EN PERSPECTIVA

Estados imperfectos sujetos a gobiernos imperfectos ¡Qué locura!

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quero125(JUAN MANUEL QUERO, 28/08/2012) Este título parece una frase catastrófica y negativa, pero en el paso del tiempo, se constata regularmente esta realidad, lo que no debería significar una renuncia y una desconfianza sistémica. El apóstol Pablo apelaba a la necesidad de sujetarnos a las autoridades, a pesar de sufrir en sus propias carnes la imperfección de las mismas, ya que fue maltratado ignominiosamente, tanto por los gobernantes civiles como religiosos (Tito 3:1). No hace tanto tiempo nuestra sociedad podría dejarse mover por unos gobiernos compuestos por los partidos políticos que se acercaban a una ideología determinada, bien de izquierdas, de derechas, o centristas. Con ello se entendía poderse asegurar una dirección más o menos definida en sus acciones. Pero este objetivo se fue difuminando progresivamente, y se hablaba de una política de derechas con inclinación más centrista, o una de izquierdas que se movía algo más hacia la derecha. En este baile de convicciones el centro parecía ser un comodín para todos, y los centristas ya no tenían mucha razón de ser.

Así parecía que dábamos paso a una nueva etapa, la del pragmatismo, o el programa electoral, independientemente de la ideología del partido político. El pragmatismo ya se desarrollaría como un sistema filosófico a partir del siglo XIX, por insignes pensadores estadounidenses, tales como Charles Sanders Peirce, John Dewey y William James. Y si bien, también existen diferentes escuelas dentro del pragmatismo, y se diferencia el pragmatismo filosófico del político, lo cierto es que este busca aquello que simplemente sea funcional. Por ello las verdades absolutas no priman, sino que son las ideas provisionales en base a la necesidad existente. Pero los programas políticos también se resquebrajan, y los partidos políticos se acusan unos a otros de mentirosos, y los ciudadanos así los constatan.

No hay leyes que puedan castigar los incumplimientos o no de los programas políticos, pues a qué gobierno le interesaría plantear esto. De ahí que también el pragmatismo entre en otra fase de relativismo, y la política de márquetin se imponga. Todos los líderes se quitan ya la corbata, o se la ponen, independientemente de sus ideas, la cuestión es ganarse apoyos y votos. Quizás lo que toca en estos momentos es sopesar todas las realidades socio-políticas, teniendo en cuenta tanto las ideologías y los programas, como la forma de acercarse a las realidades más concretas de los ciudadanos. Pero ya es inevitable que la desconfianza se dé, sea cual sea el partido que gobierne. Los casos de corrupción se dan en todas las esferas. Y para colmo, en estas corrupciones muchas veces los ciudadanos participan de muchas formas. Los desfalcos económicos salen por todos sitios y con todos los signos políticos. El orgullo de los estados se manifiestan incluso de forma internacional. Se puede ver un ejemplo en la embajada de Ecuador en Londres. Tras algunos argumentos lo que se impone es quién tiene la última palabra, porque ¿a quién le importa realmente lo que le ocurra al creador de «WikiLeaks», cuando existen tantos casos, que siendo de mucha más envergadura, son procesados de forma inadecuada?

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Otro ejemplo, que nos puede dar una perspectiva algo diferente, de la imperfección de gobiernos y estados, sería el accidente del avión de Spanair. El día 20 de agosto de 2008, cumpliéndose en estos días 4 años del suceso, el vuelo 5022 se estrella nada más despegar. Murieron 154 personas. El motivo quedó pendiente del análisis de la «caja negra». Actualmente las dudas del siniestro, después de 4 años, siguen estando ahí, a pesar de que se hable de una mala configuración de despegue, o de un problema en la apertura de los «flaps». Pero en el fondo aquí se ve también la imperfección de un estado dirigido por un gobierno imperfecto. Los gobiernos procuran unas leyes de seguridad cuyo cumplimiento ha de ser supervisado; los estados compuestos por los ciudadanos han de acatarlas; pero en el conjunto de acciones, la imperfección se constata. Algunos líderes religiosos buscan culpables espirituales, y realizan otros juicios, pero ellos mismos también son imperfectos, y la religión no escapa de esto. Muchas veces es el que atiende en una ventanilla, quien limita una acción justa; otras es el Ministro quién se equivoca en algunas directrices; otras los jueces…

¿No sería por esto que Jesús nos pedía que orásemos por los gobernantes y por los que nos presiden? En un mundo imperfecto necesitamos referencias perfectas, que produzcan cambios en el corazón del los estados y de sus gobiernos. Esto empieza por cada ciudadano, por cada político, que siendo conscientes de nuestras limitaciones, estén dispuestos a mirar a Dios, para tener una visión adecuada de las cosas. Esto, comenzando por cada uno de nosotros, nos ayudaría a enderezar lo injusto, procurando así una relación de confianza, que nos lleve a sujetarnos en un proyecto de bien.

Autor: Juan Manuel Quero

© 2012. Este artículo puede reproducirse siempre que se haga de forma gratuita y citando expresamente al autor y a ACTUALIDAD EVANGÉLICA

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