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GRANDES ENIGMAS DE LA BIBLIA / por Máximo García Ruiz

El diluvio universal

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20160115-5

(MÁXIMO GARCÍA RUIZ*, 15/01/2016) | Una hecatombe semejante a la descrita en la Biblia referente al Diluvio universal (cfr. Génesis 6-8) no resulta extraña a otras cosmologías, como veremos más adelante. La referencia que encontramos en el primer libro de la Biblia se remonta a la época pre-abrahámica con la que el autor o autores del Génesis buscan conectar a los hebreos que dan origen al pueblo de Israel.

El personaje central de la historia es Noé, de quien se dice que era “un hombre justo”, “honrado entre sus contemporáneos” y que “vivía de acuerdo con la voluntad de Dios” (cfr. Gén. 6:9, La Palabra). No faltan quienes consideran que el relato sobre el Diluvio es una alegoría que ha ido transmitiéndose de una cultura a otra, si bien el mismo argumento de su interculturalidad es usado con fundamento para afianzar la idea de que se trata de un acontecimiento histórico de grandes dimensiones, que dio origen al relato que sería adoptado y adaptado por distintas cosmologías como propio, revistiéndolo de diferentes características conforme a sus propias tradiciones.

La narración bíblica parte de una concepción hebreo-céntrica del universo, de tal forma que lo que acontece en su entorno cobra dimensiones holísticas, como si todo el cosmos estuviera afectado por ese acontecimiento...

Los científicos, por su parte, se ocupan de encontrar pistas y justificaciones que relacionan con bruscos acontecimientos ocurridos en nuestro sistema solar. El hecho de que el conocido como “diluvio universal” fuera un cataclismo de dimensiones cósmicas o de menor alcance, no encierra tanta relevancia como el haber sido adaptado al mundo hebreo como una señal inequívoca de provisión de Dios en circunstancias extremas.

La narración bíblica parte de una concepción hebreo-céntrica del universo, de tal forma que lo que acontece en su entorno cobra dimensiones holísticas, como si todo el cosmos estuviera afectado por ese acontecimiento, lo cual no significa necesariamente que se trate de un fenómeno propio, sino que, tratándose de un relato universal, muestra la forma cómo fue percibido por quienes lo han transmitido de generación a generación dentro de la tradición judeo-cristiana. Efectivamente, la tendencia natural de los judíos es confundir la parte con el todo, universalizando acontecimientos locales.

Por nuestra parte, tratamos de hacer una interpretación creativa a la hora de afrontar el problema teológico del alcance etnográfico del relato, adelantando que no nos movemos en un terreno iconoclasta ni tampoco impulsados por una motivación apologética sectorial. Buscamos, a semejanza de otros grandes misterios bíblicos, un diálogo entre la Biblia, la religión, la cultura y la ciencia.

La referencia más antigua sobre un fenómeno de las características que narra el Génesis, aparece en la Epopeya de Gilgamesh, de origen mesopotámico. Gilgamesh era un rey tirano de los sumerios. Debido a sus atrocidades, los dioses le castigan. El poema da origen a leyendas fastuosas y mitos recurrentes como el de la eterna juventud y, entre otros, incluye la reseña más antigua sobre el gran diluvio del que únicamente sobreviven el sabio Utnapishtim y su mujer. Según otras inscripciones sumerias, los supervivientes fueron la familia de Khisustros (o Khasistrata), sus amigos, animales domésticos y pájaros, ayudados de una nave equivalente a cinco estadios de largo y cinco de ancho. “Un terrible chorro de agua se elevó hasta el cielo, el océano rebasó la orilla y los ríos, sus riberas”. Las montañas Gordyene de Armenia fueron el refugio de los supervivientes, que volvieron a Sippara a desenterrar recuerdos de su destruida civilización. Y esa leyenda se repite con versiones diferentes en otras inscripciones y relatos míticos.

La comunidad científica ha propuesto la existencia de un gran cataclismo universal, hace entre 9.000 y 12.000 años, que habría acabado con grandes civilizaciones en la tierra y habría quedado en la memoria colectiva de numerosos pueblos como “el diluvio universal”.

Los investigadores han encontrado hasta quinientos relatos de prácticamente todas las culturas que hablan de un gran diluvio, una información que se sustenta con datos geológicos y arqueológicos en tiempos contemporáneos al narrado en la Biblia. Entre otros, aparece en la cultura vinculada a Tiahuanaco, Bolivia, tal vez la ciudad más antigua del mundo, donde existen vestigios de una enorme inundación que algunos arqueólogos identifican con un fenómeno similar al conocido como “diluvio universal”; también en otras culturas precolombinas, como la tolteca centroamericana de los mayas, en sus libros sagrados como el Popol Vuh y el Chilam Balam; o los aztecas. En la tradición griega se dice que Zeus había visto que los humanos se habían vuelto muy engreídos por lo que decidió que tal actitud era inadmisible y mandó una gran inundación; y que, gracias a Promoteo, sobrevivieron Decalión, su mujer Pirra, sus hijos y algunos animales terrestres, incluyendo cerdos, caballos, leones y serpientes, cuyo cobijo fue un gran cofre en el que navegaron durante nueve días y nueve noches con el agua saliendo de la tierra y el mar rebosando. También en la India existen tradiciones similares, versionadas con elementos propios de sus tradiciones pero manteniendo los elementos básicos de la gran inundación y la salvación milagrosa de unos pocos. Y en Australia, y en Persia, en el suroeste de Tanzania, en Japón,  y en otras culturas de mayor o menor repercusión universal.

La comunidad científica ha propuesto la existencia de un gran cataclismo universal, hace entre 9.000 y 12.000 años, que habría acabado con grandes civilizaciones en la tierra y habría quedado en la memoria colectiva de numerosos pueblos como “el diluvio universal”. Un relato en el que se mezclan las especulaciones científicas con las diferentes tradiciones religiosas en las que las coincidencias son muy significativas, si bien cada una de ellas lo reviste de sus propias peculiaridades culturales.

Además de las cuatro fuentes principales de las que, según la hipótesis documentaria, surge en el formato actual el Pentateuco (Sacerdotal, Yavista, Elohista y Deuteronómica), es evidente que el autor o autores de la Torá se hacen eco de otras fuentes de su entorno cultural, especialmente de las procedentes de sus ancestros más directos como era la cultura mesopotámica, cuya redacción final pudo llevarse a cabo en el siglo V a. C. También es evidente que no todas las fuentes se expresan con idéntica contundencia ni literalidad, ni en lo que al Diluvio universal se refiere, ni en otros casos análogos. En una de esas fuentes se habla de “arco iris”, mientras que en otras no se menciona; en una se habla de “las cataratas del cielo”, mientras en otra se dice simplemente que llovió; una fuente habla de que fueron siete animales los seleccionados de cada especie, mientras que otra lo reduce a una simple pareja. No se trata de errores propiamente dicho, ni contradicciones entre unas fuentes y otras; el lector de la Biblia debe entender que se trata de una forma libre de narrar historias o leyendas que forman parte del patrimonio cultural transmitido de forma oral en el que lo importante no son los datos sino el mensaje que encierran.

...sea como fuere, es evidente que la historia que nos ocupa encierra un mensaje de valor universal, al margen de especulaciones sobre ciertos detalles, más o menos curiosos, como si en el Arca pudo darse cabida a la totalidad de animales (terrestres, marinos o aéreos) que pueblan la tierra, incluidos insectos de todo tipo y variedad; importa poco.

 

Tenga un origen mítico inidentificable o un fundamente histórico; lleguen a la conclusión que lleguen los estudios científicos que sobre el tema se han llevado a cabo y siguen siendo motivo de estudio, tanto del Diluvio en sí mismo como del Arca; tengan los hechos narrados un alcance universal o regional; se hayan producido en una u otra parte del mundo o en varias simultáneamente; sea como fuere, es evidente que la historia que nos ocupa encierra un mensaje de valor universal, al margen de especulaciones sobre ciertos detalles, más o menos curiosos, como si en el Arca pudo darse cabida a la totalidad de animales (terrestres, marinos o aéreos) que pueblan la tierra, incluidos insectos de todo tipo y variedad; importa poco. Tiene poco valor, igualmente, especular con las dimensiones y compartimentos, que en tal caso debería estar dividida la embarcación.

Insistimos, lo realmente trascendente, lo que pretende el Pentateuco en su conjunto, el libro del Génesis de forma especial y el relato del gran diluvio  protagonizado por Noé de forma específica, es trasladar al pueblo escogido tres lecciones básicas: 1) la corrupción, la rebeldía y la desobediencia a Dios (“había crecido la maldad de los hombres sobre la tierra”, Gén. 6:5) tienen unas consecuencias nefasta. Dios actúa a través de la propia naturaleza, que tiene recursos para castigar los desvíos y la vulneración del mandato divino; 2) no obstante, la misericordia divina se deja sentir entre aquellos que son capaces de ajustar su vida al mandato divino, representados en este caso por Noé, y provee medios para salir victoriosos de las catástrofes a las que les han conducido sus veleidades y su maldad; y 3) incluso en medio de los grandes desastres puede encontrarse una vía de escape si se confía en el Dios que les ha sacado de Egipto y les ha conducido por el desierto hasta instalarlos en la tierra prometida. Y así va a ser en lo sucesivo, a cuyos efectos, Dios hace un pacto con Noé (cfr, Gén. 8; 21:22).

Autor: Máximo García Ruiz*, Enero 2016.


© 2016- Nota de Redacción: Las opiniones de los autores son estríctamente personales y no representan necesariamente la opinión o la línea editorial de Actualidad Evangélica.

20120929-1*MÁXIMO GARCÍA RUIZ, nacido en Madrid, es licenciado en Teología por la Universidad Bíblica Latinoamericana, licenciado en Sociología por la Universidad Pontificia de Salamanca y doctor en Teología por esa misma universidad. Profesor de Sociología y Religiones Comparadas en la Facultad de Teología  de la  Unión Evangélica Bautista de España (UEBE), en Alcobendas, Madrid y profesor invitado en otras instituciones. Pertenece a la Asociación de Teólogos Juan XXIII. Ha publicado numerosos artículos y estudios de investigación en diferentes revistas, diccionarios y anales universitarios y es autor de 24 libros, algunos de ellos en colaboración.

 

 

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