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GRANDES ENIGMAS DE LA BIBLIA / por Máximo García Ruiz

Jonás tragado por un gran pez

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(MÁXIMO GARCÍA RUIZ*, 08/01/2016) | La historia de Jonás es la historia de un hombre huyendo de Dios que termina siendo tragado por “un gran pez” a causa de su rebeldía. Niños y grandes se han preguntado a lo largo de los tiempos qué pez sería ese con capacidad de tragarse entero a Jonás, permitir que viviera confortablemente instalado en su vientre durante tres días y posteriormente ser devuelto a la vida como si nada hubiera pasado.

No resulta sencillo encuadrar el libro de Jonás en un género determinado. Como  profético no se atiene a las normas habituales en ese tipo de escritos de servirse de oráculos.

Debido a su enorme tamaño, la fantasía popular ha determinado que se trataba de una ballena, sin tener en cuenta que la constitución física de este animal marino, no le permite tragar cuerpos tan voluminosos y se alimenta con peces de pequeño tamaño. Puede acudirse a la verdad axiomática de que “para Dios todo es posible”, lo cual no invalida el mandato divino de “enseñorear la tierra” (cfr. Gén. 1:28), es decir, no conformarse con la fe del carbonero, una fe inmadura e incapaz de reflexionar y buscar respuestas a las grandes incógnitas de la vida. Las propias Escrituras nos instan a investigar en busca de respuestas para desentrañar los grandes enigmas de la historia. Veamos, pues, qué podemos indagar acerca de este hecho asombroso que ocupa una parte del Antiguo Testamento.

No resulta sencillo encuadrar el libro de Jonás en un género determinado. Como  profético no se atiene a las normas habituales en ese tipo de escritos de servirse de oráculos. Para algunos se trata de un libro histórico que relata unos hechos ciertos sucedidos al personaje que los protagoniza; para otros, no parece reunir los elementos necesarios como para ser considerado un relato histórico y se inclinan más bien por considerarlo como una narración novelada en relación con una leyenda vinculada a Nínive que encierra un mensaje inclusivo de la misericordia de Dios. Y no faltan quienes consideran que se trata de una parábola dramatizada, semejante a la que se narra en el Nuevo Testamento, cuyos protagonistas son el rico Epulón y el pobre Lázaro.

No debería sorprendernos que el libro de Jonás encuentre parangón en historias semejantes vinculadas a otras culturas, como la del griego Arión, arrojado al mar por los piratas y salvado por un delfín encantado por la música de su lira, que establece situaciones en paralelo con lo narrado en el libro de Jonás. En otra historia, en este caso procedente de la India, el hijo de un comerciante se embarca a pesar de las prohibiciones de su madre y el barco fue detenido por una fuerza misteriosa; se busca la causa y la suerte cayó sobre ese marinero desobediente, que es colocado en una balsa abandonándole a su suerte, con lo que el barco pudo seguir su ruta libremente. En una leyenda egipcia del siglo III a. C., un funcionario que hacía un viaje hacia tierras lejanas, naufragó y y permaneció tres días en el agua agarrado a un poste, hasta que una ola lo lleva a una isla y, después de tres días, una serpiente le traslada en su garganta a su morada, de donde regresaría finalmente a su hogar.

Hecho relevante sí que es la tozuda rebeldía de Jonás, que se resiste a obedecer a Dios y, sobre todo, manifiesta una pertinaz oposición a los planes divinos, poniendo todos los medios para rehuir su responsabilidad y evitar la eficacia de la misericordia divina.

Que exista o no dependencia de esos textos en el caso de Jonás, es algo absolutamente secundario si tenemos en cuenta las costumbres orientales de hacer suyas historias y leyendas procedentes de otras culturas pero ajustándolas a su propio contexto y, sobre todo, aplicando su contenido al fin propuesto. Y mientras muchas de esas leyendas pueden tener cualquier otra finalidad, en el caso de los hagiógrafos bíblicos su finalidad es claramente religiosa, para mostrar la intervención de Dios en la historia.

Una vez más debería evitarse que lo anecdótico enturbie el sentido profundo del relato. El hecho relevante de la historia que narra este libro no es mostrar lo paradójico que resulta que un hombre sea tragado por un pez y habite en su interior durante tres días sin que sufra ningún daño; y no sólo permanece tranquilo en ese estado, sino que tiene la serenidad suficiente como para poder componer una oración en forma de poema. Hecho relevante sí que es la tozuda rebeldía de Jonás, que se resiste a obedecer a Dios y, sobre todo, manifiesta una pertinaz oposición a los planes divinos, poniendo todos los medios para rehuir su responsabilidad y evitar la eficacia de la misericordia divina. Hasta tal punto llega la insubordinación de Jonás que su propio éxito como profeta le produce amargura en lugar de alegría.

Pensemos si esa situación tan peculiar y de dimensiones espectaculares, acompañada incluso de otros hechos portentosos, tiene o no alguna explicación que resulte en sí misma razonable y si revela alguna enseñanza especial, sin olvidar que lo realmente medular, que no debe ser relegado a segundo término, es que Jehová deja de ser percibido como un Dios tribal, exclusivo de los judíos y excluyente del resto de pueblos, para hacerse visible como un Dios inclusivo, universal, que tiene un mensaje tanto para el pueblo escogido como para todo el universo, incluidos los enemigos de Israel. Podríamos decir que, de alguna forma, el libro de Jonás se convierte en una especie de “evangelio” del Antiguo Testamento. Ese es el núcleo central del mensaje que encierra el libro. A partir de ahí, nos fijamos en el ropaje, en la manera como se transmite ese mensaje.

Podríamos decir que, de alguna forma, el libro de Jonás se convierte en una especie de “evangelio” del Antiguo Testamento. Ese es el núcleo central del mensaje que encierra el libro.

Aplicando los recursos de racionalidad con los que Dios mismo nos ha dotado, tanto el hecho del gran pez tragándose a Jonás, como la conversión en unos días de una gran ciudad pagana como Nínive, incluido el rey, así como el crecimiento y desaparición de una calabacera, sin olvidar la contumacia de Jonás en su relación con Jehová, resultan hechos totalmente inconcebibles desde nuestra perspectiva humana. Veamos algunos aspectos relacionados que pueden ayudarnos a la reflexión:

1. El relato puede fecharse entre los siglos IX al VI a. C.

2. Nínive (Ninua) era una importante ciudad situada en Asiria, cercana a la actual Mosul, Irak, en la confluencia de los ríos Tigris y Josr.

3. Era un punto importante en las rutas comerciales que cruzaban el Tigris. Llegó a convertirse en una de las más grandes ciudades de la antigüedad.

4. Aunque se tiene una amplia información de la historia de Asiria de ese tiempo, no existe ningún registro fuera de la Biblia que haga mención directa o indirectamente a esa conversión en masa al Dios de los hebreos, ni de nada que pudiera asemejarse.

5. En la narración todos los hechos suceden de forma precipitada, sin apenas tránsito entre unos y otros acontecimientos, a pesar de su relevancia.

6. Da la impresión de tratarse de una composición literaria para dar forma a unas ideas teológicas que el autor quiere transmitir a sus lectores, formando así una obra didáctica.

Ante el recurso a aceptar como válida la literalidad del texto arguyendo que para Dios nada es imposible, nada objetamos. Para quienes consideran que, siendo todopoderoso, Dios respeta  las reglas de la naturaleza con las que él mismo ha dotado al universo, podemos recordar algunos datos que pueden ayudarnos a entender mejor el texto bíblico, mediante una relectura comprensible, ajustada a una exégesis razonable que no vulnere las reglas hermenéuticas más elementales:

1. Resulta científicamente imposible que un pez, y menos una ballena, se trague a una persona, permanezca en su vientre tres días y luego sea expulsado sin haber sufrido ningún daño.

2. El crecimiento y muerte de una planta en un abrir y cerrar de ojos es algo claramente alegórico de la fugacidad de la vida.

3. La referencia a una Nínive convertida a la fe abrahamica (una ciudad que representaba la antítesis de Israel tanto política como religiosamente) tiene toda la pinta de ser una hipérbole para transmitir un mensaje claro y contundente de que el amor de Dios no se circunscribe  a los judíos y que actúa a pesar de las barreras que ellos mismos puedan levantar para impedirlo. Se trata del universalismo de Dios frente al particularismo egoísta de muchos de sus seguidores. Jonás representa la posición cerrada y excluyente de Israel.

4. Nínive, lo más lejano y esplendoroso del mundo que habita Jonás, se convierte en un símbolo y prototipo del Evangelio: “hasta lo último de la tierra”.

5. Para Jonás, es decir, para Israel, debe quedar claro que Jehová es el Señor del universo que domina las fuerzas de la naturaleza, cuya misericordia no admite fronteras.

Pasajes como el que nos ocupa y otros similares nos enseñan que es necesario releer la Biblia con una mirada mucho más profunda de cómo se acostumbra, a fin de encontrar en ella la Palabra de Dios, el mensaje redentor que no establece diferencias entre personas; y hacerlo por encima de las anécdotas, las parábolas, las alegorías o cualquier otro tipo de imagen que no son otra cosa que medios a través de los cuales se manifiesta Dios a los seres humanos.

Distraernos con la anécdota y enredarnos en querer afirmar de esa forma los atributos con que se representa a Dios, es empobrecer la fe y devaluar el texto bíblico.

Autor: Máximo García Ruiz*, Enero 2016.


© 2016- Nota de Redacción: Las opiniones de los autores son estríctamente personales y no representan necesariamente la opinión o la línea editorial de Actualidad Evangélica.

20120929-1*MÁXIMO GARCÍA RUIZ, nacido en Madrid, es licenciado en Teología por la Universidad Bíblica Latinoamericana, licenciado en Sociología por la Universidad Pontificia de Salamanca y doctor en Teología por esa misma universidad. Profesor de Sociología y Religiones Comparadas en la Facultad de Teología  de la  Unión Evangélica Bautista de España (UEBE), en Alcobendas, Madrid y profesor invitado en otras instituciones. Pertenece a la Asociación de Teólogos Juan XXIII. Ha publicado numerosos artículos y estudios de investigación en diferentes revistas, diccionarios y anales universitarios y es autor de 24 libros, algunos de ellos en colaboración.

 

 

 

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