ entran en el juego de las limitaciones.

Los musulmanes admiten que ‚Äúdebe exigirse un n√ļmero m√≠nimo de miembros (25), pudiendo el Ministerio de Justicia, antes del reconocimiento, solicitar de otros ministerios o autoridades su previo informe, por si hubiera alguna objeci√≥n o causa de peligrosidad social u otra raz√≥n legal o moral‚ÄĚ.

La Comisi√≥n de Defensa Evang√©lica centr√≥ su postura en algo tan simple como era garantizar una genuina libertad religiosa, tanto en el √°mbito individual como colectivo, sin que el Estado pudiera arrogarse ning√ļn derecho a controlar las creencias y pr√°cticas religiosas, siempre y cuando no atentaran contra la ley y mantuvieran el respeto a otras creencias

Por su parte, los jud√≠os propugnaron que entre los requisitos o criterios para el reconocimiento especial de las confesiones religiosas se exigiera: ‚Äúantig√ľedad, √°mbito mundial, creencia en la existencia de un Ser transcendente, patrimonio cultual amplio y organizaci√≥n estructurada aceptada por la mayor√≠a de los miembros‚ÄĚ. Los adventistas tambi√©n presentaron una larga lista de opiniones o sugerencias. La Iglesia anglicana, igualmente, dej√≥ constancia de sus peculiaridades.

Por su parte, la CDE centr√≥ su postura en algo tan simple como era garantizar una genuina libertad religiosa, tanto en el √°mbito individual como colectivo, sin que el Estado pudiera arrogarse ning√ļn derecho a controlar las creencias y pr√°cticas religiosas, siempre y cuando no atentaran contra la ley y mantuvieran el respeto a otras creencias, concluyendo: ‚ÄúNo es posible definir una iglesia o asociaci√≥n religiosa‚ÄĚ.

La CDE hubo de elaborar un documento tratando de sintetizar las diferentes posturas de las iglesias miembro de la entidad, que habrían de servir de referencia para armar el ideario de un colectivo tan diferente y, a veces, tan dispar entre sí. Sintetizando mucho, hacemos referencia a los tres puntos más relevantes del documento elaborado y presentado a la Administración, que serviría, junto a otras aportaciones, para establecer criterios de reconocimiento del fenómeno religioso y dar contenido a las Bases con las que, finalmente, sería elaborada la Ley Orgánica de Libertad Religiosa 7/1980. Los tres puntos aludidos son:

1. Que la finalidad sea exclusiva y excluyentemente espiritual, siendo esencial la pr√°ctica del culto p√ļblico y privado a Dios.

2. Que a la Administraci√≥n se le ofrezcan garant√≠as de la existencia del grupo religioso, para lo cual podr√°n servir entre otros los siguientes elementos de juicio: antig√ľedad, √°mbito mundial, n√ļmero m√≠nimo de miembros, patrimonio suficiente, etc.

3. Que no se consideren como religiosas las entidades que desarrollen actividades filosóficas ni parapsicológicas. Que sean tratadas bajo otros criterios jurídicos.

El documento da mucho m√°s de s√≠; no debe perderse de vista que es el resultado de un largo proceso de trabajo. Lo que s√≠ conviene se√Īalar es que la Comisi√≥n de Defensa Evang√©lica, un organismo que √©l mismo no contaba con personalidad jur√≠dica, integrado por pastores carentes de cualquier tipo de formaci√≥n jur√≠dica, dirigida por un secretario ejecutivo  que, en t√©rminos militares, se denominar√≠a como chusquero, es decir, formado en el bregar diario del ejercicio de su cargo,  supo escribir una p√°gina hist√≥rica en la defensa y en la elaboraci√≥n de normas legales, encaminadas a dar respaldo jur√≠dico y social a las minor√≠as religiosas. Una herencia que ha transmitido a las nuevas generaciones que, probablemente, no ha sido suficientemente conocida y valorada.

Dado lo extenso del dicho documento al que hacemos referencia, nos remitimos a nuestro libro Libertad religiosa en Espa√Īa. Un largo recorrido (Consejo Evang√©lico de Madrid: 2006), donde podr√° encontrarse una informaci√≥n m√°s extensa.

Autor: M√°ximo Garc√≠a Ruiz. Febrero 2020 / Edici√≥n: Actualidad Evang√©lica

¬© 2020- Nota de Redacci√≥n: Las opiniones de los autores son estr√≠ctamente personales y no representan necesariamente la opini√≥n o la l√≠nea editorial de Actualidad Evang√©lica.

20120929-1*M√ĀXIMO GARC√ćA RUIZ nacido en Madrid, es licenciado en Teolog√≠a por la Universidad B√≠blica Latinoamericana, licenciado en Sociolog√≠a por la Universidad Pontificia de Salamanca y doctor en Teolog√≠a por esa misma universidad. Profesor de Historia de las Religiones, Sociolog√≠a e Historia de los Bautistas en la Facultad de Teolog√≠a de la Uni√≥n Evang√©lica Bautista de Espa√Īa-UEBE (actualmente profesor em√©rito), en Alcobendas, Madrid y profesor invitado en otras instituciones. Pertenece a la Asociaci√≥n de Te√≥logos Juan XXIII. Ha publicado numerosos art√≠culos y estudios de investigaci√≥n en diferentes revistas, diccionarios y anales universitarios y es autor de 21 libros y de otros 12 en colaboraci√≥n, algunos de ellos en calidad de editor.

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