OPINI√ďN / M√ĀXIMO GARC√ćA RUIZ

Ante el horror de una masacre

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Hacemos un par√©ntesis en nuestra serie de art√≠culos en torno a la Reforma, para centrar nuestra reflexi√≥n en el hecho cruento sucedido la semana del 14 al 20 de agosto de 2017 en Catalu√Īa, concretamente el jueves d√≠a 17, con 13 personas asesinadas y m√°s de un centenar de heridos, que ha conmocionado no s√≥lo a Barcelona y al veraniego pueblo de Cambrills as√≠ como al resto de Espa√Īa, sino al mundo civilizado, regando de sangre las emblem√°ticas Ramblas de la ciudad condal.

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(M√ĀXIMO GARC√ćA RUIZ*, 24/08/2017) | ¬†La religi√≥n no es mala. Ninguna religi√≥n es mala. Podr√°n cumplir con mayor o menor √©xito su prop√≥sito de aproximar al ser humano a Dios; podr√°n tener mayor o menor alcance, mejor o peor aceptaci√≥n; ser√°n monote√≠stas o polite√≠stas, locales o con vocaci√≥n universal, consideradas unas (o una sola) verdaderas y otras falsas, pero todas ellas proclaman, con mayor o menor intensidad, la paz universal, la armon√≠a entre los hombres y el respeto al ser humano, aunque no todas lo hagan utilizando id√©ntico lenguaje.

No entraremos ahora en aspectos teol√≥gicos o apolog√©ticos para defender los valores de ‚Äúnuestra‚ÄĚ religi√≥n o para demostrar que es, precisamente esa, la nuestra, la religi√≥n verdadera. No es ese el objetivo en estos momentos. Tiempo hay antes y despu√©s de esta luctuosa masacre, para entrar en debates de esa especie.

Afortunadamente para el mundo civilizado (¬Ņcivilizado?), salvo algunos grupos determinados, la sociedad civil occidental ha sido capaz de conjugar con acierto y responsabilidad dos conceptos claramente diferenciables: terrorismo y religi√≥n.

Sin entrar tampoco en detalles historiogr√°ficos de sobra conocidos por los lectores, debemos recordar a grandes trazos que las m√°s demoledoras conflagraciones de siempre y, sobre todo de los √ļltimos siglos en nuestro entorno m√°s inmediato, han tenido un trasfondo religioso, bien fuera entre¬† ‚Äúcruzados‚ÄĚ y ‚Äúmusulmanes‚ÄĚ, como las guerras contra ‚Äúel turno‚ÄĚ; la Guerra de los 30 a√Īos entre cat√≥licos y protestantes; la Guerra Civil Espa√Īola, promovida para la defensa de los ‚Äúvalores religiosos‚ÄĚ que dar√≠a como resultado la instauraci√≥n de un r√©gimen nacional-cat√≥lico;¬†¬† nuevamente cat√≥licos contra protestantes (o viceversa) en Irlanda del Norte; las guerras recientes de los Balcanes, etc√©tera. Es cierto que siempre subyacen otro tipo de motivaciones, pero el revestimiento ideol√≥gico tiene, por lo regular, contenido religioso, de confrontaci√≥n entre ideolog√≠as sustentadas por las religiones. Por √ļltimo, la actual guerra de los atentados yihadistas, en nombre de un hipot√©tico estado isl√°mico, que algunos han denominado la Tercera Guerra Mundial es, para muchos, una confrontaci√≥n entre fieles e infieles.

Afortunadamente para el mundo civilizado (¬Ņcivilizado?), salvo algunos grupos determinados, la sociedad civil occidental ha sido capaz de conjugar con acierto y responsabilidad dos conceptos claramente diferenciables: terrorismo y religi√≥n. No todos, es cierto; a√ļn sigue habiendo colectivos radicales que se resisten a la evidencia y se empe√Īan en identificar ambos conceptos, cargando las responsabilidades de los terroristas a pac√≠ficos colectivos de comunidades religiosas, cuyo objetivo es proclamar su fe y buscar la paz como elemento de concordia entre vecinos. Tambi√©n es cierto que el panorama ofrecido en el interior de algunos pa√≠ses configurados como estados musulmanes, no en todos, el respeto a la libertad religiosa, la aplicaci√≥n de los derechos humanos y la convivencia pac√≠fica con otras religiones deja mucho que desear, pero ese es otro tema que afecta a la configuraci√≥n del propio estado, en la misma forma que ha ocurrido en sentido contrario, sin buscar m√°s lejos, en nuestro propio pa√≠s.

Pero volvamos al n√ļcleo central de nuestra reflexi√≥n. Al igual que los ‚Äúcruzados‚ÄĚ arremet√≠an en otro tiempo contra los musulmanes con la cruz en ristre y lo hac√≠an en el nombre de Cristo crucificado, los protestantes y cat√≥licos se enfrentaban entre s√≠ en el nombre del mismo Dios, y en su nombre eran capaces de encarcelar, desterrar, quemar, degollar y practicar otras muchas barbaridades, siendo correspondidos, igualados o superados por musulmanes con pr√°cticas que nada ten√≠an que envidiar a las de sus enemigos. En definitiva, las religiones mayoritarias en el mundo occidental, sin entrar en valorar el comportamiento de otras religiones, no se libran del estigma hist√≥rico que las se√Īala como responsables de hechos luctuosos que han puesto en entredicho la bondad de sus fundadores y el contenido de sus libros sagrados, tal y como son interpretados y ense√Īados en la actualidad.

Tanto musulmanes, como jud√≠os, como cristianos proclaman la paz y defienden la justicia. Tanto la Tanaj, como la Biblia como el Cor√°n, son interpretados por los l√≠deres religiosos, por las diferentes escuelas teol√≥gicas y por las ramificaciones eclesiales o comunitarias que los representan, como contrarias a la violencia y defensoras de la paz mundial. Siendo as√≠, ¬Ņc√≥mo explicar que algunos vascos hayan estado asesinando durante cerca de medio siglo (1968-2010), dejando tras de s√≠ el reguero de sangre de 858 muertos siendo, como dec√≠an ser, fervientes cat√≥lico-romanos? ¬ŅC√≥mo explicar que j√≥venes seguidores del Isl√°m, sean capaces de matar indiscriminadamente a seres inocentes, sean o no correligionarios suyos, y sacrificarse ellos mismo en el intento, gritando ‚ÄúAl√° es grande‚ÄĚ?

Hay dos palabras que lo explican: fanatismo y fundamentalismo, que son dos caras de una misma moneda. Detr√°s de esos j√≥venes que siembran el odio y la muerte desde uno u otro bando; sean musulmanes, jud√≠os, cat√≥licos o protestantes, es frecuente encontrar a l√≠deres que predican el fanatismo desde posturas de interpretaci√≥n fundamentalista de su propia religi√≥n, apelando siempre al libro sagrado y sembrando de esta forma el odio y la exclusi√≥n hacia el diferente. Justifican en nombre de la Verdad (su propia verdad), actos de xenofobia que, una vez que escapan del control sensato de una ense√Īanza inclusiva, da como resultado actos semejantes al ocurrido hace una semana en Catalu√Īa.

Los disc√≠pulos de Jes√ļs estaban, si no celosos, al menos inquietos, al comprobar que hab√≠a algunas personas que, sin pertenecer a su grupo, echaban demonios en el nombre de Jes√ļs (cfr. Lucas 9:49,50). Todo hac√≠a presagiar que se trataba de una especie de secta, o de renegados, de diferentes, en cualquier caso. Surge la intolerancia, el deseo de marginaci√≥n y, llegado el caso, de castigo. ‚ÄúNo se lo prohib√°is -fue la respuesta de Jes√ļs-; porque el que no es contra nosotros, por nosotros es‚ÄĚ. Y su herencia es: ‚ÄúLa paz os dejo, mi paz os doy‚ÄĚ (Juan 14:27). Y tanto el Talmud como el Cor√°n afirman: ‚ÄúQuien salva una vida salva al mundo entero‚ÄĚ. Ni en el nombre de Dios ni en el nombre de Al√° (dos formas de dirigirse al mismo Dios), puede justificarse el odio, la violencia o la exclusi√≥n social. Y si lo llevamos al terreno civil, la Declaraci√≥n Universal de los Derechos Humanos es taxativa: ‚ÄúTodos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como est√°n de raz√≥n y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros‚ÄĚ (Art√≠culo 1).

 

Autor: Máximo García Ruiz*, Agosto 2017.


© 2017- Nota de Redacción: Las opiniones de los autores son estríctamente personales y no representan necesariamente la opinión o la línea editorial de Actualidad Evangélica.

20120929-1*M√ĀXIMO GARC√ćA RUIZ, nacido en Madrid, es licenciado en Teolog√≠a por la Universidad B√≠blica Latinoamericana, licenciado en Sociolog√≠a por la Universidad Pontificia de Salamanca y doctor en Teolog√≠a por esa misma universidad. Profesor de Historia de las Religiones, Sociolog√≠a e Historia de los Bautistas en la Facultad de Teolog√≠a de la Uni√≥n¬†Evang√©lica Bautista de Espa√Īa-UEBE (actualmente profesor em√©rito), en Alcobendas, Madrid y profesor invitado en otras instituciones. Pertenece a la Asociaci√≥n de Te√≥logos Juan XXIII. Ha publicado numerosos art√≠culos y estudios de investigaci√≥n en diferentes revistas, diccionarios y anales universitarios y es autor de 21 libros y de otros 12 en colaboraci√≥n, algunos de ellos en calidad de editor.

 

 

 

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Humanismo y Renacimiento

Máximo García Ruiz

 

La creación de los estados modernos europeos, tal y como los conocemos hoy en día, no hubiera sido posible sin la existencia de la Reforma protestante y su correlato, el Concilio de Trento, tal y como veremos más adelante.

De igual forma, la Reforma no hubiera podido tener lugar, en su inmediatez histórica, sin la existencia del Humanismo y su manifestación artística y científica conocida como Renacimiento. Ahora bien, para poder centrar el tema, tenemos que remontarnos a la era anterior, la Edad Media, y poner nuestra mirada inicial, como punto de partida, en la Escolástica, el sistema educativo, el sistema teológico que identifica ese período, así como en el Feudalismo como forma de gobierno y estructuración social.

Para el escolasticismo la educaci√≥n estaba reservada a sectores muy reducidos de la poblaci√≥n, sometida a un estricto control de parte de la Iglesia. A esto hay que a√Īadir que el sistema social estaba subordinado, a su vez, al ilimitado y caprichoso poder de los se√Īores feudales bajo el paraguas de la Iglesia medieval que no s√≥lo controlaba la cultura, sino que somet√≠a las voluntades de los siervos, que no ciudadanos, amparada por un r√©gimen considerado sagrado, en el que sus representantes actuaban en el nombre de Dios.

La Escolástica se desarrolla sometida a un rígido principio de autoridad, siendo la Biblia, a la que paradójicamente muy pocos tienen acceso, la principal fuente de conocimiento, siempre bajo el riguroso control de la jerarquía eclesiástica. En estas circunstancias, la razón ha de amoldarse a la fe y la fe es gestionada y administrada por la casta sacerdotal.

En ese largo per√≠odo que conocemos como Edad Media, en especial en su √ļltimo tramo, se producir√≠an algunos hechos altamente significativos, como la invenci√≥n de la imprenta (1440) o el descubrimiento de Am√©rica (1492), que tendr√°n una enorme repercusi√≥n en √°mbitos tan diferentes como la cultura, las ciencias naturales y la econom√≠a. En el terreno religioso, la escandalosa corrupci√≥n de la Iglesia medieval lleg√≥ a tales extremos que fueron varios los pre-reformadores que intentaron una reforma antes del siglo XVI: John Wycliffe (1320-1384), Jan Hus (1369-1415), Girolamo Savonarola (1452-1498), o el predecesor de todos ellos, Francisco de As√≠s (1181/2-1226) y otros m√°s en diferentes partes de Europa. Todos ellos, salvo Francisco de As√≠s, que fue asimilado por la Iglesia, tuvieron un final dram√°tico, sin que ninguno de esos movimientos de protesta, no siempre ajustados por acciones realmente evang√©licas, consiguiera mover a la Iglesia hacia posturas de cambio o reforma.

 

No era el momento. No se daban los elementos necesarios para que germinaran las proclamas de estos aguerridos profetas, cuya voz qued√≥ ahogada en sangre. El pueblo estaba sometido al poder y atemorizado por las supersticiones medievales; las √©lites eran ignorantes y no estaban preparadas para secundar a esos l√≠deres que, como Juan el Bautista, terminaron clamando en el desierto, a pesar de que su mensaje, como las melod√≠as del flautista de Hamelin, consiguiera arrastrar tras de s√≠ algunos centenares o miles de personas. ¬ŅCu√°l fue la diferencia en lo que a Lutero se refiere? La respuesta, aparte de invocar aspectos transcendentes conectados con la fe de los creyentes es, desde el punto de vista hist√≥rico, sencilla y, a la vez, complicada; hay que buscarla, entre otras muchas circunstancias hist√≥ricas, en el papel y en la influencia que ejercieron el Humanismo y el Renacimiento. Existen otros factores, sin duda, pero nos centraremos en estos dos.

 

Identificamos como Humanismo, al movimiento producido desde finales del siglo XIV que sigue con fuerza durante el XV y se proyecta al XVI, que impulsa una reforma cultural y educativa como respuesta a la Escolástica, que continuaba siendo considerada como la línea de pensamiento oficial de la Iglesia y, por consiguiente, de las instituciones políticas y sociales de la época. Mientras que para la educación escolástica las materias de estudio se circunscribían básicamente a la medicina, el derecho y la teología,  los humanistas se interesan vivamente por la poesía, la literatura en general (gramática, retórica, historia) y la  filosofía, es decir, las humanidades. Con ello se descubre una nueva filosofía de la vida, recuperando como objetivo central la dignidad de la persona. El hombre pasa a ser el centro y medida de todas las cosas.

 

La corriente humanista da origen a la formaci√≥n del esp√≠ritu del Renacimiento, produciendo personajes tan relevantes como, Petrarca (1304-1374) o Bocaccio (1313-1375), Nebrija (1441-1522), Erasmo (1466-1536), Maquiavelo (1469-1527), Cop√©rnico (1473-1543), Miguel √Āngel (1475-1564), Tom√°s Moro (1478-1535), Rafael (1483-1520), Lutero (1483-1546), Cervantes (1547-1616), Bacon (1561-1626), Shakespeare (1564-1616), sin olvidar la influencia que sobre ellos pudieron tener sus predecesores, Dante (1265-1321), Giotto (1266-1337), y algunos otros pensadores de la √©poca. Estos y tantos otros humanistas, unos desde la literatura, otros desde la filosof√≠a, algunos desde la teolog√≠a y otros desde el arte y las ciencias, contribuyeron al cambio de paradigma filos√≥fico, teol√≥gico y social, haciendo posible el tr√°nsito desde la Edad Media a la Edad Contempor√°nea, per√≠odo de la historia que algunos circunscriben al transcurrido desde el descubrimiento de Am√©rica (1492) a la Revoluci√≥n Francesa (1789).

 

El Renacimiento se identifica por dar paso a un hombre libre, creador de sí mismo, con gran autonomía de la religión que pretende mantener el monopolio de Dios y el destino de los seres humanos. El Humanismo y el Renacimiento se superponen, si bien mientras el Humanismo se identifica específicamente, como ya hemos apuntado, con la cultura, el Renacimiento lo hace con el arte, la ciencia, y la capacidad creadora del hombre. El Renacimiento hace referencia a la civilización en su conjunto.

 

En resumen, el Humanismo es una corriente filosófica y cultural que sirve de caldo de cultivo al Renacimiento, que surge como fruto de las ideas desarrolladas por los pensadores humanistas, que se nutren a su vez de las fuentes clásicas tanto griegas como romanas. Marca el final de la Edad Media y sustituye el teocentrismo por el antropocentrismo, contribuyendo a crear las condiciones necesarias para la formación de los estados europeos modernos. Una época de tránsito en la que desaparece el feudalismo y surge la burguesía y la afirmación del capitalismo, dando paso a una sociedad europea con nuevos valores.

 

Visto lo que antecede, estamos en condiciones de juzgar la influencia que este cambio de ciclo histórico pudo tener en la Reforma promovida por Lutero en primera instancia, secundada por Zwinglio, Calvino, y otros reformadores del siglo XVI, y valorar de qué forma estos cambios contribuyeron a la formación de los modernos estados europeos.

 

Pero éste será tema de una segundan entrega.

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