GRANDES ENIGMAS DE LA BIBLIA / por Máximo García Ruiz

El sol y la luna se detienen

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20151231-3

(M√ĀXIMO GARC√ćA RUIZ*, 30/12/2015) | ‚ÄúY el sol se detuvo y la luna se par√≥. Hasta que la gente se hubo vengado de sus enemigos‚ÄĚ (Josu√© 10:13). Se trata de una referencia a un ‚Äúhecho hist√≥rico‚ÄĚ para el autor del libro de Josu√© que acredita remiti√©ndose a lo que est√° escrito en el libro de Jaser, un documento del que no tenemos m√°s referencia que √©sta y la que recoge el segundo libro de Samuel 1:18, donde se hace menci√≥n a este mismo libro, predecesor de los que integran el Antiguo Testamento.

¬ŅSe trata de un libro sagrado? Y si es as√≠ ¬Ņc√≥mo es que desapareci√≥? Y si no fuera sagrado ¬Ņqu√© veracidad podemos dar a sus afirmaciones? Sea como fuere, el tema merece nuestra atenci√≥n por tratarse de uno de esos hechos ins√≥litos que escapan al entendimiento racional y que hay que situarlos entre los grandes enigmas de la Biblia.

En el Antiguo Testamento hay otras noticias curiosas aludiendo al sol y a la luna, unas de forma po√©tica y otras metaf√≥rica, como la que encontramos en Isa√≠as 38:8: ‚ÄúHe aqu√≠, yo har√© volver la sombra por los grados que ha descendido con el sol, en el reloj de Acaz, diez grados atr√°s. Y volvi√≥ el sol diez grados atr√°s, por los cuales hab√≠a ya descendido‚ÄĚ; o en Habacuc 3:11,: ‚ÄúEl sol y la luna se pararon en su lugar; la luz de tus saetas anduvieron, y al resplandor de tu fulgente lanza‚ÄĚ. Parece evidente que la historia narrada en el libro de Jaser estaba muy presente entre los hebreos, de cuya historia se derivaban diferentes interpretaciones.

Para el pueblo sencillo que escuchaba la narraci√≥n √©pica, no resultaba f√°cil de comprender que Josu√© hubiera llevado a cabo en un solo d√≠a tantas haza√Īas. S√≥lo encontraron una explicaci√≥n convincente: ese d√≠a fue mucho m√°s largo que el resto de los d√≠as; y si no lo fue de hecho, al menos s√≠ lo fue en el volumen de sus conquistas, sin encontrar otro argumento a su alcance que para conseguirlo, el sol hab√≠a tenido que detener su curso normal.

Job, por su parte, en un poema de reconocimiento de la grandeza de Dios, afirma: ‚ÄúEl manda al sol, y no sale; y sella las estrellas‚ÄĚ (Job 9: 7). El libro de los Salmos, Eclesiast√©s, Isa√≠as, Joel, Am√≥s, Miqueas, Habacuc, Malaqu√≠as, se refieren al astro rey en formas muy diversas, estableciendo alegor√≠as o formando poemas. Tambi√©n el Nuevo Testamento toma al sol como referente de sus ense√Īanzas o reflexiones espirituales.

Las batallas llevadas a cabo por Josu√© debieron ser √©picas; entre ellas sobresale la de Gaba√≥n, de la que el pueblo y los poetas guardaron un¬† recuerdo recurrente en sus narraciones y en el folklore popular. Una historia que fue transmitida con orgullo patrio de generaci√≥n en generaci√≥n. El autor sagrado est√° haciendo referencia a la gran batalla contra los amorreos en el vr. 11 y, sin que exista una explicaci√≥n razonable, introduce el texto de un antiguo c√°ntico triunfal conservado en el libro de Jaser. Para el pueblo sencillo que escuchaba la narraci√≥n √©pica, no resultaba f√°cil de comprender que Josu√© hubiera llevado a cabo en un solo d√≠a tantas haza√Īas. S√≥lo encontraron una explicaci√≥n convincente: ese d√≠a fue mucho m√°s largo que el resto de los d√≠as; y si no lo fue de hecho, al menos s√≠ lo fue en el volumen de sus conquistas, sin encontrar otro argumento a su alcance que para conseguirlo, el sol hab√≠a tenido que detener su curso normal.

Por una parte, con esta explicaci√≥n se pone de relieve la gran personalidad de Josu√© a quien nada ni nadie se le resiste, capaz de dominar los elementos, a semejanza de su predecesor Mois√©s y, por otra, afirmar su convencimiento de que Jehov√° les acompa√Īa en las batallas que, por muy desiguales¬† o imposibles que puedan parecer, siempre actuar√° a su favor, incluso rompiendo el orden natural establecido por √©l mismo en el universo, si fuere necesaraio. De esa forma, el himno patri√≥tico del libro de Jaser encuentra encaje en esta rese√Īa b√©lica que recuerda las haza√Īas del gran caudillo. No es √©se el √ļnico caso en la Biblia de inserci√≥n en el texto de himnos √©picos (cfr. Exo. 15), un g√©nero literario com√ļn en todos los tiempos.

No olvidemos tampoco que el autor se mueve en una cultura que piensa que es el sol el que da vueltas alrededor de la tierra, una creencia que se ha mantenido hasta tiempos relativamente recientes (cfr. Galileo Galilei 1564-1643, juzgado como hereje por el Vaticano, por rebatir científicamente este pasaje). Y así lo expresa el autor del libro en este caso, con lo cual deducimos que no es precisamente el rigor científico el que debe buscarse en la Biblia, ya que no es ese su objetivo.

Desde la más depurada teología bíblica mantenemos que Dios creó el universo y lo hizo todo perfecto y en armonía; que existen unas reglas que rigen su comportamiento; que Dios es todopoderoso pero no es un Dios que se mueva a impulsos de dictados humanos; que existen, evidentemente, fenómenos atmosféricos como terremotos, volcanes, estrellas fugaces, tornados y trombas marinas, desbordamientos de ríos, eclipses de sol, lluvias torrenciales, granizadas destructivas,  algunos fenómenos con fecha más o menos prevista, como Las Perseidas o lluvia de estrellas del verano; Las Leónidas o lluvia de estrellas de noviembre; Las Líridas, tal vez la lluvia de estrellas más espectacular, fenómenos meteorológicos que han dado pábulo a miles de elucubraciones de orden sobrenatural, pero que están fuera del dominio y del control humano.

Para los hebreos y para otras culturas pre-cient√≠ficas, cualquier fen√≥meno de la naturaleza sol√≠a ser interpretado de acuerdo con el nivel de conocimiento de la √©poca y, ante la dificultad de encontrar una explicaci√≥n razonable, no era de extra√Īar que fueran interpretados como fen√≥menos paranormales relacionados con la divinidad. Especialmente el sol, ha ejercido una gran fascinaci√≥n, siendo erigido como dios por algunos pueblos. Hoy en d√≠a disponemos de un mayor nivel de informaci√≥n cient√≠fica acerca de estos fen√≥menos; una informaci√≥n que nos brinda la posibilidad de encontrarles alg√ļn tipo de explicaci√≥n, si bien no siempre seamos capaces de entender su origen y su alcance.

Bien es cierto que a√ļn quedan muchos enigmas por desentra√Īar, no s√≥lo en la Biblia sino en la propia naturaleza. Y hay formas muy diferentes de aproximarse a ellos.¬† Desde la fe, el creyente reivindica la soberan√≠a de Dios para explicar todo aquello que se escapa a su comprensi√≥n; sin embargo, desde una sociedad secularizada, que no se rige por patrones religiosos, no se concibe la intervenci√≥n de Dios rompiendo las reglas de la f√≠sica y de la naturaleza que √©l mismo ha establecido, por lo que¬† busca otro tipo de explicaciones. Por nuestra parte consideramos que es necesario poner en pr√°ctica el mandato de Dios de ‚Äúense√Īorear la tierra‚ÄĚ procurando descubrir todos los misterios que encierra, a cuyos efectos Dios nos ha dotado de recursos intelectuales suficientes; no obstante, no siempre es posible encontrar una respuesta razonable.

"... la explican a su manera, pasando de la transmisión oral a la escrita y de un libro a otro, en un recorrido que abarca varios siglos, recurriendo a su percepción e interpretación del hecho, sin que sea preciso elevar esa explicación a un rango científico asumiendo la literalidad del texto, ya que. una vez más, el propósito es mostrar la provisión de un Dios soberano que está cercano a su pueblo, cuando le invoca."

La explicaci√≥n ofrecida por algunos ex√©getas que buscan dar sentido literal a los relatos b√≠blicos, es que fue la tierra la que se par√≥ en seco. Si adaptamos la escena descrita en el libro de Jaser, que retoma posteriormente el de Josu√©, interpretando que ese hubiera podido ser el sentido que quiso d√°rsele al texto, y nos preguntamos: ¬Ņqu√© ocurrir√≠a en el caso de que la tierra dejara de girar, mientras el sol siguiera mostr√°ndose en el mismo sitio? Una hip√≥tesis absurda, es cierto, a la que recurrimos con un inter√©s exclusivamente especulativo. No vamos a entrar en descripciones cient√≠ficas, pero es obvio que el equilibro del universo se modificar√≠a y resultar√≠a algo realmente catastr√≥fico. Alguien lo ha comparado con la siguiente imagen. Ser√≠a como si un veh√≠culo del futuro que fuera a 1.700 km/hora chocara contra un muro; todo lo que no estuviera s√≥lidamente anclado a la tierra (personas, edificios) saldr√≠a despedido a esa velocidad. Los fen√≥menos atmosf√©ricos relacionados con el viento y con el agua que se desencadenar√≠an, ser√≠an inimaginables. Y algo m√°s, sin la rotaci√≥n de la tierra, desaparecer√≠a el campo magn√©tico de nuestro planeta y la radiaci√≥n¬† solar destruir√≠a la escasa vida que pudiera quedar en ella. Ni mencionar por lo desmesurados, los efectos que tendr√≠a en su sistema que fuera el sol el que se detuviera. Mejor no hacer conjeturas sobre esa posibilidad.

¬®Leer la Biblia y dejar que, a trav√©s de ella, hable Dios, exige una actitud selectiva para entrar en el n√ļcleo y no quedarse con la c√°scara; recibir el mensaje y separar la envoltura. El medio a trav√©s del cual nos llega la Palabra puede ser diferente: poemas, alegor√≠as, par√°bolas, narrativas referentes a la √©poca en la que se escribe, l√≠rica, dramas, himnos, eleg√≠as, f√°bulas, gestas, romances..., sin perder de vista que los autores materiales de lo escrito y sus protagonistas, son personas que se expresan dentro de sus propias limitaciones, con el lenguaje y los conocimientos propio de la √©poca en la que escriben, sin pretensiones de rigor hist√≥rico o cient√≠fico; narran los hechos seg√ļn su propia percepci√≥n, sin otra intenci√≥n que mostrar su fe en Dios, trasladar el mensaje a sus cong√©neres y mostrar su convencimiento de que todo lo que ocurre est√° encaminado por Dios para su bienestar, ya que ‚Äúa los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien‚ÄĚ(Rom. 8: 28).

¬ŅQu√© ocurri√≥ exactamente en la ocasi√≥n descrita en el libro de Jaser y retomada por el de Josu√©? Es posible que alg√ļn fen√≥meno atmosf√©rico se produjera relacionado con la batalla que tanto Josu√© como sus seguidores interpretaron como una ayuda directa de parte de Jehov√° en la batalla que estaban llevando a cabo. Y la explican a su manera, pasando de la transmisi√≥n oral a la escrita y de un libro a otro, en un recorrido que abarca varios siglos, recurriendo a su percepci√≥n e interpretaci√≥n del hecho, sin que sea preciso elevar esa explicaci√≥n a un rango cient√≠fico asumiendo la literalidad del texto, ya que. una vez m√°s, el prop√≥sito es mostrar la provisi√≥n de un Dios soberano que est√° cercano a su pueblo, cuando le invoca.

Autor: Máximo García Ruiz*, Diciembre 2015.


© 2015 - Nota de Redacción: Las opiniones de los autores son estríctamente personales y no representan necesariamente la opinión o la línea editorial de Actualidad Evangélica.

20120929-1*M√ĀXIMO GARC√ćA RUIZ, nacido en Madrid, es licenciado en Teolog√≠a por la Universidad B√≠blica Latinoamericana, licenciado en Sociolog√≠a por la Universidad Pontificia de Salamanca y doctor en Teolog√≠a por esa misma universidad. Profesor de Sociolog√≠a y Religiones Comparadas en la Facultad de Teolog√≠a¬† de la¬† Uni√≥n¬†Evang√©lica Bautista de Espa√Īa (UEBE), en Alcobendas, Madrid y profesor invitado en otras instituciones. Pertenece a la Asociaci√≥n de Te√≥logos Juan XXIII. Ha publicado numerosos art√≠culos y estudios de investigaci√≥n en diferentes revistas, diccionarios y anales universitarios y es autor de 24 libros, algunos de ellos en colaboraci√≥n.

 

 

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