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TURQUÍA: PASOS ATRÁS HACIA EL INTEGRISMO RELGIOSO

El rezo del Corán en Santa Sofía genera tensión entre Turquía y Grecia

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Atenas protesta por la lectura diaria y televisada del Corán desde la basílica, uno de los principales atractivos turísticos de Estambul y que fue declarada museo por Atatürk

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La basílica de Santa Sofía, en el centro histórico de Estambul. OZAN KOSE (AFP)

(ESTAMBUL / MADRID, 16/06/2016) Una lectura del Corán desde la monumental Santa Sofía de Estambul se ha convertido en el enésimo motivo de fricción entre dos enemigos inveterados, Grecia y Turquía, cuya frontera marítima del Egeo lleva meses crispada por la crisis migratoria y, según denuncia Atenas, las frecuentes incursiones de cazas turcos en su espacio aéreo. Durante el mes sagrado del Ramadán, el templo, una de las principales atracciones turísticas de la ciudad, es por primera vez escenario de una lectura diaria y televisada del Corán, lo que ha provocado una airada protesta de las autoridades griegas.

Tras la caída de Constantinopla en 1453, que puso fin al Imperio bizantino (cristiano) y dio paso a cuatro siglos largos de dominio otomano —es decir, musulmán— sobre Grecia y buena parte de los Balcanes, Santa Sofía fue reconvertida en mezquita, pero su transformación en museo en 1934 por el laico Mustafá Kemal Atatürk pareció dejar en tablas la disputa. La Unesco contribuyó a su manera a enterrar los agravios históricos, y religiosos, declarando el monumento patrimonio de la Humanidad. La salomónica decisión de Atatürk respecto a la basílica implicaba que no sería ni iglesia ni mezquita, sino un museo. Y como tal, el rezo en ella quedaba prohibido a cualquier confesión.

Santa Sofía fue reconvertida en mezquita, pero su transformación en museo en 1934 por el laico Mustafá Kemal Atatürk pareció dejar en tablas la disputa. La Unesco contribuyó a su manera a enterrar los agravios históricos, y religiosos, declarando el monumento patrimonio de la Humanidad.

Pero la decisión del fundador de la moderna República de Turquía se diluye progresivamente en un país en el que su presidente, Recep Tayyip Erdogan, utiliza cada vez en mayor medida la religión islámica para cimentar su poder. El cuestionamiento del estatus de Santa Sofía, antaño obra sólo de grupos marginales islamistas y ultranacionalistas, es ahora más amplio. En los últimos años se han registrado propuestas en el Parlamento para debatir su reconversión a mezquita y el ex viceprimer ministro Bülent Arinç aseguró que el Gobierno llegó a planteárselo, espoleado por pequeños pero simbólicos pasos de las autoridades turcas: una parte del recinto fuera de la basílica se ha habilitado para el rezo y se llama a la oración desde sus minaretes; en mayo, cientos de islamistas liderados por un imán —que en Turquía tienen categoría de funcionarios— rezaron frente al monumento y pidieron su conversión en templo islámico en un acto bautizado como “oración de la conquista”. Algo parecido, salvando todas las distancias, a lo que sucede en Córdoba con su mezquita, detitularidad eclesiástica (y donde de vez en cuando intenta rezar la comunidad islámica local, formada mayoritariamente por españoles conversos).

El Ministerio de Exteriores griego reaccionó con contundencia, acusando a Ankara de tomar una decisión “regresiva” e incompatible con “sociedades modernas, democráticas y laicas”, poniendo el dedo en la llaga de la cada vez más islámica Turquía.

Durante este mes de Ramadán y con el permiso expreso del Ministerio de Cultura y Turismo, la cadena pública TRT Diyanet, perteneciente a la Dirección de Asuntos Religiosos, emite desde Santa Sofía un programa durante el sahur (última comida antes del alba) que incluye lecturas del Corán. El invitado de la primera emisión fue Mehmet Görmez, presidente de dicha dirección y clérigo musulmán de mayor rango de Turquía, al que durante la transmisión se pudo ver orando en el interior del museo-templo.

El Ministerio de Exteriores griego reaccionó con contundencia, acusando a Ankara de tomar una decisión “regresiva” e incompatible con “sociedades modernas, democráticas y laicas”, poniendo el dedo en la llaga de la cada vez más islámica Turquía. La réplica de Ankara fue recordar la lista de agravios acumulados: entre otros, que Grecia no permite desde hace años la construcción de una mezquita en Atenas (financiada por Turquía, que además sería la primera oficial en la ciudad), y también que margina a la minoría musulmana de Tracia (alrededor del 1% de la población), a la que insiste en denominar, para gran enfado griego, “minoría turca”. La contrarréplica helena recordó que en la Tracia hay 320 lugares de culto musulmán (oratorios y mezquitas informales). De hecho, un diputado de Syriza pertenece a esa minoría y pudo jurar su cargo sobre el Corán sin problemas.

El cruce de acusaciones entre ambas cancillerías es más que significativo, recordaba Kostas Iordanidis en el diario Kathimerini, ya que las airadas quejas griegas no han salido del Ministerio de Cultura —lo lógico por la dimensión cultural y patrimonial del monumento—, ni siquiera de la Iglesia de Grecia, sino de las cancillerías, es decir, de la alta política. Es el poder de los símbolos, que en el caso de Grecia y Turquía parece cargar el diablo. Por cierto, la Iglesia ortodoxa está representada en la ciudad turca por el patriarcado ecuménico de Constantinopla, porque para los ortodoxos - y sobre todo los griegos- la ciudad del Bósforo sigue llamándose así, como en época bizantina... Aunque la palabra "Estambul", por cierto, también procede del griego.

¿UN NUEVO CISMA EN ORIENTE?

MARÍA ANTONIA SÁNCHEZ-VALLEJO

El patriarcado ecuménico de Constantinopla lucha contra el reloj para que de la prevista cumbre de iglesias ortodoxas que se celebrará en la isla de Creta (Grecia) del 19 al 27 de junio no se descuelgue ningún participante más. El encuentro, histórico, se está viendo en entredicho por la retirada de la Iglesia ortodoxa de Bulgaria y, en cadena, las de Georgia (de talante muy conservador) y Rusia, que pidió que se posponga la convocatoria “por la ruptura del consenso”. Tampoco asistirá el representante del patriarcado de Antioquia, enfrentado al de Jerusalén. Está por ver si otras iglesias nacionales —el rasgo característico de la cristiandad ortodoxa, que no tiene una Santa Sede como el catolicismo— siguen el ejemplo de las anteriores y, sobre todo, si se dejan llevar por el rechazo de la influyente Iglesia rusa. Para más inri, las crecientes tensiones entre la Iglesia de Serbia y la de Rumania, con acusaciones de injerencia territorial y parroquial por parte de Belgrado a Bucarest, amenazan con hacer descarrilar aún más el encuentro.

En total, hay 14 Iglesias ortodoxas en el mundo, entre las eslavas y las orientales, que agrupan a 300 millones de fieles. El objetivo del encuentro panortodoxo, que iba a celebrarse en principio en Estambul (Constantinopla para los cristianos orientales) hasta que Moscú impuso su veto, parece muy difícil de conseguir dadas las diferencias entre sus curias: lograr la unidad de todas las iglesias que se separaron de Roma en el cisma de 1054. Un divorcio aún no superado que, además, amenaza con reproducirse de puertas para adentro.

Fuente: ELPAIS.COM / A. MOURENZA / M. A. SÁNCHEZ-VALLEJO

 



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