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OPINIÓN / DEL BAÚL DE MIS RECUERDOS

Mis días con Luis Palau. Juventud 77

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Luis Palau aprovechó como pocos las posibilidades de la radio para la comunicación del evangelio. A través de sus programas "Cruzada" y "Luis Palau responde", llegaba (y aún llega) a millones de personas cada día. A mis 17 años, en 1977, me levantaba a las 5:55 hs para escuchar su programa de 5 minutos.

LusiPalauCruzada

Luis Palau en uno de sus programas, a principios de los 80 / Foto: LPEA

(JORGE FERNÁNDEZ, 18/06/2019) |  Es lunes 18 de junio de 2019, y mientras espero noticias sobre la llegada de Luis Palau a Madrid cuyo vuelo, me informan, se ha visto retrasado en Portland (EEUU), no dejo de pensar en la manera en que este hombre de Dios se ha cruzado con mi vida en algunos momentos clave y la ha influido sin apenas ser yo consciente de ello.

Cierto es que si, como recoge su biografía, Palau es un evangelista que en sus 44 años de ministerio ha hablado en vivo a más de 25 millones de personas en 80 países, en 470 eventos multitudinarios, y sus programas de radio se retransmiten en 112 países a través de 2.600 emisoras a una audiencia promedio de 22 millones, debe haber muchas otras personas en el mundo que puedan sentir lo mismo que yo: la influencia y la cercanía de un hombre inmensamente popular. No obstante, los recuerdos son personales y, hoy, cuando me encuentro formando parte de la organización del que puede ser uno de los últimos Festivales con Luis Palau, al menos en Europa, me parece oportuno y me apetece compartirlos.

Palau 1966 Bogotá

Primera gran campaña de Luis Palau en su historial como evangelista, Bogotá 1966. Palau tenía 32 años en esta imagen / Foto: LPEA

Corría el año 1977 y en Buenos Aires se vivían días turbulentos. La dictadura cívico-militar había dado su golpe en marzo de 1976 y su Proceso de Reorganización Nacional, con su régimen de terror, estaba en plena implantación. Se había declarado el Estado de sito y funcionaba el toque de queda, y estaban instaladas las restricciones a todo tipo de reunión pública, inlcuidas las de caracter religioso (no católicas, claro está).

Ajeno a todos estos hechos, con mis flamantes 17 años recien cumplidos, me encontraba haciendo la cola para entrar al estadio Luna Park, el palacio de deportes más importante de la ciudad porteña donde se celebraban las grandes veladas de boxeo, un deporte que por aquel entonces era muy popular.

JUVENTUD '77

Pero yo no estaba allí para ver boxeo, sino para asistir a otro tipo de “combate” muy diferente. Allí, aquella noche, iba a celebrarse “Juventud 77, con Luis Palau”. Me sentía muy emocionado por dos razones. La primera, porque iba a poder ver en directo a aquel predicador que desde hacía al menos un año me “obligaba” a levantarme a las 5:55 hs de la mañana para escucharle los cinco minutos que duraba su programa “Cruzada”, emitido por Radio Colonia, desde Uruguay. Por aquel entonces no había podcasts ni internet, ni disponía de medios para grabar los programas de radio y escucharlos a una hora menos intempestiva. Solo el transistor. Solo la voz; la particular voz de Luis Palau. Con la compañía y la inspiración de esa voz comencé muchos días, alerta al dial cuando sonaba la sintonía del programa y la voz del mexicano Marcelino Ortiz, uno de los fieles colaboradores de Palau por muchos años, anunciaba con su voz varonil y perfecta dicción: “¡Aquí comienza Cruzada, con Luis Palau. Un desafío diferente, para la vida moderna!”. O algo así.

Palau 1977 Guatemala2

Luis Palau en la TV de Guatemala, en 1977, el mismo año de la celebración de Juventud 77 en Buenos Aires / Foto: LPEA

Palau me había ayudado también con sus libros, sencillos y breves, dirigidos a nuevos creyentes y con sus consejos para jóvenes. Por aquel entonces yo era ¡las dos cosas! Un creyente nuevo y un chico joven, muy joven. Hacía apenas un año que le había dicho “sí” a Jesucristo y estaba en “el primer amor”. Había tenido un encuentro espiritual con Dios en un campamento para jóvenes y mi fe había florecido en el seno de la Iglesia de la Alianza Cristiana y Misionera en Liniers; una congregación de no más de 80 miembros.

Pero mi familia no era evangélica. Eran católicos; poco practicantes y desencantados con la religión, pero católicos. Solo asistíamos a aquella pequeña iglesia la mayor de mis hermanas y yo, invitados por una familia vecina, de fe evangélica.

Mi padre, emigrante gallego, buen hombre y trabajador, creyente, algo… supersticioso y poco religioso, siempre se había resistido a asistir a la “iglesia evangélica”, ni siquiera por curiosidad… Sin embargo, allí estaba ahora conmigo, haciendo la cola para escuchar a Luis Palau.

Papa

Mi papá en 1978. Un año después de Juventud '77 ya se estaba congregando

Fuera por curiosidad, fuera porque el Luna Park era un lugar “neutral”, mi padre aceptó la invitación. ¡Y le gustó! Fue allí donde por primera vez escuchó el evangelio de una forma clara y pertinente. Él aún recodaba y, a veces recitaba de memoria, "como un loro", pasajes de la misa en latín que no entendía, que es como le habían educado en la fe católica en su infancia, en la parroquia de As Neves (Pontevedra). Aquel día escuchó, en ese escenario pugilístico -un lugar tan poco apropiado para un acto "religioso", podría alguien pensar-, que Dios le amaba y que había dado su vida por el perdón de sus pecados, que tenía un propósito para su vida… Y lo escuchó en castellano con acento argentinopor boca de un joven y dinámico evangelista, vestido con traje y corbata como se vestía él cuando iba a su oficina en el Banco Ganadero Argentino.

Echo la cuenta de que Palau, nacido en Ingeniero Maschwitz en 1934,  tenía por entonces 43 años. Estaba en su plenitud como predicador. Y mi padre tenía 45. La conexión generacional debió ser un elemento favorable y la personalidad carismática de Palau debe haber impactado a papá. No lo sé. Nunca lo hablamos y ahora hace tres años que está en el Cielo, disfrutando  de la vida eterna con Dios.

A veces pienso que Dios le había preparado una "amorosa emboscada"[1] a mi padre. Lo pienso al recordar su sorpresa y su emoción indisimulada cuando presentaron a Rosalía, la solista del evento, que “coincidentemente” era española, y cantaba como un ángel. Aquí cabe mencionar que mi padre era bien conocido entre sus familiares y amigos por su talento para el canto de la copla española y la bulería. Incluso había ganado un concurso radial en los años 50.

Aquella noche de 1977, en el Luna Park, mi padre recibió un cariñoso cross del Espíritu  en la mandíbula de sus prejuicios, y que su corazón noble recibió allí, por primera vez, la buena semilla del Evangelio. Semilla que a su debido tiempo daría su fruto. 

Aquella alabanza de Rosalía, con acento “gallego”,[2] abrió los corazones de los presentes predisponiéndonos para recibir la Palabra de Dios, y estoy seguro de que hizo mella en las “defensas” que mi padre mantenía aún levantadas. “Yo voy, pero a mi no me van a convencer de cambiar de religión”, me parece que le escucho decir.

No recuerdo que mi padre me manifestara una opinión positiva o un excesivo entusiasmo después de aquella velada especial. Aún pasaría algo más de un año hasta que, en aquella misma Iglesia de la Alianza Cristiana y Misionera en Liniers, papá tuviera su propio encuentro con Jesucristo y diera testimonio de su fe pasando por las aguas del bautismo.

De lo que no tengo dudas es de que, aquella noche de 1977, en el Luna Park, mi padre recibió un cariñoso cross del Espíritu en la mandíbula de sus prejuicios, y que su corazón noble recibió allí, por primera vez, la buena semilla del Evangelio. Semilla que a su debido tiempo daría su fruto. Hoy, como he dicho, está en el Cielo. Y eso, gracias a Dios, pero también gracias a hombres como Luis Palau, y otros después, que sembraron y regaron esa semilla en su corazón gallego y porteño.

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Tengo más recuerdos con Palau, pero creo que merecía la pena extenderme en éste. Tampoco podría contar nada más ahora. De pronto se me ha nublado la vista y no puedo seguir. Y no encuentro los cleanex. Perdonadme. Mañana sigo. ¡Snif!

Autor: Jorge Fernández

[1] Oseas 11:4: “Con cuerdas humanas los atraje, con cuerdas de amor…”

[2] En Argentina a todos los españoles, sean de la región de España que sean, se les llama cariñosamente "gallego". Es decir, "gallego" se usa coloquialmente como sinónimo de "español".

© 2019. Este artículo puede reproducirse siempre que se haga de forma gratuita y citando expresamente al autor y a ACTUALIDAD EVANGÉLICA. Las opiniones de los autores son estrictamente personales y no representan necesariamente la opinión o la línea editorial de Actualidad Evangélica.

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