OPINI√ďN / M√ĀXIMO GARC√ćA RUIZ

Memoria de las cosas...

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"Hay una etapa, que puede ser más o menos extensa, desde la jubilación hasta que pierdes el control de tus actos, en la que la reflexión, el análisis de los hechos vividos y el conocimiento de la realidad, están en ese punto en el que rozas la sabiduría, pero ya no hay cátedra que te reciba ni discípulos que te escuchen".

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El autor en una fotografía reciente / Foto: MGala

(Máximo García Ruiz, 14/05/2019) Ha transcurrido un lustro desde la fecha en la que nos dejó Manolo López, eximio escritor y dilecto amigo, nuestro periodista de cabecera.

Me hubiera gustado intensificar más esa faceta de maestro, pero el sistema educativo operante, en su mayor parte, te obliga a ser impartidor de materias que otros han elaborado y que uno tiene que adaptar, tal vez reelaborar e interpretar. 

Manolo estaba interesado, entre otros muchos proyectos, en escribir mis memorias, oferta que yo fui dilatando debido a una mezcla de pudor y modestia. Otro buen amigo, eminente historiador, me ha incitado a hacerlo yo mismo, pero no creo que haya llegado el momento. Uno siempre tiende a pensar que es demasiado joven para esas cosas. Lo que sí hago, lo que sí haré, es compartir algunas experiencias personales acumuladas a lo largo de una vida que comienza ya a ser provecta.

Durante cuarenta a√Īos de mi vida he impartido clases en diferentes instituciones docentes, especialmente en el Seminario-Facultad de Teolog√≠a de la UEBE, pero tambi√©n en otras instituciones protestantes, cat√≥licas y universitarias. He ense√Īado sobre materias diversas, como teolog√≠a pastoral, eclesiolog√≠a, evangelizaci√≥n, liderazgo, sociolog√≠a, historia de los bautistas, historia de los protestantes, historia de las religiones, comunicaci√≥n‚Ķ He sido profesor de centenares de alumnos que ejercen el ministerio pastoral en diferentes iglesias y pa√≠ses. Los alumnos de la Universidad de Valencia, por ejemplo, a quienes impart√≠ clases en la C√°tedra de las Tres Religiones durante un pu√Īado de a√Īos, se dedican a otras muy diversas profesiones, fuera del √°mbito de la teolog√≠a.

En algunos casos, me precio de haber sido maestro, no solamente profesor. Por ah√≠ se mueven algunos que de alumnos pasaron a ser disc√≠pulos. Me hubiera gustado intensificar m√°s esa faceta de maestro, pero el sistema educativo operante, en su mayor parte, te obliga a ser impartidor de materias que otros han elaborado y que uno tiene que adaptar, tal vez reelaborar e interpretar. Ense√Īas datos, transmites informaci√≥n sobre hechos hist√≥ricos, sobre personajes relevantes, sobre metodolog√≠as que han podido mostrarse eficaces. Y esperas que los alumnos aprendan, asimilen y retrasmitan esos valores.

Y es ahora, cuando ostento el honor√≠fico t√≠tulo de ‚Äúprofesor em√©rito‚ÄĚ, es decir, cuando ya est√° uno jubilado, fuera de la circulaci√≥n, y nadie cuenta contigo, cuando posiblemente el profesor podr√≠a hacer mayores aportaciones como maestro; pero ya has sido excluido del ‚Äúsistema‚ÄĚ

Algunos dicen que no lo he hecho mal, que no he sido un mal profesor, pero al hacer memoria de ello, siento que me hubiera gustado poder ser m√°s maestro que profesor. Y es ahora, cuando ostento el honor√≠fico t√≠tulo de ‚Äúprofesor em√©rito‚ÄĚ, es decir, cuando ya est√° uno jubilado, fuera de la circulaci√≥n, y nadie cuenta contigo, cuando posiblemente el profesor podr√≠a hacer mayores aportaciones como maestro; pero ya has sido excluido del ‚Äúsistema‚ÄĚ.

Hay una etapa, que puede ser m√°s o menos extensa, desde la jubilaci√≥n hasta que pierdes el control de tus actos, en la que la reflexi√≥n, el an√°lisis de los hechos vividos y el conocimiento de la realidad, est√°n en ese punto en el que rozas la sabidur√≠a, pero ya no hay c√°tedra que te reciba ni disc√≠pulos que te escuchen. Esa √©poca en la que, poco a poco, la artritis, la baja visi√≥n, el re√ļma o las dificultades para la movilidad te van pasando factura, pero a√ļn mantienes una mente l√ļcida, capaz de reflexionar y transmitir todo lo aprendido y experimentado a lo largo de la vida. El sistema se lo pierde.

Ahora bien, sea desde la c√°tedra o en los bulevares, estabulados en las aulas o peripat√©ticos por los senderos de la vida, creo que es necesario constatar que los nuevos profesionales, los emergentes intelectuales, los aspirantes a pastorear iglesias, alumnos y profesores, deber√≠an aprender el ‚Äúoficio‚ÄĚ sin dejar de lado una adecuada formaci√≥n conceptual desde la experiencia y la reflexi√≥n de aquellos que, adem√°s de ser reconocidos profesores sean, por su experiencia, excelsos maestros, para lo cual es preciso establecer mecanismos para aprovechar los valores que han sido infravalorados por el sistema.

Autor: Máximo García Ruiz. Mayo 2019 / Edición: Actualidad Evangélica

 

© 2019 - Nota de Redacción: Las opiniones de los autores son estríctamente personales y no representan necesariamente la opinión o la línea editorial de Actualidad Evangélica.

20120929-1*M√ĀXIMO GARC√ćA RUIZ,¬† nacido en Madrid, es licenciado en Teolog√≠a por la Universidad B√≠blica Latinoamericana, licenciado en Sociolog√≠a por la Universidad Pontificia de Salamanca y doctor en Teolog√≠a por esa misma universidad. Profesor de Historia de las Religiones, Sociolog√≠a e Historia de los Bautistas en la Facultad de Teolog√≠a de la Uni√≥n¬†Evang√©lica Bautista de Espa√Īa-UEBE (actualmente profesor em√©rito), en Alcobendas, Madrid y profesor invitado en otras instituciones. Pertenece a la Asociaci√≥n de Te√≥logos Juan XXIII. Ha publicado numerosos art√≠culos y estudios de investigaci√≥n en diferentes revistas, diccionarios y anales universitarios y es autor de¬†21 libros y de otros 12 en colaboraci√≥n, algunos de ellos en calidad de editor.

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