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CRISTIANOS PERSEGUIDOS / COREA DEL NORTE

El Encuentro Nacional de Puertas Abiertas contará con un testimonio único de la persecución en Corea del Norte

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“El testimonio de Hea Woo no solo es impactante por haber sobrevivido a varios años de horrores en un campo de exterminio al estilo nazi, sino por haber vivido verdaderos milagros de parte de Dios y haber sido luz y sal en medio de esa situación tan miserable”

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Una guardiana de prisiones norcoreana custodia la verja de una cárcel junto al río Yalu, en la frontera con China, en mayo de 2011. (Reuters)

(MADRID, 02/03/2017) El Encuentro Nacional de Puertas Abiertas 2017, que tendrá lugar en la Iglesia Evangélica de Aluche el próximo sábado 1 de abril y en el que se puede inscribir a través de la página web del encuentro, contará con una invitada de excepción: Hea Woo*, superviviente de un campo de trabajo forzoso en Corea del Norte.

El testimonio de Hea Woo no solo es impactante por haber sobrevivido a varios años de horrores en un campo de exterminio al estilo nazi, sino por haber vivido verdaderos milagros de parte de Dios y haber sido luz y sal en medio de una situación tan miserable para miles de cristianos en Corea del Norte.

Puertas Abiertas te invita a que te inscribas al Encuentro Nacional de Puertas Abiertas 2017 y puedas participar del programa de talleres y charlas preparadas durante todo el día 1 de abril, entre las que destacará el testimonio y el mensaje que nos compartirá nuestra hermana de Corea del Norte. Además, podrás invitar a familiares y conocidos a conocer su historia en la reunión abierta que tendrá lugar en la Iglesia Evangélica de Aluche (Madrid) a las 18:30h de la tarde.

Y por si aún no te convence, aquí dejamos el impactante testimonio de Hea Woo…

Compartiendo el Evangelio en el campo de exterminio de Kim Jong-Il

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Hea Woo ahora vive en Corea del Sur, al igual que otros 25.000 refugiados norcoreanos. Es una mujer pequeña, frágil y jovial. Es difícil imaginar que sobreviviese varios años en un lugar parecido a un campo de concentración nazi. Ahora ya hace casi siete años desde que saliera corriendo literalmente de aquel lugar infernal. Así recuerda ella su huida: "El día de mi liberación tuve que esperar ante una enorme puerta eléctrica. Cuando me forzaban a trabajar la tierra fuera del campamento, me acostumbré a esperar hasta que la puerta estuviera completamente abierta. Pero ese día, corrí hacia la puerta y me metí por la estrecha abertura. Cuando llegué a la carretera, seguí corriendo. No miré atrás. Estaba tan feliz de abandonar este horrendo lugar...”.

Mucho antes de que la policía secreta norcoreana trajera a Hea Woo al campo de trabajo, ya había sufrido varias experiencias traumáticas. Durante la Guerra de Corea (1950-1953), cuando aún era una niña, los soldados norcoreanos ordenaron a la gente de la aldea que marchase a la frontera china. Les llevó dos meses llegar hasta ahí. La gente caminaba por la noche y se protegía de los bombardeos americanos durante el día. El padre de Hea Woo, médico, fue asesinado mientras servía en el ejército.

La hija mayor de Hea Woo murió de hambre en 1997, con solo veinte años. Después de su muerte, el marido de Hea Woo se fue a buscar sustento para su familia en China. Pero encontró mucho más que eso, conoció a Cristo. No obstante, fue arrestado en China y enviado de regreso. Murió en una prisión de Corea del Norte seis meses después. Algunos de sus antiguos compañeros de celda visitaron a Hea Woo después de su liberación, para compartir con ella lo que les había hablado de Cristo y que sus vidas fueron cambiadas debido a su testimonio. "Me sorprendió escuchar que mi marido se había convertido a Cristo. Pero instintivamente sabía que había encontrado la verdad, mientras yo seguía viviendo una mentira. Estaba segura de que nuestros líderes no eran divinos, en absoluto. Fui a China. Estuve buscando a familiares que viviesen allí, pero se habían ido. Así que fui al único santuario que pude encontrar: una iglesia”.

Allí recibió comida y refugio, y también pudo estudiar la Biblia. Pronto, Hea Woo decidió que quería seguir a Jesucristo. Sin embargo, pensando en su pasado, llegó a un descubrimiento sorprendente. Su madre, que había fallecido en 1990, ¡siempre había sido cristiana!  "Una vez, durante la Guerra de Corea, noté un collar con una cruz alrededor de su cuello. Cuando le pregunté acerca de eso, me dijo que no se lo dijera a nadie. Y ella siempre murmuraba cuando nos preparaba el desayuno. Estaba orando, por supuesto. El más profundo pesar de mi vida es que nunca he podido hablar de la fe con mi madre. No sé por qué nunca me mencionó a Jesús, ni siquiera cuando crecí. Probablemente es porque yo era una chismosa y nada buena para guardar secretos".

Después de unos años, uno por uno, los otros tres hijos de Hea Woo viajaron también a China. Sin embargo, ella fue arrestada antes de que pudiese huir a Corea del Sur. Dos norcoreanos que se quedaron en el mismo refugio se escaparon a un bar, se embriagaron y fueron detenidos por oficiales de policía chinos. Les dieron la dirección de su escondite y cuando llegó la policía, Hea Woo era la única refugiada que estaba allí. Los tres fueron entregados a las autoridades norcoreanas.

"Tuve suerte", dice Hea Woo. "Después de diez meses en la cárcel, solo fui sentenciada a algunos años en el campo de trabajo forzoso, a pesar de mi fe cristiana, aunque casi muero en la cárcel. Los guardias eran implacables. Me golpearon con palos y me dieron patadas. Estaba tan desanimada que empecé a dudar de Dios. Cuando volví a mi celda, me sentí completamente sola, aunque había otros doce prisioneros conmigo. Entonces oí una fuerte voz. Miré hacia arriba, pero nadie se movió ni parpadeó. ¡Yo fui la única que oía la voz! Escuché que decía: "¡Mi querida hija, estás caminando sobre el agua!" Yo sabía que venía de Dios. Sabía que no se había olvidado de mí. Durante los años que pasé en la prisión y en el campo de trabajo, oí la voz unas cuantas veces. Era Dios que me animaba".

Sin embargo, después de cinco meses en prisión, Hea Woo enfermó terriblemente. "Tuve varias enfermedades. Me dolía la espalda y la garganta, no toleraba la comida, estuve sangrando y solo podía soportarlo cuando me apoyaba contra la pared. Los guardias me llevaron a un hospital. El médico les dijo que solo me quedaban tres días de vida. Oré a Dios. Le supliqué que no me dejara morir antes de que tuviera la oportunidad de contarle al mundo sobre Corea del Norte y de la fe de mi esposo. Había siete guardias crueles y le pedí a Dios que los usara para ayudarme, aunque fueran parte del ejército de Satanás. Ocurrió un milagro. Debido a que los guardias supieron que estaba a punto de morir, me dieron algo de comida extra. Lentamente me recuperé. Después de cinco meses estaba completamente curada. Fue increíble. No recibí ningún medicamento, dormí en el piso sin sistema de calefacción. Debido al frío, apenas podía dormir. Mis manos y pies a menudo se me congelaban. Había ratas y bichos por todas partes. Con total seguridad, fue Dios quien me mantuvo con vida”.

Entonces, llegó el día en el que un gran camión llevó a Hea Woo y a otros prisioneros a las montañas. Cuando llegó al campo de trabajo, le impresionó la enorme cerca que lo rodeaba. Se podían leer en ella unas pocas palabras:

“NO INTENTE ESCAPARSE. SERÁ ASESINADO”

Los guardias llevaron a Hea Woo a una barraca que tenía que compartir con otras cincuenta mujeres.Cada día tenía el mismo ritmo monótono. Este era su horario:

05.00: Despertarse

05.30: Recuento de prisioneros en las barracas

06.00: Desayuno (2 o 3 cucharadas de arroz)

08.00: Trabajos forzosos (trabajo agrícola, sin descanso)

12.00: Almuerzo (otras 2 o 3 cucharadas de arroz)

02.00: Trabajos forzosos

06.00: Sesión de crítica y cena (criticarse unos a otros sobre lo que han hecho mal durante el día y, después, otras 2 o 3 cucharadas de arroz)

08.00: Formación ideológica ("La parte más difícil del día. Estábamos hambrientos y cansados. Se nos cerraban los ojos. Pero teníamos que estar despiertos y prestar atención o nos castigarían")

09.30 Recuento de prisioneros.

10.00 Dormir

Cuando se le pregunta cuál fue el peor momento, permanece en silencio: "No podría decirte. Cada día era una tortura. A menudo tenía que pensar en las plagas de Dios para Egipto. Estando en este campo de concentración tenía ganas de sufrir todas esas diez plagas al mismo tiempo. La gente moría y quemaban sus cadáveres. Los guardias dispersaban las cenizas por el camino. Caminábamos por ese camino todos los días y pensaba: un día los otros prisioneros caminarán sobre mí".

Y aun asi…. "A pesar de todo, permanecí fiel a Dios. Quiero que escribas eso. Me mantuve fiel y Dios me ayudó a sobrevivir. No solo eso. Él me dio un corazón deseoso de evangelizar a otros prisioneros. Francamente, estaba demasiado asustada para hacerlo. Quería vivir. ¿Cómo podía Dios pedirme que les hablase a los demás prisioneros acerca de Jesús? Moriría si me atrapaban. Pero Dios insistió. Me mostró a qué prisioneros debía acercarme. Sentía escuchar ‘Esa persona’, así que iba a la persona y le hablaba de lo que está en Hechos 16:3, que tenía que creer en Jesús y que ellos y sus familias serían salvos. Era un mensaje alentador para los prisioneros, que caminaban al borde de la muerte cada día. Fueron convertidos fácilmente. No solo por lo que dije, sino que vieron al Espíritu trabajando en mí. A veces daba del poco arroz que tenía a los demás. Cuando la gente estaba enferma, fui a verla y les ayudaba a lavar su ropa ".

Así nació la comunión secreta de los cristianos. "Traté de enseñarles las cosas que sabía. Tal vez no era mucho. No tenía una biblia para leerla. Solo podía compartir lo que sabía y los pasajes que recordaba. Los domingos y el día de Navidad, nos reuníamos en lugares secretos, como los labavos. Allí teníamos una pequeña reunión de adoración. Les enseñé himnos y cantábamos suavemente. Las cinco sobrevivimos al campamento, porque nos cuidábamos. No nos metimos en problemas a pesar de nuestras reuniones secretas”.

Sólo una vez, poco antes de que Hea Woo fuera liberada, casi fue atrapada. "Se me permitió trabajar sola. Así podía cantar suavemente, pero con mi entusiasmo el canto se hizo más fuerte. Un guardia cercano me escuchó y me ordenó entrar. Estaba muy molesto. ‘¿Qué cantaste?’, me preguntó. Le dije que era una canción política. Dijo que había oído algo más. ‘No has oído bien. Estabas lejos’, respondí. Me dejó ir solo con la sentencia de estar un día sin comer, pero me di cuenta de que seguía siendo sospechosa. Cada vez que me miraba, me miraba fijamente. Me asusté y le pregunté a Dios si podía, por favor, quitarme a ese guardia. Diez días después, vi al guardia salir corriendo de su barraca, vomitando. Más tarde supe que tuvo que quedarse en el hospital por dos meses. Ya no me molestaría. Pocos días después me liberaron”.

Dios la mantuvo viva en el gulag norcoreano. Hea Woo sigue estando muy agradecida por ello. Oró para poder ir a Corea del Sur. Su hijo ya había llegado allí y había contratado a varios agentes para llevar a su madre también al sur. "Estoy muy feliz aquí", dice Hea Woo.

"No soy rica, en comparación con la mayoría de la gente de aquí, pero tengo a Jesús en mi corazón. Él es el pastor del salmo 23, el salmo de mi vida. Lo meditaba todos los días en el campo de trabajo. Quizás estuve en prisión. No importa. La situación en la que estaba no tuvo impacto en quién es Jesús. Él es mi pastor. Me sentí tranquila a pesar de las circunstancias. Aunque estaba en el valle de la muerte, no temía a nada. Dios me confortaba todos los días, algunas veces de una manera muy especial como cuando Dios literalmente me habló y me dijo que yo era su hija amada. Sabía que Dios estaba preparando una mesa para mí. Él me bendecirá y me glorificará. Tal vez en esta vida, tal vez en la siguiente. No importaba antes y no importa ahora. Moraré con Él para siempre ".

Más información e inscripciones:

Puertas Abiertas
Contacto para los medios:  Pau Amat
Teléfono: 854 708 153

Email:  paua@puertasabiertas.org

* Hea Woo es un seudónimo para proteger su identidad
Fuente: Puertas Abiertas España


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