“Lo que un viejo relato bíblico sigue revelando sobre la ambición, la impunidad y la eterna tentación de confundir el poder con la razón”

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(JORGE FERNÁNDEZ, 08/01/2026) | La Biblia es un libro extraordinario. Y no lo es únicamente para quienes creemos en Dios y encontramos en sus páginas alimento espiritual. Lo es también —y quizá esto sorprenda a algunos— para quienes no creen.
Este texto que ofrecemos a continuación constituye la antesala de una reflexión más extensa que el autor, Máximo García Ruiz, dedicará al tema “Revelación e Inspiración”, eje esencial de la fe cristiana y de la comprensión bíblica.

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(Máximo García Ruiz, 07/01/2026) | A modo de prolegómenos, el presente artículo plantea las preguntas fundamentales que preceden a toda indagación sobre la manifestación de Dios y su comunicación con el ser humano. En las próximas entregas —tituladas “Dios se manifiesta a sí mismo” e “Inspiración”— el autor abordará, desde la experiencia de la fe y el discernimiento de la razón, el modo en que Dios se da a conocer y el papel del ser humano como receptor y transmisor de su Palabra. Este texto introduce así el marco de reflexión necesario para adentrarse con rigor y humildad en uno de los misterios más profundos de la teología cristiana.
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Prolegómenos necesarios
La historia de la Humanidad protagoniza un eterno debate que, aunque sus protagonistas recorran senderos diferentes, su finalidad es siempre la misma: descifrar el tipo de relación que se establece entre la divinidad y los seres humanos. Para llegar a ese punto de comprensión el ser humano se sirve de mitos, fábulas, leyendas, parábolas, alegorías, sueños, visiones, a través de las cuales poder establecer vínculos de relación que le permitan entender y disfrutar del favor divino.
Cada sistema filosófico o religioso ha establecido sus propios códigos e itinerarios, a veces en formato de hipótesis y otras de tesis, aunque tal y como afirma el biblista Antonio Piñero, en la mayoría de los casos nos movemos con hipótesis de lo que podría ser, y ello debido a nuestra ignorancia de lo que es realmente.
Ahora bien, sea cual fuere el camino que se emprenda y lo lejos que llegue el ser humano en su búsqueda y recorrido, la experiencia pasa, necesariamente, por la fe. Claro que Dios y el ser humano se mueven en terrenos diferentes y la conexión de uno y otro incluye un tramo importante, cuyo acceso está reservado a la fe, es decir, asumir la creencia en algo sin necesidad de que ese algo esté confirmado por la experiencia o por la razón. En el terreno religioso la fe se traduce en creer como verdad indudable lo que la religión enseña.
No es menos cierto, por otra parte, que existe un espacio inmaterial en el ser humano se mueve a veces con enorme creatividad, estableciendo conexiones de tipo transcendente, más allá de la experiencia humana y de la razón filosófica, aunque en otras ocasiones lo haga en una absoluta oscuridad. Lo atestigua el testimonio de quienes confiesan ese tipo de experiencias trascendentes, más allá de lo que la razón admite, que les capacita para percibir en el ámbito de la espiritualidad otro tipo de realidad a la que no se tiene acceso por medio de la razón.
Antes de entrar directamente en el tema indicado en el enunciado de este trabajo, que afrontaremos dentro de la órbita monoteísta del cristianismo, debemos formularnos algunas preguntas, que reduciremos a cuatro, para las que, previsiblemente, no vamos a encontrar respuestas válidas y convincentes para nuestros lectores; preguntas que se formulan aquellos que, tal vez, no han tenido esa visión y experiencia extrasensorial, más allá del alcance de lo que la razón y el conocimiento que percibimos a través de los sentidos pueda certificar como creíble o aceptable. Son preguntas para la reflexión personal a las que, repetimos, no se encuentran respuestas suficientemente convincentes o las respuestas que planteemos, resulten escasas o inaceptables para otros.
Las preguntas planteadas son:
1. ¿Es comprensible que el Dios universal e infinito, creador del cielo y de la tierra, que no tiene principio ni fin, haya optado por revelarse a la Humanidad tan solo hace unos pocos años (seis mil aproximadamente) después de haber transcurrido entre 200.000 y 300.000 años asignados por la ciencia a la presencia del homo sapiens, tras un proceso evolutivo de millones de años?
2. ¿Es razonable que esa revelación de Dios se haya producido únicamente a través de un ínfimo pueblo sin ninguna relevancia en el espacio universal?
Sistemas teológicos ha habido, especialmente en la Edad Media, que tienen respuestas muy elaboradas para éstas y para otras preguntas semejantes; respuestas sumamente confusas en muchos casos, pero renunciamos a ellas porque consideramos que aportan más tinieblas que luz. De mayor interés nos parecen las respuestas que puedan aportar los propios lectores a partir de una experiencia y reflexión personal, aunque por nuestra parte no rehuyamos compartir nuestra propia reflexión.
3. Aparte del judaísmo-cristianismo, ¿existe alguna otra religión verdadera que permita, o que haya permitido, el reencuentro del ser humano con Dios, y ser salvo?
4. Desde el punto de vista de la salvación por fe en Jesucristo, ¿qué ocurre con los millones de personas que han habitado la tierra desde entonces fuera del ámbito de influencia del cristianismo?
Como reflexiones personales:
1. Afrontamos el tema propuesto desde la experiencia de la fe como don de Dios, aunque sin perder de vista la razón como atributo concedido por el mismo Dios a los seres humanos como medio de discernimiento. Por fe se acepta la revelación de Dios conforme es presentada en la Biblia que culmina en Jesucristo como Hijo de Dios.
La fe nos abre un camino ignoto que tenemos que recorrer asumiendo nuestra ignorancia y aceptando que el conjunto de experiencias y referencias aportadas por la Biblia ha ido configurando una experiencia personal con proyección colectiva, guiada por un impulso divino al que conocemos como Espíritu Santo.
Ahora bien, la fe no enturbia nuestra percepción de que es preciso aproximarnos a la Biblia despojados de fanatismos y de ideas preconcebidas. Se hace necesario evitar hacer esa aproximación por medio de una lectura literal que nos haga olvidar que todo lo escrito ha sido escrito por personas finitas, en lenguaje humano, a partir de hechos históricos unas veces y otras de reflexiones personales que, por consiguiente, contienen errores sobre esos hechos, repeticiones contradictorias y ejemplos de sus protagonistas nada edificantes.
No obstante, en ese conjunto de relatos, experiencias y consignas, en el que se conjugan fe y razón, encontramos gracias a esa guía del Espíritu Santo que hemos aceptado por fe, palabra de Dios.
2. Como segunda reflexión personal, reconociendo los atributos que se asignan a Dios de poder absoluto, ubicuidad infinita, amor perfecto, damos por supuesto que Dios ha hecho, hace y hará posible ofrecer a todos los seres humanos una forma que haga posible el reencuentro, cualquiera sea la época en la que haya vivido o en la que se viva actualmente o en el futuro.
Lo mismo que nos ha ocurrido con el proceso seguido por Dios en el entorno de nuestra cultura judeocristiana, ha sucedido o va a suceder con cualquier otra vía de reflexión y reencuentro que se adopte. Los designios de Dios, evidentemente, son inescrutables para el ser humano.
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Revelación e inspiración son dos términos relacionados con las Escrituras (Torá, Tanaj, Biblia) de los que se ocupa la teología tanto judía como cristiana, pero de los que, en el ámbito judío, especialmente hasta la culminación del período del Segundo Templo, ni sus ideólogos ni sus profetas parecen prestarles gran atención en el terreno conceptual. Simplemente, se da por hecho que Dios se ha manifestado y se manifiesta a su pueblo y que sus reyes, jueces y profetas, hablan en el nombre de Dios. Con eso les basta, aunque ambos términos pudieran tener, como sin duda tienen, mayor enjundia.
Incluso los más versados exégetas coinciden en lo difícil que resulta disociar revelación e inspiración. Por nuestra parte, trataremos de descubrir cual es el alcance que esos términos tienen en nuestros días, es decir, qué se entiende cuando se afirma, por ejemplo, que la Biblia es revelada por Dios y el sentido que se le da a la afirmación de que los autores de sus libros son inspirados por Dios.
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(Próxima entrega: Dios se manifiesta a sí mismo)
Autor: Máximo García Ruiz. Enero 2026 / Edición: Actualidad Evangélica
© 2026- Nota de Redacción: Las opiniones de los autores son estríctamente personales y no representan necesariamente la opinión o la línea editorial de Actualidad Evangélica.
*MÁXIMO GARCÍA RUIZ, nacido en Madrid, es licenciado en Teología por la Universidad Bíblica Latinoamericana, licenciado en Sociología por la Universidad Pontificia de Salamanca y doctor en Teología por esa misma universidad. Profesor de Historia de las Religiones, Sociología e Historia de los Bautistas en la Facultad de Teología de la Unión Evangélica Bautista de España-UEBE (actualmente profesor emérito), en Alcobendas, Madrid y profesor invitado en otras instituciones. Pertenece a la Asociación de Teólogos Juan XXIII. Ha publicado numerosos artículos y estudios de investigación en diferentes revistas, diccionarios y anales universitarios y es autor de 31 libros y de otros 14 en colaboración, algunos de ellos en calidad de editor.
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“Hemos de admitir nuestras necesidades, a pesar de nuestras apariencias, para que el Espíritu Santo haga su obra en nosotros: de curación, de pacificación, de amor, de ánimo, de fuerzas nuevas”

Imagen tomada del libro "Su Palabra: Salvación", de Juan Manuel Quero
(JUAN MANUEL QUERO, 02/01/2026) | Cuando llegan los últimos días de un año, para despedirlo y para dar la bienvenida al siguiente, se derrama mucho cava o champán, con el que se brinda por un próspero año. Esas gotas burbujeantes, al igual que en otros años, se siguen derramando sobre un suelo lleno de pisadas de gentes que están sufriendo. Se brinda por la paz, pero, este brindis recuerda el de muchos años pasados; copas que se rompieron en manos de muchos, que no han prosperado en lo que de verdad importa.
“En el sur, en mi caso en Buenos Aires, el fin de año era un punto y aparte como Dios manda. Cuando terminaban las clases en noviembre, la tradición era romper los apuntes del curso y lanzarlos al aire como serpentina o confeti. Eso sí que era un punto final…”

(JORGE FERNÁNDEZ, 30/12/2025) | No sé si será la nostalgia inevitable de estas fechas —en las que quienes nacimos fuera de España recuperamos, casi sin querer, las viejas Navidades de verano, con los preparativos de Nochevieja alternándose con chapuzones en la piscina o baños de playa—. O quizá tenga que ver con que este año no me han quedado días de vacaciones y me ha tocado vivir las fiestas trabajando en Madrid. Anyway, como dirían mis amigos estadounidenses, el caso es que me ha dado por pensar en las diferencias climáticas, pero también psicológicas, educativas y sociolaborales, de las fiestas según se celebren en uno u otro hemisferio.

(Editorial, 23/12/2025) | Desde Actualidad Evangélica, en esta Navidad queremos, ante todo, dar gracias a Dios por el camino recorrido y por cada persona que lo hace posible.
Entre tantas críticas injustas, los evangélicos a veces olvidamos reconocer las palabras justas y valientes que nos retratan con objetividad.

Comentario de Rubén Amón en Espejo Público, esta mañana
(Redacción, 23/12/2025) Acostumbrados al tratamiento que suelen dispensarnos los medios españoles, los cristianos evangélicos vivimos, casi sin darnos cuenta, en permanente estado de alerta. Hemos aprendido a reaccionar con rapidez ante cualquier comentario despectivo, tergiversado o simplemente ignorante que se vierta sobre nosotros en tertulias e informativos. Pero esa misma actitud defensiva, comprensible por otro lado, puede cegarnos frente a algo inusual: cuando alguien habla bien de nosotros.
“Hablo por mí. No descarto que haya personas más coherentes que yo, con menos contradicciones entre lo que creen y lo que viven. No lo dudo. Pero, en lo que a mí respecta…”

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(JORGE FERNÁNDEZ, 20/12/2025) | “Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño…”, dice el apóstol Pablo en 1 Corintios 13:11. Esta frase vuelve a mi mente cada vez que me enfrento al dilema planteado en Romanos 2:14-16, donde el apóstol afirma que los paganos —quienes no conocen al Dios de la Biblia ni su Ley— serán juzgados por sus propios razonamientos, es decir, por su conciencia moral, cuando “Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres”.
Novena entrega de esta serie del Dr. Máximo García que se inscribe en la línea de investigación que el autor ha desarrollado en obras anteriores y propone un recorrido por los principales temas de la Biblia y de la teología cristiana

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(Máximo García Ruiz, 19/12/2025) | El destierro en Babilonia y, en especial, el período persa, marca una línea divisoria para el pueblo hebreo. En Babilonia, durante el destierro, se va a gestar la religión que mayor relevancia iba a tener en el mundo contemporáneo, tanto por lo que ella misma representa, como por el hecho de haber sido el sustrato en el que tomarían forma las otras dos religiones monoteístas: cristianismo e islamismo.
La obra que tenemos entre manos (ampliada por Christopher J. H. Wright) se considera clásica. La misma surgió de la pluma de John Stott tras el importante Congreso de Lausana en 1974.

(Alfonso Pérez, 18/12/2025) | Algunas de las cuestiones que se debaten en el seno de algunas iglesias o entre ellas, en ocasiones uno se pregunta cómo se ha llegado hasta allí. Parecería que esas cuestiones estarían más allá de toda duda, que se habría llegado ya hace mucho tiempo a una opinión aceptada por todos y ello sin mayor problemática. Todavía es más sorprendente cuando lo discutido es de una enorme trascendencia y no ya para las creencias históricas del cristianismo, sino para la misma vida física y psicológica de las personas a las que implica.
Nos gustan la fiesta y la siesta, trabajar lo justo, conservamos tradiciones ancestrales de maltrato animal y nos caracteriza un temperamento colectivo proclive al fanatismo y a la intolerancia.

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(JORGE FERNÁNDEZ, 16/12/2025) | ¿Hablamos de estereotipos, querida amiga o amigo lector? Si has superado el umbral del titular y la entradilla que encabezan esta reflexión, y has llegado hasta aquí con la ira contenida y un “¿cómo se atreve…?” asomando a los labios, te pido disculpas. Pero esa era exactamente la intención: que pudieras experimentar, aunque solo sea por un instante, lo mismo que siente un cristiano protestante y evangélico en este país cuando el poder mediático dibuja una caricatura grotesca de su fe, de su pensamiento y de su práctica religiosa.
Octava entrega de esta serie del Dr. Máximo García que se inscribe en la línea de investigación que el autor ha desarrollado en obras anteriores y propone un recorrido por los principales temas de la Biblia y de la teología cristiana

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(Máximo García Ruiz, 12/12/2025) | El tránsito de la época de los jueces a la monarquía está protagonizado por un juez-profeta o, si se prefiere, un profeta-juez, Samuel, de gran prestigio entre las tribus de Israel. Dos son los personajes, aparte de Samuel, que protagonizan el tramo de la historia a la que vamos a hacer referencia: Saúl y David.
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