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SIN ÁNIMO DE OFENDER

Credenciales para un monarca del siglo XXI

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El príncipe Felipe | FOTO: MGala

(JORGE FERNÁNDEZ, 06/06/2014) | Votación parlamentaria mediante, y con el debido respeto hacia los miles de manifestantes que piden un referéndum que lo decida, Felipe VI será en los próximos días el nuevo Rey de España, con toda probabilidad.

El proceso de sucesión ya está en marcha y ya tiene fechas precisas. El próximo 11 de Junio las Cortes debatirán (y aprobarán) la Ley Orgánica correspondiente, y el 19 del mismo mes, en una ceremonia civil, solemne pero sobria --a la que no asistirán como invitados mandatarios extranjeros--, Felipe VI será proclamado nuevo Rey de España, con arreglo a lo establecido en la Constitución Española.

Esta breve reflexión parte del supuesto de esa más que evidente probabilidad, que nadie –ni siquiera un histórico republicano de izquierdas como Julio Anguita—pone en duda a estas alturas.

El debate “Monarquía o República” quedará pues en el aire, suspendido como una espada de Damocles oscilante sobre el cuello de los nuevos reyes, cuyo principal desafío en los próximos años será, por encima de cualquier otro, dotar de relevancia y significación a la institución monárquica...


El debate “Monarquía o República” quedará pues en el aire, suspendido como una espada de Damocles oscilante sobre el cuello de los nuevos reyes, cuyo principal desafío en los próximos años será, por encima de cualquier otro, dotar de relevancia y significación a la institución monárquica y convencer a la sociedad española de que, al menos “todavía”, ésta no es una figura obsoleta y prescindible, en nuestra democracia, como muchos creen.

En este sentido, el desafío para Felipe VI es diferente al que tuvo que enfrentar Don Juan Carlos, cuyo gesto valiente el 23-F y su compromiso con la democracia, legitimó en la conciencia de los españoles una institución de facto impuesta por el franquismo, asignándole un papel que hoy todo el mundo le reconoce en la Transición, pero cuyo crédito ha ido menguando con el paso de los años, no solo por el desgaste sufrido por motivos diversos en la imagen de la Familia Real, sino también por los cambios en la propia sociedad, cuyas aspiraciones democráticas hoy son otras.

Los ciudadanos españoles quieren más democracia, y mejor democracia. Es decir, cantidad y calidad. Y en ese contexto, el carácter hereditario de la Corona resulta una “cuestión de fondo” incompatible con los principios fundamentales de la democracia y de la soberanía popular.

¿Cómo convencer a la ciudadanía de que, el valor añadido de un monarca del siglo XXI --para confiarle unas tareas que perfectamente podría realizar un Jefe de Estado democráticamente elegido--, no son simplemente “la sangre azul”, ni el glamour de una pareja de reyes jóvenes y guapos, reflejo de una gloria imperial que ya pasó y que, incluso, hoy resulta incómoda?

Difícil tarea…

Así que, parece sólo cuestión de tiempo. Quizás hoy no sea el momento oportuno, mal que le pese a una parte de la ciudadanía. Como lo expresaba el escritor Antonio Muñoz Molina en una entrada de su Blog: “… ¿de verdad nos hace falta, justo ahora, abrir una fractura más?”.

Pero la fisura existe y, tarde o temprano, ese debate aplazado volverá a resurgir. De los gestos y las acciones que caractericen al reinado de Felipe VI, dependerá que sea antes o después.

De allí que, el interés de los principales medios españoles y extranjeros se centre hoy en intentar dilucidar cualquier pista, en los discursos pasados y recientes del príncipe Felipe, que permita aventurar cuáles serán las líneas maestras de su reinado.

"...tarde o temprano, ese debate aplazado volverá a resurgir. De los gestos y las acciones que caractericen al reinado de Felipe VI, dependerá que sea antes o después

En su reciente discurso dirigido a los españoles, S. M. el rey Juan Carlos expresaba la convicción de que su hijo, el Príncipe de Asturias, “se encuentra perfectamente preparado para encarnar el impulso renovador, la estabilidad y el relevo generacional, que exige la encrucijada histórica en la que hoy se encuentra España”.

El próximo 19 de Junio, en el acto de su entronización, Felipe VI tendrá la oportunidad de intentar convencer a los españoles de por qué le necesitamos como Rey. El discurso sobre la “estabilidad” y la “continuidad” no serán suficientes. Hace falta algo más para que la España del siglo XXI, con una democracia mejorable, pero consolidada,  le renueve el crédito que en su día recibió D. Juan Carlos.

EL DISCURSO DETRÁS DE LOS GESTOS

Mientras ese discurso llega, hablan los gestos; algunos de ellos muy interesantes. La reforma en la composición de la Familia Real, tras la abdicación del Rey, circunscrita a D. Juan Carlos, Dª Sofía, D. Felipe, Dª Letizia y sus hijas, puede ser leída como parte de ese discurso, que viene a sumarse a los detalles que los medios van filtrando acerca de cómo será la ceremonia de entronización.

Por un lado, mientras se pone a buen recaudo a la institución, para no ser salpicada por los escándalos de corrupción que afectan a la familia de la Infanta Cristina, Don Juan Carlos afirma que no ostentará ningún título nobiliario, pasando así a un discreto segundo plano (y con él algunos de sus “errores"). El hecho de no invitar a la ceremonia de entronización a mandatarios extranjeros, ha sido visto por algunos observadores como un “gesto de austeridad”, mientras que otros señalan la ventaja de no tener que justificar presencias comprometedoras, como sucedió recientemente con la asistencia del presidente guineano Teodoro Obiang a un acto del Instituto Cervantes en Bruselas.

Jorge Fernández BassoY, ¿cómo valorar el hecho de que, por primera vez en la historia, una entronización en España no sea un acto de carácter religioso, sino laico, según se ha anunciado? ¿Será realmente un guiño hacia los muchos ciudadanos españoles –los protestantes y evangélicos entre ellos—que anhelamos de una vez por todas un compromiso real (nunca mejor dicho) por parte del Estado español, con la neutralidad religiosa?

Transparencia, austeridad, compromiso contra la corrupción, distanciamiento y denuncia de los atropellos contra los derechos humanos… coherencia democrática y constitucional con la neutralidad religiosa que corresponde a un Estado aconfesional (con independencia de sus legítimas y muy respetables creencias personales)…

No serían éstas, para empezar, malas credenciales para un monarca del siglo XXI que aspira a ganarle una prórroga a la III República.

Autor: Jorge Fernández

© 2014. Este artículo puede reproducirse siempre que se haga de forma gratuita y citando expresamente al autor y a ACTUALIDAD EVANGÉLICA.Las opiniones de los autores son estríctamente personales y no representan necesariamente la opinión o la línea editorial de Actualidad Evangélica.

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