OPINI√ďN / M√ĀXIMO GARC√ćA RUIZ

Ante la muerte de Johann-Baptist Metz. Crisis de Esperanza

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johann baptist metz

Johann-Baptist Metz (1928-2019)

(M√°ximo Garc√≠a Ruiz, 11/12/2019) El reciente fallecimiento del te√≥logo alem√°n Johann-Baptist Metz (1928-2019) nos hace rememorar algunas de las aportaciones hechas por este te√≥logo universal que supo identificar el mensaje cristiano con el compromiso social, tanto desde el punto de vista espiritual como pol√≠tico.

Su aportaci√≥n teol√≥gica mantiene en perfecta cohesi√≥n la identidad del mensaje cristiano y su necesaria relevancia en el mundo. Metz puso todo su empe√Īo en demostrar que es posible implantar una ‚Äúteolog√≠a pol√≠tica‚ÄĚ desde una ideolog√≠a cristiana, lo cual no significa ponerse en manos del poder pol√≠tico, o convertir la Iglesia en un agente estatal. Su denuncia de ‚Äúlos humillados de la tierra‚ÄĚ se convierte en una denuncia para con el Estado e, incluso, para con la Iglesia.

Al establecer contacto con la teología de Metz no podemos por menos que rememorar la incipiente, pero ya con profundas raíces, teología de Dietrich Bonhoeffer quien, desgraciadamente, no tuvo tiempo para hacer más expedito el camino de regreso a Dios. La teología de Metz ha sido denominada como teología política, entroncada con el proceso de secularización que experimenta la sociedad europea a partir de la segunda guerra mundial.

Para entender a Metz no debemos perder de vista las dos grandes experiencias que marcaron su vida siendo muy joven. Una, cuando ten√≠a 16 a√Īos, al ser movilizado por el III Reich y ver morir a muchos de sus amigos de la misma edad en un ataque de las tropas enemigas, cuando √©l se ocupaba de trabajos de retaguardia; la segunda, cuando tom√≥ conciencia del horror de Auschwitz, del Holocausto jud√≠o en general. Ambos acontecimientos marcaron no solamente su vida sino el rumbo que habr√≠a de tomar su reflexi√≥n teol√≥gica.

Pero una de las grandes aportaciones de Metz es su capacidad para visualizar la ‚Äúcrisis generalizada de Dios‚ÄĚ; una crisis que ha producido un hast√≠o de las nuevas generaciones hacia la Iglesia, que se identifica con ‚Äúhast√≠o de Dios‚ÄĚ, y se ha convertido en crisis de esperanza. Una esperanza que a √©l mismo le fue robada dej√°ndole el eco silencioso de sus camaradas muertos en el campo de batalla.

Es evidente que Metz realiza una incisiva radiografía de la sociedad posterior a la gran hecatombe que asoló Europa de 1939 a 1945, puesta de manifiesto, especialmente, a partir de la recuperación económica de los diferentes estados europeos. Algo que ya había apuntado con tanto acierto y clarividencia Bonhoeffer, en medio del fragor de la guerra, produciendo en este teólogo luterano una profunda crisis personal.

J. B. Metz, a partir de Auschwitz, considera que la teología tiene que explicar el mundo de forma diferente. Le atormenta percibir que la teología no sea capaz de dar respuesta al horror de Auschwitz. Ya no caben los esquemas sistemáticos tradicionales de espaldas a la realidad social. La teología no puede olvidar, no tiene derecho a olvidar. Ha de mantener viva la memoria de todo lo que el ser humano es capaz de hacer. Hay que mantener vivo el recuerdo. Olvidar es volver a morir.

La teolog√≠a conceptual, la reflexi√≥n acr√≠tica, despu√©s de Bonhoeffer y Metz, es una entelequia que entretiene a quienes se niegan a abrir los ojos ante el mundo en el que viven. Con su aportaci√≥n a la realidad social en forma de ‚Äúteolog√≠a pol√≠tica‚ÄĚ, Metz trata de dar respuesta a la crisis de identidad que los procesos de secularizaci√≥n han puesto de evidencia.

Esa reflexión teológica, sostenida por el recuerdo del pasado, le llevará a la idea de que un tipo de respuesta necesaria es la solidaridad humana de alcance universal. Solidaridad sin odio y sin violencia. Metz parece concebirlo como una especia de compensación de los errores pasados, una catarsis. Para establecer su diagnóstico habla de anamnesis, conectando la idea con la filosofía griega.

Johann-Baptist Metz abre las puertas a la esperanza, al menos diagnostica que ese ha de ser, precisamente, el objetivo a lograr. Diagnostica la crisis que soporta la sociedad y, seg√ļn se deduce, no se trata de una crisis econ√≥mica, ni una crisis social, ni una crisis religiosa, ni a√ļn siquiera una crisis de valores, que tambi√©n; se trata de una crisis de Dios y, consecuentemente, una crisis de esperanza.

Lo terrible de esto es que ni la teolog√≠a ni la sociedad saben dar una respuesta a esta crisis de esperanza. Metz lo intenta. Con su teolog√≠a pol√≠tica hace una aportaci√≥n transcendente encaminada a recorrer el camino de regreso hacia Dios en la persona de Jes√ļs de Nazaret, que se vincula con otras reflexiones teol√≥gicas semejante a la propuesta por los curas obreros de Francia y Espa√Īa, surgidas en la d√©cada de los cuarenta y siguientes del siglo pasado; o, m√°s cercana, la teolog√≠a del pueblo de Argentina o la m√°s extensa teolog√≠a de la liberaci√≥n. Todas ellas se muestran como esfuerzos por bajarse de los p√ļlpitos, de abandonar las c√°tedras y salir a los caminos para re√≠r con el que r√≠e y llorar con el que llora, es decir, para encarnar a Jes√ļs de Nazaret en el pueblo. Es, en definitiva, un mensaje de esperanza.

Claro que la esperanza, esa que puede hacernos recuperar a Dios, tal vez se centre m√°s, como apuntara H. U. von Balthasar o a√ļn con mayor incidencia nuestro m√≠stico Juan de Yepes, en buscar una experiencia m√≠stica, con todo el riesgo que eso puede implicar. Es evidente que la liturgia no ha contribuido a allanar el camino de comunicaci√≥n con Dios; la teolog√≠a sistem√°tica ha enrarecido el camino de regreso; el humanismo teol√≥gico se ha revelado como negacionista de un Dios que participa en la felicidad del ser humano; los sistemas religiosos se han mostrado impotentes para hermanar a los seres humanos bajo la tutela de un Dios de amor y misericordia.

Sólo nos queda la mística para poder recuperar a Dios. Y, entre tanto, un recuerdo de gratitud a la memoria de Johann-Baptist Metz por haber contribuido a dejar expedito el camino de regreso a la esperanza.

Autor: Máximo García Ruiz. Diciembre 2019 / Edición: Actualidad Evangélica

 

¬© 2019 - Nota de Redacci√≥n: Las opiniones de los autores son estr√≠ctamente personales y no representan necesariamente la opini√≥n o la l√≠nea editorial de Actualidad Evang√©lica.

20120929-1*M√ĀXIMO GARC√ćA RUIZ nacido en Madrid, es licenciado en Teolog√≠a por la Universidad B√≠blica Latinoamericana, licenciado en Sociolog√≠a por la Universidad Pontificia de Salamanca y doctor en Teolog√≠a por esa misma universidad. Profesor de Historia de las Religiones, Sociolog√≠a e Historia de los Bautistas en la Facultad de Teolog√≠a de la Uni√≥n Evang√©lica Bautista de Espa√Īa-UEBE (actualmente profesor em√©rito), en Alcobendas, Madrid y profesor invitado en otras instituciones. Pertenece a la Asociaci√≥n de Te√≥logos Juan XXIII. Ha publicado numerosos art√≠culos y estudios de investigaci√≥n en diferentes revistas, diccionarios y anales universitarios y es autor de 21 libros y de otros 12 en colaboraci√≥n, algunos de ellos en calidad de editor.

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