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CUANDO EL DEPORTE ES DAR

Colgó las botas y ahora es "un pastor evangélico no convencional"

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Pedro Tabares era parte del primer equipo del Almagro, un equipo de fútbol de la categoría B Nacional de Argentina. Pero optó por una carrera como profesor de Educación Física y pastor evangélico en lugar de apostar por el fútbol. Ahora, aplica sus conocimientos para ayudar a chicos discapacitados y a quienes tienen problemas con las drogas.

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El pastor Pedro Tabares con jóvenes a los que ayuda desde su congregación

(Buenos Aires, 29/12/2015) Pedro Tabares había recorrido las inferiores de Almagro y escalado hasta ser parte del primer equipo. Llegó a ser suplente en un plantel que por el año 1983 militaba en la Primera C. Sin embargo, la vida de un futbolista profesional no era un anhelo que lo llenara. En lugar de priorizar su propia carrera deportiva, el hombre que hoy tiene 49 años apostó a una vida de servicio plenamente ligada al deporte.

En sus 25 años como profesor de Educación Física, Pedro aprendió que "el deporte es una herramienta para socializar, ayudar a chicos y recuperar muchachos con problemas de adicciones". No obstante, el ámbito donde reafirmó esto no fue el de los colegios ni el de los clubes deportivos, sino en su tarea como pastor en la Iglesia Bautista de El Talar, lugar al que convirtió en una suerte de centro deportivo. "Soy un pastor no convencional", se define en ese sentido el propio Tabares, para quien correr es otra de sus pasiones: es un maratonista aficionado con un récord de 2 horas y 48 minutos en la especialidad.

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Colgó las botas, pero ahora "juega" en la mejor liga: la de la solidaridad.

Pedro estudió profesorado de Educación Física en el Instituto Romero Brest, que funciona en el CeNARD y, al mismo tiempo cursó la Licenciatura en Teología en el Instituto Bíblico Buenos Aires. Luego comenzó a desempeñar ambas carreras.

"Mi trabajo va mucho más allá de dar un sermón el domingo, sino que implica vivir el cristianismo", señala Tabares. En esas vivencias, ha incorporado distintas prácticas deportivas. "Armé una escuela de boxeo en la cual los chicos se entrenaban con una bolsa, nunca pegándose entre ellos", aclara. Y cuenta que los resultados fueron que "seis chicos salieran de las drogas", tres de los cuales hoy colaboran en actividades formativas a través del deporte. Una escuela de taekwondo, clases de fútbol mixto y la preparación para formar un equipo de fútbol femenino son otras de las formas en las que el deporte se hace presente en El Talar.

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Tenis, una forma de ayudar a jóvenes con discapacidades

Desde este año, no obstante, la apuesta fuerte fue abrir un espacio para chicos con discapacidad, área en la que Tabares contaba con experiencia en su función de profesor de Educación Física. Cada sábado por la mañana se busca, mediante el deporte, que chicos con distintas discapacidades mentales o motrices tengan un espacio de contención. "Nuestra ilusión es tener un Centro de Día para jóvenes y adultos con discapacidad, estamos en un proceso", cuenta. De hecho, las actividades iniciadas en marzo fueron el resultado de un largo camino.

Todo comenzó cuando, hace ocho años, una integrante de la congregación fue madre de una chica con síndrome de down. A raíz de esto, Tabares propuso enfocar el trabajo de la iglesia en ayudar a personas con este tipo de dificultades. "Fue un cimbronazo, implicaba abrir las puertas a gente nueva", admite Pedro sobre una actividad completamente autofinanciada.

"Tras muchos años de prepararnos, en marzo arrancamos con once jóvenes adultos de entre 20 y 35 años, muchachos y chicos con retraso madurativo, problemas motrices y discapacidad mental", narra Tabares. También cuenta que vio una mano divina en el plan: justo en el momento de la iniciativa comenzaban a congregarse profesionales idóneos para la tarea, la cual ahora se desarrolla con el trabajo de un músico terapeuta, una terapista educacional y un profesional de counseling, además del propio pastor que en esos momentos se desempeña como docente.

"Yo no entiendo al cristianismo como religión sino como relación que tengo con Dios. Esta relación implica relacionarnos unos con otros y el deporte es ideal para esto"

"El deporte es el idioma universal de integración. Podes tener distintas nacionalidades, culturas, religiones, pero el deporte une", enfatiza Pedro. A partir de esto, "el barrio ha entendido que la iglesia es un lugar para ayudar".

El trabajo con los chicos con discapacidad incluye una diversidad de actividades deportivas. "Los chicos se dispersan mucho, por lo que cambiamos cada dos semanas de deporte. Variamos mucho, desde básquet, hasta tenis, fútbol, etc". Así, los deportes sirven como nexo para compartir momentos de camaradería y otros espacios, como salidas culturales. "Todos viven a unas 20 o 30 cuadras y vamos a buscar a cada uno", agrega.

Por la tarde siguen las actividades deportivas con grupos divididos por edades: los adolescentes y jóvenes practican ya llegada la noche, un orden no librado al azar. "Luego del deporte, les proponemos que se queden a jugar al ping pong, metegol o pool en lugar de salir y emborracharse. Invitamos a una señora a que venga a cocinarles y los chicos tienen un espacio sano. A la medianoche van a su casa a dormir", cuenta con orgullo Tabares.

"Me gustaría abrir un Centro de Día que funcione a diario con chicos especiales. También tengo el sueño de que la iglesia sea un lugar en el cual funcionen escuelas de fútbol, vóley, bochas, tejo y que allí puedan congeniar distintas generaciones, que se puedan acortar las brechas que hay hoy", confiesa Pedro, quien ya ha palpado de cerca cómo el deporte hace precisamente eso: romper barreras o achicar distancias. Y lo recuerda en una anécdota: "Una vez vino un hombre muy borracho a la iglesia y alguien le dijo que yo era profesor de Educación Física, por lo que me desafió a hacer flexiones de brazos. Yo lo invité a correr, aunque pensé que no iba a venir. Finalmente vino y mientras corríamos se abrió conmigo y me confesó de sus problemas con el alcohol".

Es que, sobre todo, para Pedro "el deporte es sociabilización, es el camino para abrir un diálogo". Y es por ello que tanto uso le ha dado en su tarea de servicio: "Yo no entiendo al cristianismo como religión sino como relación que tengo con Dios. Esta relación implica relacionarnos unos con otros y el deporte es ideal para esto".

Fuente: Clarin.com / David Flier

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