OPINI√ďN / M√ĀXIMO GARC√ćA RUIZ

Manuel Curros Enriquez. Miembro fundador de la Primera Iglesia Bautista de Madrid

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20180315 9

Manuel Curros Enríquez

(M√ĀXIMO GARC√ćA RUIZ*, 15/03/2018) |¬† ¬†Tal y como hemos dejado reflejado en nuestros libros de historia [1], cuando el d√≠a 10 de agosto de 1870 se constituy√≥ la primera iglesia bautista de Madrid en la calle Lavapi√©s, bajo el liderazgo pastoral del misionero norteamericano William I. Knapp, uno de los 33 miembros constituyentes de la Iglesia, bautizados por inmersi√≥n en el r√≠o Manzanares, fue Manuel Curros Enriquez, quien en el acta de constituci√≥n aparece registrado tan s√≥lo con el primer apellido. En ese documento se indica que fue nombrado evangelista.

En realidad, tanto Curros Enriquez como el resto de los constituyentes, procedían de la Iglesia de corte presbiteriano que había sido puesta en macha por el propio Knapp, bautista, junto a los misioneros William Moore y John Jamesson, presbiterianos, cuya constitución, unos meses antes, había tenido lugar, igualmente en la calle Lavapiés, con un total de 75 miembros.

La historia de la Iglesia y su desarrollo y circunstancias ya ha quedado reflejada en los libros mencionados. La pregunta ahora es ¬Ņqui√©n fue Manuel Curros Enriquez? ¬ŅPor qu√© dedicarle una atenci√≥n especial? Digamos que, en aquellos momentos, Manuel era un joven procedente de Galicia, nacido en el pueblo de Celanova de la provincia de Orense, el 15 de septiembre de 1851. Quiere esto decir que en el momento de ser bautizado y pasar a constituir parte de la primera iglesia bautista de Madrid a Manuel Curros Enriquez le faltaba un mes para cumplir los 19 a√Īos. Un joven emigrante gallego dispuesto a buscase la vida en la capital. Resid√≠a en casa de su hermano y curs√≥ el Bachillerato e inici√≥ los estudios de Derecho. Ingres√≥ a trabajar en el Ayuntamiento de Madrid. Vinculado a la masoner√≠a, a la que se supone que ya pertenec√≠a en Orense, tom√≥ parte activa en los acontecimientos de la I Rep√ļblica, La Gloriosa. Se cas√≥ muy joven, en 1873, cuando contaba 22 a√Īos.

Para completar sus datos vitales, digamos que falleci√≥ en La Habana el 7 de marzo de 1908, cuando a√ļn no hab√≠a cumplido los 57 a√Īos. Curros Enriquez, de quien los miembros de la que fue su Iglesia desconocen no s√≥lo su nombre sino su proyecci√≥n, fue un eximio poeta, periodista (corresponsal de El Imparcial) y colaborar de otros peri√≥dicos de la √©poca; uno de los escritores m√°s preclaros de lengua gallega de la √©poca, a la altura de una Rosal√≠a de Castro o de un Castelao. De √©l ha dicho uno de sus bi√≥grafos que es ‚Äúunha das coroas de nosso Rexurdimento‚ÄĚ. Efectivamente, pertenece al per√≠odo hist√≥rico-literario denominado Rexurdimento, dentro de la literatura gallega.

Fue un hombre reconocido por su arriesgado compromiso social dentro de las ideas republicanas de la √©poca y un gran fustigador del clericalismo. Rebelde ante la injusticia y enemigo del dogmatismo de todo tipo. En 1880 el obispo Ces√°reo Rodrigo Rodr√≠guez denunci√≥ al escritor por "herej√≠as y ataque a la religi√≥n" y public√≥ un edicto condenando un libro de Curros por contener proposiciones her√©ticas, blasfemas y escandalosas. El juzgado orden√≥ el secuestro de los ejemplares en poder del editor, los moldes fueron destruidos, y Curros fue procesado por delito contra el libre ejercicio de la religi√≥n. Fue condenado en Orense a dos a√Īos cuatro meses y un d√≠a de prisi√≥n y absuelto en La Coru√Īa[2]. No fue la √ļnica vez que estuvo preso por causas id√©nticas.

En 1894 emigr√≥ a La Habana y all√≠ dirigi√≥ el peri√≥dico La Tierra Gallega y fue redactor de varios peri√≥dicos. Est√° enterrado en el cementerio de San Amaro de La Coru√Īa. En 1989 se abri√≥ el primer centro mas√≥nico erigido en Galicia con el nombre de "Renacimiento 15 Curros Enr√≠quez". La ciudad de Vigo le tiene dedicado un busto.

Sus obras m√°s destacadas son: Cartas del Norte, A Virxe dp Cristal, Aires da mi√Īa terra, O divino sainet. Ha sido merecedor de m√ļltiples homenajes y muy diversas distinciones. En el a√Īo 2001, los d√≠as 13 al 25 de setiembre, tuvo lugar en su pueblo natal, Celanova, el I Congreso Internacional Curros Enriquez e o seu tempo, organizado por el Consello da Cultura galega de la Comunidad Aut√≥noma de Galicia.

Seg√ļn la investigaci√≥n llevada a cabo por el profesor Patrocinio R√≠os S√°nchez, Manuel Curros Enriquez aparece en el registro de miembros de la Iglesia del Redentor, que entonces se reun√≠a en la calle Madera Baja n√ļmero 8, con fecha 22 de enero de 1870, es decir, con anterioridad a su vinculaci√≥n con el inicial grupo presbiteriano y, posteriormente, como miembro y evangelista de la Iglesia bautista. El Registro de la Iglesia en la calle Madera Baja se inicia el 1 de enero de 1869. De esta informaci√≥n pueden deducirse dos cosas: 1) Que el joven Manuel Curros Enriquez era una persona de profundas inquietudes religiosas; 2) El talante seductor de William I, Knapp, que se convierte en su tutor espiritual.

Todo hace pensar que Curros Enriquez, afiliado o no a alguna iglesia concreta el resto de su vida, superada la etapa de Madrid, fue un ferviente cristiano, siempre ocupado y preocupado por la cuestión religiosa, aunque en todo momento manifestando una fe crítica y comprometida.



[1] M√°ximo Garc√≠a Ruiz, Historia de los bautistas en Espa√Īa, UEBE (Valencia:2009) y Lacy, una historia viva, (Madrid: Primera Iglesia bautista de Madrid (Madrid: 2013).

[2] Este dato referido a su prisión, así como otros de su biografía y la fotografía, han sido tomados de Wikipedia.

Autor: Máximo García Ruiz*, Marzo 2018.

 

© 2018 - Nota de Redacción: Las opiniones de los autores son estríctamente personales y no representan necesariamente la opinión o la línea editorial de Actualidad Evangélica.

20120929-1*M√ĀXIMO GARC√ćA RUIZ, nacido en Madrid, es licenciado en Teolog√≠a por la Universidad B√≠blica Latinoamericana, licenciado en Sociolog√≠a por la Universidad Pontificia de Salamanca y doctor en Teolog√≠a por esa misma universidad. Profesor de Historia de las Religiones, Sociolog√≠a e Historia de los Bautistas en la Facultad de Teolog√≠a de la Uni√≥n¬†Evang√©lica Bautista de Espa√Īa-UEBE (actualmente profesor em√©rito), en Alcobendas, Madrid y profesor invitado en otras instituciones. Pertenece a la Asociaci√≥n de Te√≥logos Juan XXIII. Ha publicado numerosos art√≠culos y estudios de investigaci√≥n en diferentes revistas, diccionarios y anales universitarios y es autor de 21 libros y de otros 12 en colaboraci√≥n, algunos de ellos en calidad de editor.

 

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Máximo García Ruiz

 

La creación de los estados modernos europeos, tal y como los conocemos hoy en día, no hubiera sido posible sin la existencia de la Reforma protestante y su correlato, el Concilio de Trento, tal y como veremos más adelante.

De igual forma, la Reforma no hubiera podido tener lugar, en su inmediatez histórica, sin la existencia del Humanismo y su manifestación artística y científica conocida como Renacimiento. Ahora bien, para poder centrar el tema, tenemos que remontarnos a la era anterior, la Edad Media, y poner nuestra mirada inicial, como punto de partida, en la Escolástica, el sistema educativo, el sistema teológico que identifica ese período, así como en el Feudalismo como forma de gobierno y estructuración social.

Para el escolasticismo la educaci√≥n estaba reservada a sectores muy reducidos de la poblaci√≥n, sometida a un estricto control de parte de la Iglesia. A esto hay que a√Īadir que el sistema social estaba subordinado, a su vez, al ilimitado y caprichoso poder de los se√Īores feudales bajo el paraguas de la Iglesia medieval que no s√≥lo controlaba la cultura, sino que somet√≠a las voluntades de los siervos, que no ciudadanos, amparada por un r√©gimen considerado sagrado, en el que sus representantes actuaban en el nombre de Dios.

La Escolástica se desarrolla sometida a un rígido principio de autoridad, siendo la Biblia, a la que paradójicamente muy pocos tienen acceso, la principal fuente de conocimiento, siempre bajo el riguroso control de la jerarquía eclesiástica. En estas circunstancias, la razón ha de amoldarse a la fe y la fe es gestionada y administrada por la casta sacerdotal.

En ese largo per√≠odo que conocemos como Edad Media, en especial en su √ļltimo tramo, se producir√≠an algunos hechos altamente significativos, como la invenci√≥n de la imprenta (1440) o el descubrimiento de Am√©rica (1492), que tendr√°n una enorme repercusi√≥n en √°mbitos tan diferentes como la cultura, las ciencias naturales y la econom√≠a. En el terreno religioso, la escandalosa corrupci√≥n de la Iglesia medieval lleg√≥ a tales extremos que fueron varios los pre-reformadores que intentaron una reforma antes del siglo XVI: John Wycliffe (1320-1384), Jan Hus (1369-1415), Girolamo Savonarola (1452-1498), o el predecesor de todos ellos, Francisco de As√≠s (1181/2-1226) y otros m√°s en diferentes partes de Europa. Todos ellos, salvo Francisco de As√≠s, que fue asimilado por la Iglesia, tuvieron un final dram√°tico, sin que ninguno de esos movimientos de protesta, no siempre ajustados por acciones realmente evang√©licas, consiguiera mover a la Iglesia hacia posturas de cambio o reforma.

 

No era el momento. No se daban los elementos necesarios para que germinaran las proclamas de estos aguerridos profetas, cuya voz qued√≥ ahogada en sangre. El pueblo estaba sometido al poder y atemorizado por las supersticiones medievales; las √©lites eran ignorantes y no estaban preparadas para secundar a esos l√≠deres que, como Juan el Bautista, terminaron clamando en el desierto, a pesar de que su mensaje, como las melod√≠as del flautista de Hamelin, consiguiera arrastrar tras de s√≠ algunos centenares o miles de personas. ¬ŅCu√°l fue la diferencia en lo que a Lutero se refiere? La respuesta, aparte de invocar aspectos transcendentes conectados con la fe de los creyentes es, desde el punto de vista hist√≥rico, sencilla y, a la vez, complicada; hay que buscarla, entre otras muchas circunstancias hist√≥ricas, en el papel y en la influencia que ejercieron el Humanismo y el Renacimiento. Existen otros factores, sin duda, pero nos centraremos en estos dos.

 

Identificamos como Humanismo, al movimiento producido desde finales del siglo XIV que sigue con fuerza durante el XV y se proyecta al XVI, que impulsa una reforma cultural y educativa como respuesta a la Escolástica, que continuaba siendo considerada como la línea de pensamiento oficial de la Iglesia y, por consiguiente, de las instituciones políticas y sociales de la época. Mientras que para la educación escolástica las materias de estudio se circunscribían básicamente a la medicina, el derecho y la teología,  los humanistas se interesan vivamente por la poesía, la literatura en general (gramática, retórica, historia) y la  filosofía, es decir, las humanidades. Con ello se descubre una nueva filosofía de la vida, recuperando como objetivo central la dignidad de la persona. El hombre pasa a ser el centro y medida de todas las cosas.

 

La corriente humanista da origen a la formaci√≥n del esp√≠ritu del Renacimiento, produciendo personajes tan relevantes como, Petrarca (1304-1374) o Bocaccio (1313-1375), Nebrija (1441-1522), Erasmo (1466-1536), Maquiavelo (1469-1527), Cop√©rnico (1473-1543), Miguel √Āngel (1475-1564), Tom√°s Moro (1478-1535), Rafael (1483-1520), Lutero (1483-1546), Cervantes (1547-1616), Bacon (1561-1626), Shakespeare (1564-1616), sin olvidar la influencia que sobre ellos pudieron tener sus predecesores, Dante (1265-1321), Giotto (1266-1337), y algunos otros pensadores de la √©poca. Estos y tantos otros humanistas, unos desde la literatura, otros desde la filosof√≠a, algunos desde la teolog√≠a y otros desde el arte y las ciencias, contribuyeron al cambio de paradigma filos√≥fico, teol√≥gico y social, haciendo posible el tr√°nsito desde la Edad Media a la Edad Contempor√°nea, per√≠odo de la historia que algunos circunscriben al transcurrido desde el descubrimiento de Am√©rica (1492) a la Revoluci√≥n Francesa (1789).

 

El Renacimiento se identifica por dar paso a un hombre libre, creador de sí mismo, con gran autonomía de la religión que pretende mantener el monopolio de Dios y el destino de los seres humanos. El Humanismo y el Renacimiento se superponen, si bien mientras el Humanismo se identifica específicamente, como ya hemos apuntado, con la cultura, el Renacimiento lo hace con el arte, la ciencia, y la capacidad creadora del hombre. El Renacimiento hace referencia a la civilización en su conjunto.

 

En resumen, el Humanismo es una corriente filosófica y cultural que sirve de caldo de cultivo al Renacimiento, que surge como fruto de las ideas desarrolladas por los pensadores humanistas, que se nutren a su vez de las fuentes clásicas tanto griegas como romanas. Marca el final de la Edad Media y sustituye el teocentrismo por el antropocentrismo, contribuyendo a crear las condiciones necesarias para la formación de los estados europeos modernos. Una época de tránsito en la que desaparece el feudalismo y surge la burguesía y la afirmación del capitalismo, dando paso a una sociedad europea con nuevos valores.

 

Visto lo que antecede, estamos en condiciones de juzgar la influencia que este cambio de ciclo histórico pudo tener en la Reforma promovida por Lutero en primera instancia, secundada por Zwinglio, Calvino, y otros reformadores del siglo XVI, y valorar de qué forma estos cambios contribuyeron a la formación de los modernos estados europeos.

 

Pero éste será tema de una segundan entrega.

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