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SIN ÁNIMO DE OFENDER / POR JORGE FERNÁNDEZ

La mosca que estropea el mejor perfume

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“Las moscas muertas hacen heder y dar mal olor al perfume del perfumista; así una pequeña locura, al que es estimado como sabio y honorable” (Eclesiastés 10:1).

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Will Smith recibió su Oscar con lágrimas, pero no de emoción, sino de remordimiento tras el lamentable incidente que acababa de protagonizar

(JORGE FERNÁNDEZ, 28/03/2022) Este lunes no se habla de otra cosa: el bofetón del carismático actor estadounidense, Will Smith, al presentador de la Gala de los Oscar ya es viral. Los informativos y las tertulias en todo el planeta comentan con perplejidad lo acontecido.

LOS HECHOS

Por si alguien aún no sabe qué ha pasado, los hechos son los siguientes: el cómico Chris Rock, presentador de la Gala, empieza a hacer comentarios en tono de mofa sobre algunos de los candidatos a la dorada estatuilla, entre ellos los españoles Javier Bardem y Penélope Cruz, que encajaron la broma con mejor (Bardem) o peor gesto (Cruz).

En un momento dado, Rock se mete con Jada Pinkett, la esposa de Will Smith, a quien hace una broma (de mal gusto) sobre su cabeza rapada a cero. El rostro de Jada es un poema. Se ve que la broma no le hace ninguna gracia (la actriz había hecho público que padece un problema de alopecia debido a una enfermedad) y su marido, Will Smith (lanzado a la fama mundial con su personaje en la serie “El Principe de Bell Air” y tres veces nominado al Oscar por sus papeles cinematográficos), que hasta el momento parecía sonreírle las gracias al presentador, de pronto se levanta como un resorte, se planta delante del showman y, sin previo aviso, ante la perplejidad de los presentes (y de los millones de televidentes en todo el planeta), le sacude el rostro con una una violenta y sonora bofetada.

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Apenas 15 Minutos antes de recibir su Oscar (i), Smith agredía violentamente al cómico Chris Rock (d)

Durante unos segundos de desconcierto, mientras el agresor volvía a su butaca, muchos pensaron que se trataba de una escena planificada, parte del guion de la Gala. Pero entonces Will Smith, sentado ya junto a su esposa, empezó a insultar a gran voz y con evidente enojo al presentador exigiéndole que no volviera a mencionar el nombre de su esposa.

Salvo en los EEUU, donde esa parte fue censurada, en el resto del mundo pudo verse el violento momento completo. Y no hay dudas: Smith perdió los papeles y explotó de forma irracional llevado por la ira.

El caso es que, tan solo 15 minutos después, Smith sería declarado ganador de la estatuilla al Mejor Actor Principal por su papel en “King Richard”. Para entonces, parece que ya se había dado cuenta de la gravedad de su acto y de cómo había arruinado la noche más importante de su carrera como actor. Entre lágrimas, pidió disculpas a la Academia, al resto de los actores nominados, y calificó su reacción de “locura”, aunque intentó justificarse: “A veces el amor te hace cometer locuras”, dijo. Sin embargo, ni una sola palabra de disculpa hacia el agredido salió de su boca.

También explicó que durante la pausa publicitaria, tras lo sucedido, el actor Denzel Washington se le acercó para calmarlo, con un consejo: “Will, cuando más alto estamos, más cerca está el diablo”. Interesante advertencia. Bien conocido es el rasgo espiritual del protagonista de El libro de Ely, quien ha confesado leer la Biblia de forma habitual.

Algunos ya hablan de que lo sucedido “marca el principio del fin de la brillante carrera de Smith”. Quizás sea un augurio un poco exagerado y prematuro. El tiempo lo dirá. Lo que es indudable es que el hecho ha empañado, no solo la gran noche de su consagración como actor, sino lo que es más importante, su reputación de hombre civilizado, sensible, humano, simpático e inteligente, que ha cultivado durante su exitosa carrera como actor y que le ha granjeado el respeto y el cariño de todo el mundo, dentro y fuera del ambiente artístico.

"MAL OLOR" EN UNA BUENA FAMA

¿Cómo afectará esto a su carrera? Es pronto para decirlo. De lo que no cabe duda es de que esa escena del bofetón le acompañará (y abofeteará su imagen) de por vida.

No es la primera vez que “un famoso” cede a la presión y muestra su lado más oscuro. Tal es la condición humana y, como alguien ha dicho, “solo se conoce de verdad a un hombre cuando está bajo presión”, cuando se le cae la máscara con la que cubre las debilidades de su carácter ante los demás. “Ya conocemos al verdadero Will”, dirá alguno. Sí, y no. No sería justo juzgar a una persona por un sólo error. Pero un acto así revela desde luego un potencial latente. En su caso, ha quedado demostrado que hay un Will violento que puede perder el control en determinadas circunstancias. Y eso es algo humillante. Un estigma.

¿Y qué de nosotros? ¿Cuántas veces nos hemos despertado alterados por una pesadilla que nos situaba en una situación parecida, donde creíamos haber cometido un error de consecuencias irreparables? ¿De haber sido descubiertos en una mentira, una infidelidad o en un acto violento, humillante, que nos avergonzara delante de nuestro cónyuge, de nuestros hijos, de nuestros padres…? ¿Qué dañara para siempre nuestra reputación, nuestro testimonio, nuestra buena fama…?

Solo para despertar y dar gracias de que fuera nada más que un mal sueño…

Solo que, quizás, alguna vez no haya sido una pesadilla… haya sido real. Que quizás hayamos incurrido de forma irracional y en caliente en alguna “locura”, más grande o más pequeña, que no hubiéramos querido cometer jamás.

Eclesiastés 7:1, compara la “buena fama” con el mejor perfume: “Mejor es la buena fama que el buen ungüento”, dice. Y un poco más adelante advierte: “Las moscas muertas hacen heder y dar mal olor al perfume del perfumista; así una pequeña locura, al que es estimado como sabio y honorable” (Eclesiastés 10:1).

¡Cuánta razón encierra esta advertencia bíblica milenaria! ¡Cómo refleja la fragilidad de los hombres y mujeres que consideramos más inteligentes, fuertes y virtuosos! Todos somos capaces, potencialmente capaces, de ceder a un trágico acto de locura que arruine para siempre nuestra reputación, nuestro testimonio…

Mientras escribo esto vienen a mi mente, dolorosamente, los rostros de hombres y mujeres que han sido referentes de espiritualidad, liderazgo y testimonio cristiano para miles o millones de personas en el mundo… Y que por “una pequeña locura”, han caído del pedestal en el que, bien ellos mismos, o bien nosotros, les habíamos puesto. ¡Qué triste!

Seamos humildes y pidámosle a Dios dominio propio (uno de los frutos del Espíritu Santo), y que nos proteja de cualquier pequeña (o grande) locura que pueda hacernos daño, a nosotros y a aquellos que confían o dependen de nosotros.

yo2Y si hemos caído, ¡arrepintámonos de corazón, sin excusas ni justificaciones! Pidamos perdón a Dios y a quienes hayamos afectado con nuestra conducta. Habrá cosas que no podrán olvidarse, pero la gracia de Dios es suficiente y poderosa para restaurar nuestro perfume, para devolvernos la fragancia de Cristo (2 Cor. 2:15).

Que así sea.

© Jorge Fernández Basso – Madrid, 28 de marzo de 2022

© 2022. Este artículo puede reproducirse siempre que se haga de forma gratuita y citando expresamente al autor y a ACTUALIDAD EVANGÉLICA. Las opiniones de los autores son estrictamente personales y no representan necesariamente la opinión o la línea editorial de Actualidad Evangélica.

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