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SIN ÁNIMO DE OFENDER

Sestao en llamas

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“El intolerante pone la ciudad en llamas; mas el sabio trabaja por la paz”
(paráfrasis libre de Proverbios 29:8 – La Biblia)

llamas

(JORGE FERNÁNDEZ, 25//2014) | “No está el horno para bollos”, dice un viejo refrán. Tampoco está la democracia –nuestra democracia—como para permitirse ciertas cosas.

Las actitudes intolerantes y xenófobas por parte de algunos representantes políticos, españoles y europeos, se salen del carril de lo tolerable por la derecha, amenazando con socavar la paz social y la convivencia ciudadana con sus improperios, actitudes arrogantes y discursos demagógicos.

A ellos no les importa jugar con fuego ni poner en riesgo la convivencia ciudadana, con tal de sumar votos y ver satisfechos sus ambiciosos objetivos políticos y económicos. Las declaraciones del ultraderechista y demagogo francés Jean-Marie Lepen, señalando al mortal virus ébola, como “la solución” para la inmigración norteafricana, le retratan de los pies a la cabeza a él, y a quienes tienen en él un espejo en el cual mirarse.

Son quienes aprovechan la actual coyuntura de crisis para señalar a los inmigrantes como la causa de todos los males de nuestra sociedad, lo que supone una auténtica infamia.

En España, felizmente, este tipo de discursos aún son resistidos y rechazados por la inmensa mayoría de los ciudadanos. Los españoles sabemos bien lo duro que es tener que emigrar obligadamente, para huir del hambre, para conseguir un trabajo... Emigrantes fueron nuestros padres y abuelos... y emigrantes son hoy nuestros hijos.

No se puede ser pirómano y bombero a la vez. Bergara ha puesto a Sestao en llamas, con el riesgo de que ese respetable municipio vizcaíno se convierta en la mecha que extienda el fuego de la intolerancia por todo el país, si no se apaga a tiempo.

Por eso es que los españoles no podemos ser xenófobos sin perder, no solo nuestra memoria y parte de nuestra historia, sino mucho más: algo de nuestra propia identidad. La xenofobia nos deshumaniza a todos, pero, en el caso de los españoles, además, nos desnaturaliza. Somos un pueblo de emigrantes, que apenas por un breve período de tiempo, en nuestra historia reciente, nos convertimos en receptor de inmigrantes. Duró poco. Demasiado poco, y demasiados pocos inmigrantes para que los problemas de integración que tienen en otros países, con millones de inmigrantes y una larga tradición receptora --léase xenofobia, racismo, intolerancia--, sean nuestros problemas.

Sin embargo, los instintos básicos de los energúmenos, que en todas partes los hay, no responden a criterios de racionalidad. Son totalmente irracionales y, por tanto, no atienden a razones, valga la redundancia.

Por eso es que nuestras autoridades deben estar siempre vigilantes y "cortar las alas" a los radicales, siendo inflexibles para con los brotes de xenofobia, racismo e intolerancia hacia las minorías y, a su vez, siendo proactivos en el desarrollo de políticas que contribuyan a la cultura de la paz, la integración social y la convivencia pacífica entre los ciudadanos. Para ello, los gobiernos tienen que gestionar la diversidad desde el respeto a los derechos humanos, promoviendo la socialización de los nuevos ciudadanos mediante el acceso a la educación, la vivienda y el trabajo, y manteniendo un diálogo constructivo con todos los interlocutores sociales, vecinos, asociaciones, religiosos y mediadores socioculturales. Haciendo mucha pedagogía y, por supuesto, predicando con el ejemplo.

¡Con el ejemplo! Por eso, que un dirigente político de una ciudad de España someta a un trato discriminatorio y excluyente a una minoría, sea étnica o religiosa, resulta tan preocupante como inadmisible. Que el Alcalde de Sestao, Josu Bergara (PNV) trabaje en las sombras para impedir que un grupo de vecinos, de origen extranjero, consigan empadronarse en el municipio; o que una iglesia evangélica no pueda establecerse en el ámbito de su territorio, le descalifica para gobernar en democracia. Pero si, además, se permite insultarlas con calificativos ofensivos para cualquier ser humano y, mucho peor, estableciendo la ecuación "raza=delincuencia", o "religión tal=molestias y problemas", entonces ¡apaga y vámonos!

jorge4 O, mejor dicho, apaga y... ¡que se vaya él!.

Así de claro. Los hechos que se le atribuyen al regidor, y que él no ha conseguido desmentir del todo tras las disculpas forzadas que presentó ayer en una breve rueda de prensa --sin preguntas--, son suficientemente graves como para --a nuestro juicio-- descalificarle para la acción de gobierno.

No se puede ser pirómano y bombero a la vez. Bergara ha puesto a Sestao en llamas, con el riesgo de que ese respetable municipio vizcaíno se convierta en la mecha que extienda el fuego de la intolerancia por todo el país, si no se apaga a tiempo.

Tampoco hace falta esperar el dictamen de la Justicia, para exigirle responsabilidades políticas. Por dignidad personal, el regidor debería darse cuenta de que atravesó una línea roja y que su mejor y último acto de servicio a la democracia, en estos momentos, pasa por pedir perdón sinceramente y dar un paso al costado.

Si esto no sucede, el Gobierno vasco debería darse cuenta de la gravedad del asunto y cortar por lo sano, obligando a Bergara a dimitir. Mejor hoy que mañana.

Autor: Jorge Fernández

© 2014. Este artículo puede reproducirse siempre que se haga de forma gratuita y citando expresamente al autor y a ACTUALIDAD EVANGÉLICA.Las opiniones de los autores son estríctamente personales y no representan necesariamente la opinión o la línea editorial de Actualidad Evangélica.

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