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APRENDER A DESAPRENDER / por JUAN MANUEL QUERO

¿Quién nombra a los pastores?

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"Cualquiera puede llevar una Biblia en su mano, o un alzacuellos de pastor protestante, pero, esto no significa que la persona sea realmente un pastor o pastora. La Escritura advierte, que hay pastores que siendo falsos profetas dispersarán el rebaño, por lo que hay que tener cuida­do..."

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Pastor Peruano. Acuarela en lámina. Regalo con motivo del día del Ministerio Pastoral. Propiedad de Juan Manuel Quero.

(JUAN MANUEL QUERO, 25/06/2024) | La acreditación del ministerio pastoral es muy importante. ¿Quién nombra a los pastores? Nos encontramos a algunos hombres o mujeres, que se presentan como pastores, apóstoles, obispos, misioneros, etc., pero, ¿quién les ha nombrado?

Unos pueden pensar que ser pastor significa tener un título adquirido en un Seminario o  Facultad de teología. Otros pueden autoproclamarse y buscar apoyos para que los respalden. Como dice el refrán, «el hábito no hace al monje». Cualquiera puede llevar una Biblia en su mano, o un alzacuellos de pastor protestante, pero, esto no significa que la persona sea realmente un pastor o pastora. La Escritura advierte, que hay pastores que siendo falsos profetas dispersarán el rebaño, por lo que hay que tener cuida­do (Jeremías 23:1).

Además, ejercer como pastor cristiano es algo imposible si Dios no acompaña, por lo que tarde o temprano se evidenciaría. Soren Kierkegaard decía: «Si el hombre piadoso, después de su lucha con Dios, cojea, el incrédulo queda en el fondo de sí mismo, reducido a la nada»[1]. Quien aspira a ser pastor puede tener un buen deseo, y puede poner esta inquietud delante de Dios; pero es Dios quien ha de respaldar; la cuestión es cómo se reconoce y se certifica este ministerio.

Podemos decir que Dios es el que llama, y que sin esa llamada no se debe ejercer este ministerio. La palabra ministerio proviene del latín «ministerium», que se traduce como «servicio», u «oficio», mientras que la palabra vocación (del latín «vocatio-onis») se traduce como «acción de llamar» o «llamamiento».

Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles. (1ª Corintios 1:26).

Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados. (Efesios 4:1).

Quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos. (2ª Timoteo 1:9).

Por lo cual asimismo oramos siempre por vosotros, para que nuestro Dios os tenga por dignos de su llamamiento, y cumpla todo propósito de bondad y toda obra de fe con su poder. (2ª Tesalonicenses 1:11)

El ministerio cristiano es una vocación, un «llamamiento» de Dios. Esta convicción sobre la voluntad de Dios para nuestras vidas, es más que la elección de una profesión o un determinado género de vida de acuerdo con la personalidad; es el reconocimiento de una elección divina.

Antes de la Reforma protestante del siglo XVI, se creía que las únicas personas que recibían un «llamamiento divino» eran aquellas escogidas por Dios para entrar en el sacerdocio o la vida monástica. Los reformadores desafiaron este concepto. Lutero y Calvino afirmaron que toda forma de trabajo digno es un llamamiento divino para servir a Dios y al mundo. Pero el que escoge el camino del ministerio cristiano está reconociendo un llamamiento divino particular.

Al igual que en otros temas, va a depender de la percepción eclesiológica, sea esta más local o congregacional, o si esta se da más en el ámbito nacional o de forma más jerarquizada. No obstante, la iglesia es la que tendrá que estar siempre avalando el ministerio. Dios al que llama capacita, y para el ejercicio pastoral también existen unos carismas o dones del Espíritu Santo que la iglesia ha de constatar: «11 Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, 12 a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo.» (Efesios 4:11-12).

Lo anterior significa que la pastoral, ya se ejerce incluso antes de ser pastor oficial de una iglesia. Lo que quiero decir, es que la actitud de cuidar a los hermanos y de atender a la iglesia, en esa línea, ya existe antes de ser nombrado, pues esto es previo al reconocimiento. Lo mismo podríamos decir del evangelista, que antes de ser respaldado o nombrado por una iglesia, ya se mueve en el ámbito de la evangelización, porque Dios lo ha llamado y el Espíritu Santo lo mueve a ello. Este fuego interior que nos impulsa no se puede apagar, y cuando no somos obedientes al llamamiento esto nos perjudica y amarga. Vemos este sentir incluso en los profetas del Antiguo Testamento, como fue el caso de Jeremías, entre otros.

Cuando la iglesia entiende que existe este llamamiento, hay que apoyar al hombre o a la mujer a desarrollar sus dones y servir al Señor. Esto también requiere formación, por lo que es importante que los hermanos y hermanas se preparen con el respaldo de la iglesia, en las instituciones que las mismas iglesias apoyan para ello. Cuando llega el momento de ejercer, la iglesia debe de hacer pública esta acreditación mediante un culto o acto institucional, que constate este llamamiento y la idoneidad del pastor o pastora para ejercer. Es importante este acto porque supondrá, no solamente una declaración para la congregación donde se celebra sino que tendrá también una proyección en otras congregaciones o en el pueblo de Dios en general; ya que, podrá presentarse en otros lugares como pastor o pastora. Estos cultos especiales suelen tener diferentes nombres, y muchas veces, según a lo que nos refiramos estaremos hablando de consideraciones diferentes. Aquí se dejan algunos ejemplos, aunque no exista un modelo totalmente consensuado.

El culto de ordenación. Daré algunas pautas, aunque sea de forma muy resumida. Una iglesia determinada, puede realizar este culto para dar este reconocimiento a un pastor o pastora que quizás ya ejerce en la misma iglesia a modo de prueba (1ª Timoteo 3:10). Después de un breve tiempo, se puede proseguir con el culto de ordenación. Para ello se propondrá una fecha y se nombrará la formación del «Concilio de Ordenación», compuesto por la personas que establezca la iglesia. Normalmente, se suele pedir que este Concilio esté presidido por un pastor ordenado que conozca al hermano que se ordenará. Si la iglesia forma parte de una denominación organizada, se suele solicitar la asistencia de algunos representantes de esta. Además, también formará parte del mismo alguno de los representantes de la iglesia, además de la persona que ejerza como secretario para tomar acta de lo que se trata en dicho Concilio.

En la reunión que se celebra con este fin, se presentan a todas las personas que lo componen y en especial se da a conocer al pastor o pastora que será ordenado. Se toma un tiempo para explicar la relevancia de la reunión que se tiene y el propósito de la misma. Se podrá pedir que el candidato comparta cómo pudo llegar a la convicción del llamamiento de Dios para servir en este ministerio. También, se pueden plantear cuestiones, en cuanto a lo que se entiende como ministerio pastoral, además de otras consideraciones bíblicas y éticas (1ª Timoteo 3:1-6). Posteriormente se propondrá su ordenación, y se aprobará el acta que recoja las conclusiones más importantes. Seguidamente, en el Culto de Ordenación se predicará sobre la importancia del ejercicio de en el Ministerio Pastoral. Se tendrán unas palabras dirigidas a la iglesia, por uno de los componentes del Concilio. Se seguirá con otras palabras de alguien del Concilio que, representando a la iglesia, se dirigirá al pastor. Después se leerá el acta del Concilio de ordenación y se procederá a orar por el pastor o pastora, para lo cual el Concilio de Ordenación impondrá las manos orando uno o varios hermanos de dicho Concilio.  Evidentemente, lo dicho sobre esto se ajustará dependiendo de la iglesia y de su eclesiología.

El Culto de encomienda o encomendación. El culto de encomienda, también suele ser llamado «culto de encomendación», en realidad es una forma similar al culto de ordenación, pero este puede tener una aplicación más local, es decir, que no se centra tanto en el carácter universal de la ordenación sino que se focaliza más en la iglesia local para hacer una encomienda al servicio pastoral en dicha iglesia. No obstante, algunas iglesias suelen utilizar dichas expresiones para referirse a lo mismo. Lo que dejará todo  bien claro, será lo que se recoja en la memoria o acta en la que se aprueba la realización de este culto.

El culto de toma de posesión o de instalación. Este es un culto diferente, en el que simplemente se anuncia que un pastor determinado que pudiera ser que esté ordenado o no, va iniciar el ejercicio del ministerio pastoral durante un tiempo determinado o de forma indefinida. Quizás, el pastor ya haya sido ordenado previamente, o es posible que no, y que después de un tiempo determinado, si se tiene a bien, se tenga un culto de ordenación.

Cuando la iglesia no está detrás de esta vocación o ministerio pastoral, hay que tener en cuenta que quien se presenta con cierto título o nombre sin respaldo de ninguna iglesia, o encomienda o reconocimiento institucional, suele ser un farsante que le atrae ciertos reconocimientos o intereses personales.

Me parece recomendable finalizar con una llamada de atención, a la coherencia de los pastores o pastoras y de las iglesias. Es importante recordar que lo que la Biblia enseña sobre obedecer a los pastores, no significa seguir ciegamen­te lo que estos digan, sino que significa aceptar de forma consecuente y coherente a nuestro reconocimiento, la dirección de los mismos, verificando que su guía es acorde a la Palabra de Dios (Hebreos 13:17, 18).

Juan Manuel QueroEl Pastor es alguien que reconoce y acepta la iglesia, y que se le pide una dedi­cación especial para el cuidado de la misma; y obede­cer a los pastores significa aceptar este ministerio orando por ellos. En­tendien­do que si no es la persona idó­nea debe buscarse la más adecuada, dotándole de la autoridad para desempañar su ministerio. «[…]

El cuidado pastoral es la respuesta cristiana al dolor de la humanidad.»[2] Algunos han considerado que la tarea pastoral ha de formar parte de la «teología práctica», en tanto y en cuanto se ocupa de tres áreas generales: la predicación, la enseñanza y la curación.[3]

*** Notas:

[1] Soren A. Kierkegaard. Discursos Cristianos. Barcelona: Editorial, Enciclopedia Catalana, 1994.

[2] C. W. Brister. El cuidado pastoral en la iglesia. El Paso, Texas: Editorial Casa Bautista de Publicaciones, 1974, p. 45.

[3] Cf. C. W. Brister. Ob. cit. p. 11.

Autor: Juan Manuel Quero Moreno


© 2024. Este artículo puede reproducirse siempre que se haga de forma gratuita y citando expresamente al autor y a ACTUALIDAD EVANGÉLICA. Las opiniones de los autores son estrictamente personales y no representan necesariamente la opinión o la línea editorial de Actualidad Evangélica.

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