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EN PERSPECTIVA / por Juan Manuel Quero

Liberal, fundamentalista, conservador… ¡Cuidado con los conceptos!

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(JUAN MANUEL QUERO, 01/07/2015) | Los conceptos muchas veces son engañosos, y durante siglos se han usado de forma confusa. Hemos sido dotados de un lenguaje que racionalmente hemos de usar para comunicarnos. Esto significa entrar en relación con el otro, de manera que se permita una interacción de doble sentido, es decir, de ida y vuelta, donde haya libertad para decidir, y sacar conclusiones personales.

Muchos conceptos tienen sentido, o se entienden, según el posicionamiento del que esté hablando. Hace poco me encontraba en una reunión en la que se expresaba lo escandaloso que era –para quien hablaba en ese momento-- que hubiese personas liberales en ciertos ámbitos docentes. Con esta afirmación lo que hacía esta persona era posicionarse en un espacio más conservador. Por su valoración, de cuán liberal es alguien, en realidad afirmaba una valoración de donde estaba él en cuanto a su conservadurismo o fundamentalismo.

Incluso, ser moderado, o equilibrado en algunos posicionamientos, puede suponer para los que están en el extremo de un liberalismo, que este podría ser un conservador fundamentalista; pero para quien está en el otro extremo, su valoración sería la de resaltar que se es un liberal del que hay que cuidarse.

Lo cierto, es que entender lo que es ser liberal, para algunos no es más que la oportunidad de usar un término confuso para introducir los significados que les vienen bien. Como en algún momento explicaré con amplitud, para la misma Iglesia Católica, muchos protestantes y/o evangélicos eran tildados de católicos liberales, pero por otro lado  eran clasificados también,  como herejes y/o pecadores. Actualmente se puede entender por muchos algo similar. Un liberal es aquél que sale de los cánones que se aceptan en un área de seguridad, donde yo me muevo; pero, por extensión, este argumento puede admitir como liberal a aquellos que viven inmersos en el pecado o en lo que es contrario a la Palabra de Dios, ya que estos también estarían fuera de ese espacio de consenso. Así, a veces, al que practica un pecado le podrían llamar liberal, y al que es liberal por no estar dentro de los cánones interpretativos de algunos, le podrían llamar pecador. Pero, el que vive en pecado, será pecador, pero no liberal, que sería otra cuestión.

Incluso, ser moderado, o equilibrado en algunos posicionamientos, puede suponer para los que están en el extremo de un liberalismo, que este podría ser un conservador fundamentalista; pero para quien está en el otro extremo, su valoración sería la de resaltar que se es un liberal del que hay que cuidarse.

Así también, podríamos contemplar la idea de lo que sería para algunos ser un fundamentalista. Hay quienes se confiesan e identifican así, en el sentido de ser defensores de la sana doctrina, y de los valores más puros; pero, visto desde fuera, un fundamentalista, se puede entender como algo muy contrario a esto. El fundamentalismo puede implicar atavismos a lo cultural, o a las leyes que pierden todo su espíritu de aplicación benéfica. Secularmente, ya se ha acuñado este término, y hace referencia a la interpretación de textos de forma literalista, sin tener en cuenta contextos y otras normas hermenéuticas. Esto podría significar también que lo cultural y contextual también se llegaría a entender como normativo, y sin una profundidad mayor del espíritu que hay detrás del texto. Así se podría  llegar a posicionamientos, desde los cuales se juzgan actuaciones de terceros, tachándoles de no éticos, o de poco espirituales, o de simplemente liberales y/o carnales.

Al pecado se le da nombre, dependiendo de algunas interpretaciones que tienen que ver con ciertas tendencias, y que pueden pasar incluso por ideas que correspondan a denominaciones institucionales, más que a criterios reflexivos, que realmente correspondan y surjan de la fe cristiana, y de la Biblia, que es lo que realmente nos ha de interesar como hijos de Dios.

Sobre esto, también podemos aprender de aquél, que para nosotros es el Maestro, Jesús de Nazaret. Él trascendía los conceptos para dar sentido a los propósitos de salvar, saciar y bendecir,  en medio de las diferentes necesidades. Él no clasificaba a nadie como liberal, o como fundamentalista, o como conservador, aunque él sí que sería clasificado no solamente por sus coetáneos, sino también por el devenir histórico, de fundamentalista, conservador o de liberal en otros casos. Pero, él no se dejaba atar por los conceptos, sino que buscaba que se diera aquello para lo que había venido: libertad a los cautivos; libertad de la esclavitud religiosa; libertad de la esclavitud de la hipocresía; libertad de la esclavitud de los vicios de todo tipo; incluso libertad de la esclavitud de la ley, cuando esta perdía su sentido espiritual, como «palabra de vida».

...él [Jesús]no se dejaba atar por los conceptos, sino que buscaba que se diera aquello para lo que había venido: libertad a los cautivos; libertad de la esclavitud religiosa; libertad de la esclavitud de la hipocresía; libertad de la esclavitud de los vicios de todo tipo; incluso libertad de la esclavitud de la ley..."

Las reformas y avivamientos liberadores y espirituales, no se dan desde posicionamientos partidistas o conceptuales, de derechas, de centro, o de izquierdas; sino que trascienden todas las esferas para posicionarse en la misma necesidad, por muy cruda que sea esta. Es aquí, donde se ven y existen las carencias, donde el amor de Dios se aplica, desde esa Cruz en la que fueron pagados todos nuestros pecados y miserias, para andar en novedad de vida.

Es ahí donde somos renovados, reformados, restaurados o avivados. El avivamiento no entiende de denominaciones, o de ámbitos de países, o de culturas. Se puede dar independientemente en una esfera determinada o de forma simultánea; en España, y en Inglaterra; en  África o en América. El avivamiento no entiende de conceptos estancos, de denominaciones religiosas o evangélicas, es la aplicación de ese bálsamo sanador que Dios imprime en las vidas de esas personas y esos pueblos, que le reconocen como el autor de la vida. Lo vemos en los evangelios, en la experiencia de pentecostés en el libro de los Hechos; pero también en los grandes despertares y avivamientos acuñados en la misma historia del cristianismo.

Para algunos la Reforma Protestante, podría ser fruto de un liberalismo propio del Renacimiento; para otros, se podrían señalar aquí fundamentalismos indiscriminados que llevarían a batallas poco productivas. ¿Pero qué les importaría a aquellos que eran protagonistas de la fe salvadora y liberadora, ser encasillados de una manera u otra? Lo importante era vivir, y hacerlo acorde a esa vida abundante de la Palabra de Dios. En el avivamiento, se remueven los conceptos, salen y toman sentidos muy diversos: los significados cambian, los «ojos son abiertos» y el Espíritu Dios es realmente el protagonista.

QUERO

Vivimos tiempos, en los que no solamente han cambiado muchos códigos de comunicación, sino también la cosmovisión, que hacen necesario nuevas metodologías de relación social, de amistad y de fraternidad. Debemos de ver la forma de trascender una vez más los conceptos acuñados, para analizar si realmente corresponden a esa «palabra viva y terapéutica», que viene de Dios mismo, y no de los intereses de un grupo determinado.

Seguir estructuras conceptuales desalmadas de esa centralidad de la Palabra de Dios, --que no es código de normas, sino revelación para vida--, sería seguir la palabra que mata, que encasilla, acusa y pone fin a lo que un día se inició con ilusión.

Cuando nos encontramos en estas encrucijadas conceptuales, o incluso de intereses denominativos, nuestra respuesta podría ser como la del apóstol Pedro a Jesús: «¿A quién iremos? Tú tienes PALABRAS de vida eterna».

Autor: Juan Manuel Quero

© 2015. Este artículo puede reproducirse siempre que se haga de forma gratuita y citando expresamente al autor y a ACTUALIDAD EVANGÉLICA. Las opiniones de los autores son estríctamente personales y no representan necesariamente la opinión o la línea editorial de Actualidad Evangélica.

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