OPINIÓN / DEL BAÚL DE MIS RECUERDOS

Mis días con Luis Palau. 1989: Desayuno con Luis y Patricia en Barcelona.

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Luis Palau junto a su esposa Patricia, en 1971 / Foto: Asociación Luis Palau 

(JORGE FERNÁNDEZ, 26/06/2019) | Cuando comencé esta serie señalaba mi asombro por la manera en que Luis Palau se ha cruzado con mi vida en algunos momentos clave y la ha influido sin haberlo yo buscado ni mantenido una relación próxima de trabajo o personal con él o con su ministerio.

Hoy, cuando acaba de finalizar #FestiMadrid2019 con Luis y Andrés Palau (y puedo avanzar que esta serie contará con un nuevo y último capítulo), intentaré recuperar el hilo donde lo dejé.

Conté de mis madrugones para escuchar sus microprogramas de radio de 5 minutos, “Cruzada” y “Luis Palau responde” a las 5:55 hs, a mediados de los 70, siendo yo un adolescente de 16 años. Conté también de mi experiencia en Juventud ’77, en el Luna Park, la primera ocasión en que mi padre accedió a ir a escuchar a “un evangelista” y del impacto de aquel evento en su vida.

“¡Ché, ése es de los tuyos!”, me decía uno, cuando a las 5:55 hs empezaba Palau a leer una carta que le había enviado alguna "joven señorita" contándole un grave problema famliar". “Buen consejo le ha dado a esa pobre chica”, comentaba otro. Esto me ofrecía muchas oportunidades de hablar del evangelio con mis compañeros de trabajo.

Olvidé mencionar que años más tarde, allá por 1982, cuando a mis 22 años estudiaba informática de día en la Universidad del Salvador y trabajaba en turno de noche en el Centro de Procesamiento de Datos de un importante Banco, en horario de 22:00 a 06:00 hs, no eran pocas las mañanas cuando, justo antes de concluir nuestra jornada laboral, mis compañeros y yo éramos sorprendidos por la singular voz de Luis Palau con su programa “Luis Palau responde”. La razón por la que mis compañeros sintonizaban durante toda la noche Radio Colonia Uruguay -una radio extranjera- era para  poder seguir minuto a minuto las noticias sobre la Guerra de Las Malvinas sin tanta censura. En los medios argentinos, intervenidos en su mayoría por la dictadura, poco se podía saber aparte de los triunfalistas "comunicados de la Junta Militar". 

“¡Ché, ése es de los tuyos!”, me decía uno, cuando a las 5:55 hs empezaba Palau a leer una carta que le había enviado alguna "joven señorita" contándole un grave problema famliar. “Buen consejo le ha dado a esa pobre chica”, comentaba otro. Esto me ofrecía muchas oportunidades de hablar del evangelio con mis compañeros de trabajo. Oportunidades que, pese a mi juventud y timidez, no iba a desaprovechar.

Conté también nuestra experiencia “pasada por agua” en el Coro de Mil Voces del Festival de la Esperanza, celebrado en el Estadio Mundialista Vélez Sarsfield en 1986.

DESAYUNO (A SOLAS) CON LUIS Y PATRICIA

En 1988 llegué a Madrid, España, persiguiendo un sueño íntimo: un llamamiento divino. El proceso y los detalles de esa decisión pertenecen a otra historia que no puedo ni siquiera resumir aquí por falta de espacio. El hecho es que vinimos. Primero yo, y poco después mi esposa Miriam con nuestro primer hijo, Ezequiel, por entonces con dos añitos (ése que estaba en la barriga de Miriam cuando arreció el aguacero sobre el Coro de Mil Voces). Yo tenía 29 años recién cumplidos. Nos instalamos en Barcelona y nos integramos en la Iglesia de la Alianza Cristiana y Misionera, que por aquel entonces tenía su domicilio en la calle Conde Borrell.

Un día, en la primavera de 1989, me llega la noticia de que Luis Palau predicaría en la Iglesia Bautista de Gracia, de la Calle Verdi. Era la primera vez que tendría la ocasión de ver a Luis Palau de cerca, en un templo con capacidad para 300 ó 400 personas, y no entre una multitud de millares. “Esperaré lo que tenga que esperar para poder saludarlo”, le dije a Miriam, que dejó a Ezequiel con alguien para poder acompañarme en la espera.

Un día, en la primavera de 1989, me llega la noticia de que Luis Palau predicaría en la Iglesia Bautista de Gracia, de la Calle Verdi. Era la primera vez que tendría la ocasión de ver a Luis Palau de cerca, en un templo con capacidad para 300 ó 400 personas, y no entre una multitud de millares.

Así fue, y mis expectativas se vieron superadas gracias a los buenos oficios de Rubén Proietti, ejecutivo de la Asociación Luis Palau a quien conocí en esa ocasión. Palau tardó mucho en llegar a la puerta del templo, donde nosotros le aguardábamos. En el camino se detuvo a saludar a mucha gente. Proietti salió antes y entablamos una conversación. Le conté mi historia -de Juventud ’77, de mi papá, del Festival en Vélez con el Coro… -. Que me acompañara Miriam resultó Providencial ya que resultó que Proietti y ella tenían conocidos comunes relacionados con la Unión Evangélica, una denominación de origen británico, en pueblos vecinos de la provincia de Buenos Aires.

Cuando por fin salió Palau, nuestra conversación había sido tan larga y tan llena de detalles que Proietti nos presentó ¡como si nos conociera de toda la vida!

“Mucho gusto”, nos dijo Luis, “¿Y qué andan haciendo por aquí por Barcelona dos jóvenes argentinos ?”. No recuerdo lo que le contestamos, pero su pregunta, que hoy en 2019 no tendría ningún sentido habiendo como hay tantos argentinos en las iglesias evangélicas de España, en 1989 sí lo tenía. Los evangélicos argentinos -y los latinos en general- que llegamos a España a finales de los 80 y antes de esa fecha, llegábamos con cuentagotas. Éramos una tímida avanzadilla. ¡Aún no habíamos iniciado "la invasión"!

De repente [Proietti] me dice… “¿Y por qué no te venís a desayunar mañana al hotel con Luis y Patricia, y así hablás con él más tranquilo?”. La miré a Miriam sin decirle nada, como preguntándole con la mirada, “¿vos también lo escuchaste?”.

Palau siguió saludando a otras personas que le aguardaban en la acera y, yo, satisfecho de haber cumplido mi deseo, le estaba dando las gracias a Proietti por su gestión y a punto de despedirme, cuando de repente me dice… “¿Y por qué no te venís a desayunar mañana al hotel con Luis y Patricia, así hablás con él más tranquilo?”. La miré a Miriam sin decirle nada, como preguntándole con la mirada, “¿vos también lo escuchaste?”. Y ella, también con la mirada, me respondió: "¡Decí que sí! ¡Andá!".

OTRA VEZ PALAU ME HACE MADRUGAR, PERO...

Así que, aquella mañana siguiente madrugué una vez más por culpa de Palau, pero en esa ocasión no sería para escucharle por la radio, en uno de sus microprogramas de 5 minutos. Tampoco para imaginar cómo sería "la famosa Patricia", a la que aludía en tantas ocasiones durante sus mensajes pero a la que no le podía poner rostro. Aquella mañana madrugaría para desayunar con Luis y con Patricia a solas -y con Proietti, claro- para conversar con Luis -todo para mí- durante unos 45 minutos. ¡Ni en mis mejores sueños!

Era 1989. Nosotros casi acabábamos de llegar a España, y con lo puesto. No tenía cámara fotográfica. No tenía ningún libro de Palau para que me lo dedicara. Y, por supuesto, no había teléfonos móviles... ¡ni se sabía lo que era un ‘selfie’! (Cuando les cuento estas cosas a mis hijos me miran con incredulidad… ¿os pasa también?).

No tenía cámara fotográfica. No tenía ningún libro de Palau para que me lo dedicara. Y, por supuesto, no había teléfonos móviles... ¡ni se sabía lo que era un ‘selfie’! (Cuando les cuento estas cosas a mis hijos me miran con incredulidad… ¿os pasa también?). 

Así que, no guardo ningún registro gráfico de este momento tan especial para mí - un joven de 29 años por aquel entonces -, que había venido a España como el profeta Abraham, “sin saber a dónde iba”, y que estaba “con la antena puesta” buscando su lugar en el obrar de Dios en este país, de mayoría católica menguante, secularizado, con apenas un 0,1% de población evangélica en aquellos años. La única imagen que tengo -y ésa es en "resolución HD"- es de naturaleza mental y emocional.

No recuerdo que Palau me diera ningún consejo ministerial. De aquella conversación solo recuerdo que comentamos el reciente fallecimiento de un pastor argentino muy querido para él: Rubén del Ré; un pionero en la evangelización de los niños a través del ministerio LAPEN (Liga Argentina para la Evangelización del Niño).

Pero aquel desayuno con ese hombre de Dios, considerado "el Billy Graham hispano", siempre rodeado de multitudes, que acababa de llegar de una reunión en Moscú con altas autoridades del Gobierno de la URSS –“¡el jefe del KGB me llevaba las maletas, hermanos!”, había dicho en su mensaje el día anterior- fue para mí algo así como una señal del Cielo. Una suerte de confirmación de parte de Dios acerca del paso que habíamos dado. Una señal - o un señuelo, si se prefiere- para alentarnos a seguir adelante en nuestra propia aventura de fe.

Luis Palau en Rumanía 1990

Rumanía 1990. Un año después de su visita a Moscú y de su visita fugaz a Barcelona donde se ambienta esta anécdota personal, Luis Palau celebraba una gran campaña en Rumanía, una de las naciones del bloque comunista más hostiles al evangelio / Foto: Asociación Luis Palau

15 AÑOS DESPUÉS...

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No volvería a saber nada de Luis Palau ni de Rubén Proietti por 15 años, hasta 2004 cuando, después de un periplo misionero intenso que nos llevaría a vivir en varias ciudades de España durante más de una década, nos encontrábamos afincados en un barrio de Madrid, sirviendo en el ministerio pastoral en una iglesia nueva que habíamos establecido en 2001. Nuestra familia había crecido. Ezequiel ya era un hombre de 19 años y Dios nos había bendecido con cuatro hijos más -tres chicas y otro chico-, nacidos en distintas ciudades de España.

Entonces fui convocado a una reunión en la Iglesia Evangélica Salem, en su antiguo local de la calle Pedro Díez, donde se iba a presentar el proyecto "FestiMadrid 2005" con Luis Palau.

Pero eso… eso es otro capítulo de esta historia.

Autor: Jorge Fernández

© 2019. Este artículo puede reproducirse siempre que se haga de forma gratuita y citando expresamente al autor y a ACTUALIDAD EVANGÉLICA. Las opiniones de los autores son estrictamente personales y no representan necesariamente la opinión o la línea editorial de Actualidad Evangélica.

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