OPINI脫N / por M脕XIMO GARC脥A RUIZ

Reforma y Tradici贸n

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(M脕XIMO GARC脥A RUIZ*, 24/11/2017) | Finalmente, el papa Paulo III accedi贸 a la petici贸n que Lutero hab铆a hecho reiteradamente de convocar un concilio que dirimiera las confrontaciones teol贸gicas que se estaban produciendo a ra铆z de su publicaci贸n de las 95 Tesis (31 de octubre de 1517). Claro que el concilio que convoc贸 el papa no respond铆a a los deseos del reformador, antes bien, se trataba de un concilio anti-Reforma, reaccionario. No obstante, el Concilio de Trento (1545-1563), adem谩s de dar respuesta a las tesis reformadas, cumpli贸 un objetivo importante: reconfigurar y estructurar la Iglesia medieval, convirti茅ndola en la Iglesia cat贸lico-romana que conocemos en la actualidad.

Puesto que para la Reforma protestante la sola Scriptura hab铆a sido el n煤cleo central sobre el que hab铆a girado la teolog铆a reformada, no es de extra帽ar que uno de los temas estrella del concilio de Trento fuera precisamente determinar cu谩l o cu谩les eran o deber铆an ser las fuentes de autoridad de la Iglesia, que centr贸 en tres: Biblia, Tradici贸n y Magisterio, determinando que la revelaci贸n de Dios se encuentra en las Escrituras interpretadas a la luz de la Tradici贸n bajo la direcci贸n del Magisterio.

"...superados en buena medida los guetos en los que han vivido aisladas las diferentes confesiones cristianas, es el momento de revisar por parte de la tradici贸n protestante algunas posiciones mantenidas de forma irreductible durante cinco siglos; precisamente someter a revisi贸n la tradici贸n com煤n que, en el 谩mbito cat贸lico se escribe con may煤scula, y entre los sectores protestantes se observa con desd茅n."

El tema ser铆a recurrente en el Vaticano II (el Vaticano I fue irrelevante a estos y a otros muchos efectos), que lleg贸 a revisar o matizar algunas de las definiciones de Trento a este respecto, resaltando el papel de la Biblia, matizando el sentido de la Tradici贸n para diferenciar la tradici贸n apost贸lica de la post apost贸lica y devaluando el papel del Magisterio a un segundo nivel.

La Iglesia cat贸lica someti贸 a revisi贸n en el Vaticano II algunos de los postulados definidos en Trento, incluso su valoraci贸n tanto de la Reforma como del reformador Mart铆n Lutero, como bien ha quedado sobradamente constatado con motivo de la celebraci贸n del 500 Aniversario de la Reforma en el trascurso de este a帽o. La recuperaci贸n de la Biblia, la matizaci贸n del papel de la Tradici贸n y el rol pr谩cticamente simb贸lico del Magisterio en su m谩s elevada aplicaci贸n, son una forma de revisar Trento y aproximar posturas con respecto a los principios defendidos por Lutero y el resto de reformadores.

Ahora bien, dicho lo que antecede, necesario es plantearse la vigencia de los 鈥渟olos鈥, en concreto, del solo Scriptura, tal y como ha venido siendo interpretado y aplicado por las iglesias herederas de la Reforma (no todas reformadas). Lutero, un monje educado en la teolog铆a escol谩stica y las leyendas medievales, fue finalmente inspirado en las ideas del Humanismo que alentaban el regreso a las fuentes de los cl谩sicos griegos y romano; por su parte, busca y encuentra respuesta a sus demandas espirituales en las fuentes cristianas, es decir, en la Biblia. 脷nicamente en la Biblia. Este descubrimiento le lleva a hacer tabla rasa de todo cuanto, con la envoltura de tradici贸n, ha sido incorporado al corpus doctrinal de la Iglesia en los pasados siglos, para quedarse 煤nicamente con las Sagradas Escrituras, de las que era profesor en Wittenberg. De ah铆 el sola Scriptura. Incluso reniega de los concilios, de todos, incluidos los siete primeros que, esos s铆, configuraron doctrinalmente la Iglesia cristiana en su conjunto.

Llegados a este punto, superados en buena medida los guetos en los que han vivido aisladas las diferentes confesiones cristianas, es el momento de revisar por parte de la tradici贸n protestante algunas posiciones mantenidas de forma irreductible durante cinco siglos; precisamente someter a revisi贸n la tradici贸n com煤n que, en el 谩mbito cat贸lico se escribe con may煤scula, y entre los sectores protestantes se observa con desd茅n. El tema de fondo es plantearse c贸mo la comunidad cristiana llega a conocer la revelaci贸n de Dios a lo largo de la historia. Dios se revela a trav茅s de la historia; se forma la Iglesia; se reconocen como inspirados los libros de la Tanaj (Antiguo Testamento), unos s铆 y otros no; se admiten igualmente como inspirados cartas y relatos atribuidas a algunos de los ap贸stoles y a otros disc铆pulos; se define un credo llamado apost贸lico que sintetiza la fe de las comunidades cristianas; se definen doctrinas tan complejas como la de la Trinidad o se reconoce que Jes煤s tiene una naturaleza humana y divina, etc., etc. Obviamente la Iglesia no surge de la noche a la ma帽ana tal y como la conocemos, ni como la conoci贸 Lutero. Por fe se acepta que Dios es se帽or de la historia y que el Esp铆ritu Santo gu铆a a su Iglesia, pero todo eso son verdades o pr谩cticas que hay que integrarlas, razonarlas, estructurarlas y transmitirlas. Y a ese proceso se le ha conocido como tradici贸n.

"Escritura y Tradici贸n no pueden ir separadas, si bien es cierto que la tradici贸n depende siempre y est谩 en referencia a la Escritura. Y todo ello sin perder de vista que la revelaci贸n plena y suprema est谩 en Jesucristo."

Las primeras iglesias cristianas, y eso durante mucho tiempo, no tienen otras Escrituras que las que heredan de los jud铆os, ellos mismos, en sus inicios, jud铆os tambi茅n. No existe el Nuevo Testamento. Ser谩 m谩s tarde, y lentamente, cuando ir铆an reconoci茅ndose y transmiti茅ndose las ideas de que determinados escritos formaban parte de la revelaci贸n de Dios y como tal fueron aceptados por las diferentes comunidades de forma progresiva. A eso se llama tradici贸n. Entonces, 驴qu茅 fue primero, la Iglesia o la Tradici贸n? Las Escrituras son revelaci贸n, la Tradici贸n las reconoce como tal y las transmite. Por otra parte, la revelaci贸n es una experiencia din谩mica que se lleva a cabo por la intervenci贸n del Esp铆ritu Santo, no de forma caprichosa e individual, pero s铆 con efectividad hist贸rica en el seno de la Iglesia. Escritura y Tradici贸n no pueden ir separadas, si bien es cierto que la tradici贸n depende siempre y est谩 en referencia a la Escritura. Y todo ello sin perder de vista que la revelaci贸n plena y suprema est谩 en Jesucristo. La Escritura da testimonio de esa revelaci贸n suprema y la Tradici贸n la hace visible ordenando los hechos de la historia que han configurado la Iglesia de Jesucristo. Dicho con otras palabras, la Tradici贸n es el veh铆culo de transmisi贸n de la verdad revelada; nos ayuda a entender las Sagradas Escrituras y nos vincula por ello con la Palabra de Dios.聽聽

Ambas, Biblia y Tradici贸n, act煤an estrechamente unidas y la Iglesia surge de la acci贸n conjunta de ambas. 驴Qui茅n y c贸mo tiene autoridad para determinar que libros tan prestigiados en su tiempo entre las primeras comunidades cristianas como la Didaje, El Pastor de Hermas, las Cartas de Clemente de Roma, muy diversos evangelios y otros escritos fueran finalmente desechados del Canon del Nuevo Testamento mientras que otros, que fueron seriamente cuestionados por diferentes padres de la Iglesia, inicialmente excluidos, como la Ep铆stola a los Hebreos, Santiago, 2陋 Pedro, 2陋 y 3陋 de Juan, Judas y Apocalipsis, fueran finalmente incluidos en el Canon? La fe cristiana afirma que todo ello se produjo bajo la acci贸n del Esp铆ritu Santo, lo cual no excluye que adoptar esas decisiones llevara un proceso y que el Esp铆ritu Santo se sirviera de un mecanismo de selecci贸n que fue depur谩ndose con el paso de los a帽os, cuyo proceso dio en llamarse Tradici贸n. 聽聽

Podr铆amos decir que, en alguna media, fue el propio ap贸stol Pablo quien dio cr茅dito al papel de la tradici贸n como agente de transmisi贸n de la verdad revelada. As铆 lo expresa escribiendo a los cristianos de Tesal贸nica: 鈥淎s铆 que, hermanos, estad firmes, y retened la doctrina [otra versi贸n dice las tradiciones] que hab茅is aprendido, sea por palabra, o por carta nuestra鈥 (2陋 Tes. 2:15). Y en cuanto al papel del magisterio necesario para interpretar la Palabra, ser谩 el ap贸stol Pedro el que haga un apunte al respecto: 鈥溾ntendiendo primero esto, que ninguna profec铆a de la Escritura es de interpretaci贸n privada, porque nunca la profec铆a fue tra铆da por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Esp铆ritu Santo鈥 (2陋 Pedro 1:20,21), Puede a帽adirse a este texto lo que sigue afirmando el mismo Pedro en聽 el cap铆tulo 3, los versos 15-17 de esa misma carta, apoy谩ndose, incluso en los escritos de Pablo a quien reconoce dotado de gran sabidur铆a.

El tema de fondo es descubrir, mediante un adecuado discernimiento, la Palabra de Dios, algo que, desde muy pronto, comenz贸 a resultar complicado, provocando serias discrepancias entre las comunidades de creyentes; discrepancias que condujeron a la formulaci贸n de herej铆as y, consecuentemente, aconsejaron establecer mecanismos de control聽 que dieron paso al reconocimiento de una jerarqu铆a (obispos y patriarcas) y, con ellos, al sometimiento a un cuerpo de doctrinas que termin贸 reconoci茅ndose como la herencia recibida de los ap贸stoles, conocida como la tradici贸n de la Iglesia. Algo diferente es el uso o abuso que se haga de ello. Puede afirmarse que, bajo la direcci贸n del Esp铆ritu Santo, tanto el Nuevo Testamento como la Tradici贸n fueron creciendo simult谩neamente, contribuyendo ambas a la configuraci贸n de la Iglesia.

"... la Tradici贸n es 煤til y necesaria siempre y cuando no contravenga las ense帽anzas de las Sagradas Escrituras"

Otra cosa es establecer el orden de prioridades entre Biblia y Tradici贸n y diferenciar tradici贸n apost贸lica, post apost贸lica, conciliar referida a los siete primeros concilios y las adherencias posteriores que introducen creencias y costumbres propias de una parte de la Iglesia y no de su globalidad. Una de las grandes afirmaciones de algunos padres de la Iglesia es que la Palabra revelada s贸lo puede ser rectamente comprendida dentro del contexto de la comunidad cristiana, mediante la acci贸n del Esp铆ritu Santo. Hay que entender que se trata de un concepto de Iglesia universal, fuera de la acci贸n parcial de una comunidad local, de una denominaci贸n o de la genialidad ocurrente de algunos l铆deres de forma aislada. De ah铆 la conveniencia de ese concilio que reclamaba Mart铆n Lutero, que aglutinara a la Iglesia global, a semejanza de los de Nicea o Constantinopla, en el que poder dilucidar los temas que afectan a la Iglesia universal.

Si nuestras reflexiones tienen alg煤n significado, nos llevan a la necesidad de replantearnos el sentido de la Sola Scriptura ya que, si la Iglesia ha sido conducida a trav茅s de los siglos por la acci贸n del Esp铆ritu Santo, hay que entender que se trata de una acci贸n din谩mica, con nuevos aportes valiosos para la comunidad y para el creyente, que es preciso identificarlos y guardarlos. Ahora bien, esa actitud abierta a la acci贸n del Esp铆ritu deber铆a estar condicionada a no mutar el orden de prioridades. Al igual que la Biblia tiene como eje central que la revelaci贸n suprema se produce en Jesucristo y todo el contexto en el que se manifiesta es Palabra de Dios en la medida en la que da testimonio de 茅l, la Tradici贸n es 煤til y necesaria siempre y cuando no contravenga las ense帽anzas de las Sagradas Escrituras.聽

Autor:聽M谩ximo Garc铆a Ruiz*, Noviembre 2017.

漏 2017-聽Nota de Redacci贸n: Las opiniones de los autores son estr铆ctamente personales y no representan necesariamente la opini贸n o la l铆nea editorial de Actualidad Evang茅lica.

20120929-1*M脕XIMO GARC脥A RUIZ, nacido en Madrid, es licenciado en Teolog铆a por la Universidad B铆blica Latinoamericana, licenciado en Sociolog铆a por la Universidad Pontificia de Salamanca y doctor en Teolog铆a por esa misma universidad. Profesor de Historia de las Religiones, Sociolog铆a e Historia de los Bautistas en la Facultad de Teolog铆a de la Uni贸n聽Evang茅lica Bautista de Espa帽a-UEBE (actualmente profesor em茅rito), en Alcobendas, Madrid y profesor invitado en otras instituciones. Pertenece a la Asociaci贸n de Te贸logos Juan XXIII. Ha publicado numerosos art铆culos y estudios de investigaci贸n en diferentes revistas, diccionarios y anales universitarios y es autor de 21 libros y de otros 12 en colaboraci贸n, algunos de ellos en calidad de editor.

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M谩ximo Garc铆a Ruiz

La creaci贸n de los estados modernos europeos, tal y como los conocemos hoy en d铆a, no hubiera sido posible sin la existencia de la Reforma protestante y su correlato, el Concilio de Trento, tal y como veremos m谩s adelante.

De igual forma, la Reforma no hubiera podido tener lugar, en su inmediatez hist贸rica, sin la existencia del Humanismo y su manifestaci贸n art铆stica y cient铆fica conocida como Renacimiento. Ahora bien, para poder centrar el tema, tenemos que remontarnos a la era anterior, la Edad Media, y poner nuestra mirada inicial, como punto de partida, en la Escol谩stica, el sistema educativo, el sistema teol贸gico que identifica ese per铆odo, as铆 como en el Feudalismo como forma de gobierno y estructuraci贸n social.

Para el escolasticismo la educaci贸n estaba reservada a sectores muy reducidos de la poblaci贸n, sometida a un estricto control de parte de la Iglesia. A esto hay que a帽adir que el sistema social estaba subordinado, a su vez, al ilimitado y caprichoso poder de los se帽ores feudales bajo el paraguas de la Iglesia medieval que no s贸lo controlaba la cultura, sino que somet铆a las voluntades de los siervos, que no ciudadanos, amparada por un r茅gimen considerado sagrado, en el que sus representantes actuaban en el nombre de Dios.

La Escol谩stica se desarrolla sometida a un r铆gido principio de autoridad, siendo la Biblia, a la que parad贸jicamente muy pocos tienen acceso, la principal fuente de conocimiento, siempre bajo el riguroso control de la jerarqu铆a eclesi谩stica. En estas circunstancias, la raz贸n ha de amoldarse a la fe y la fe es gestionada y administrada por la casta sacerdotal.

En ese largo per铆odo que conocemos como Edad Media, en especial en su 煤ltimo tramo, se producir铆an algunos hechos altamente significativos, como la invenci贸n de la imprenta (1440) o el descubrimiento de Am茅rica (1492), que tendr谩n una enorme repercusi贸n en 谩mbitos tan diferentes como la cultura, las ciencias naturales y la econom铆a. En el terreno religioso, la escandalosa corrupci贸n de la Iglesia medieval lleg贸 a tales extremos que fueron varios los pre-reformadores que intentaron una reforma antes del siglo XVI: John Wycliffe (1320-1384), Jan Hus (1369-1415), Girolamo Savonarola (1452-1498), o el predecesor de todos ellos, Francisco de As铆s (1181/2-1226) y otros m谩s en diferentes partes de Europa. Todos ellos, salvo Francisco de As铆s, que fue asimilado por la Iglesia, tuvieron un final dram谩tico, sin que ninguno de esos movimientos de protesta, no siempre ajustados por acciones realmente evang茅licas, consiguiera mover a la Iglesia hacia posturas de cambio o reforma.

No era el momento. No se daban los elementos necesarios para que germinaran las proclamas de estos aguerridos profetas, cuya voz qued贸 ahogada en sangre. El pueblo estaba sometido al poder y atemorizado por las supersticiones medievales; las 茅lites eran ignorantes y no estaban preparadas para secundar a esos l铆deres que, como Juan el Bautista, terminaron clamando en el desierto, a pesar de que su mensaje, como las melod铆as del flautista de Hamelin, consiguiera arrastrar tras de s铆 algunos centenares o miles de personas. 驴Cu谩l fue la diferencia en lo que a Lutero se refiere? La respuesta, aparte de invocar aspectos transcendentes conectados con la fe de los creyentes es, desde el punto de vista hist贸rico, sencilla y, a la vez, complicada; hay que buscarla, entre otras muchas circunstancias hist贸ricas, en el papel y en la influencia que ejercieron el Humanismo y el Renacimiento. Existen otros factores, sin duda, pero nos centraremos en estos dos.

Identificamos como Humanismo, al movimiento producido desde finales del siglo XIV que sigue con fuerza durante el XV y se proyecta al XVI, que impulsa una reforma cultural y educativa como respuesta a la Escol谩stica, que continuaba siendo considerada como la l铆nea de pensamiento oficial de la Iglesia y, por consiguiente, de las instituciones pol铆ticas y sociales de la 茅poca. Mientras que para la educaci贸n escol谩stica las materias de estudio se circunscrib铆an b谩sicamente a la medicina, el derecho y la teolog铆a,聽 los humanistas se interesan vivamente por la poes铆a, la literatura en general (gram谩tica, ret贸rica, historia) y la聽 filosof铆a, es decir, las humanidades. Con ello se descubre una nueva filosof铆a de la vida, recuperando como objetivo central la dignidad de la persona. El hombre pasa a ser el centro y medida de todas las cosas.

La corriente humanista da origen a la formaci贸n del esp铆ritu del Renacimiento, produciendo personajes tan relevantes como, Petrarca (1304-1374) o Bocaccio (1313-1375), Nebrija (1441-1522), Erasmo (1466-1536), Maquiavelo (1469-1527), Cop茅rnico (1473-1543), Miguel 脕ngel (1475-1564), Tom谩s Moro (1478-1535), Rafael (1483-1520), Lutero (1483-1546), Cervantes (1547-1616), Bacon (1561-1626), Shakespeare (1564-1616), sin olvidar la influencia que sobre ellos pudieron tener sus predecesores, Dante (1265-1321), Giotto (1266-1337), y algunos otros pensadores de la 茅poca. Estos y tantos otros humanistas, unos desde la literatura, otros desde la filosof铆a, algunos desde la teolog铆a y otros desde el arte y las ciencias, contribuyeron al cambio de paradigma filos贸fico, teol贸gico y social, haciendo posible el tr谩nsito desde la Edad Media a la Edad Contempor谩nea, per铆odo de la historia que algunos circunscriben al transcurrido desde el descubrimiento de Am茅rica (1492) a la Revoluci贸n Francesa (1789).

El Renacimiento se identifica por dar paso a un hombre libre, creador de s铆 mismo, con gran autonom铆a de la religi贸n que pretende mantener el monopolio de Dios y el destino de los seres humanos. El Humanismo y el Renacimiento se superponen, si bien mientras el Humanismo se identifica espec铆ficamente, como ya hemos apuntado, con la cultura, el Renacimiento lo hace con el arte, la ciencia, y la capacidad creadora del hombre. El Renacimiento hace referencia a la civilizaci贸n en su conjunto.

En resumen, el Humanismo es una corriente filos贸fica y cultural que sirve de caldo de cultivo al Renacimiento, que surge como fruto de las ideas desarrolladas por los pensadores humanistas, que se nutren a su vez de las fuentes cl谩sicas tanto griegas como romanas. Marca el final de la Edad Media y sustituye el teocentrismo por el antropocentrismo, contribuyendo a crear las condiciones necesarias para la formaci贸n de los estados europeos modernos. Una 茅poca de tr谩nsito en la que desaparece el feudalismo y surge la burgues铆a y la afirmaci贸n del capitalismo, dando paso a una sociedad europea con nuevos valores.

Visto lo que antecede, estamos en condiciones de juzgar la influencia que este cambio de ciclo hist贸rico pudo tener en la Reforma promovida por Lutero en primera instancia, secundada por Zwinglio, Calvino, y otros reformadores del siglo XVI, y valorar de qu茅 forma estos cambios contribuyeron a la formaci贸n de los modernos estados europeos.

Pero 茅ste ser谩 tema de una segundan entrega.

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