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REPORTAJE ESPECIAL /

Una epopeya misionera en la Rusia del siglo XXI (Parte II)

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Un equipo de Buenas Noticias TV (La2, RTVE) y de Actualidad Evangélica compartimos tres días con los miembros del Centro Reto en Moscú, Rusia, fundado por cuatro jóvenes españoles y reconocido por el Gobierno en ocho ocasiones como el mejor centro de rehabilitación de Moscú. Este es nuestro relato sobre lo visto y oído en esos días. Si lo prefiere, descargue aquí el artículo completo en formato PDF

(Continuación de la Primera parte)

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Moscú, 1992 / De izq. a der.: Íñigo, Juan, Poli, y Carlos Papote, los cuatro pioneros que iniciaron la obra en Moscú / Foto: C. Reto

LA “PREHISTORIA” DE RETO MOSCÚ

“Llegué a Centro Reto en Asturias en 1987 por el testimonio y consejo de El Langui, un traficante y delincuente muy conocido en los años 80 en Orcasitas que se había convertido a Cristo y entrevistaba a yonkis en la Iglesia Evangélica de Monederos”, explica Juan, fundador y director de Centro Reto en Moscú.

“Mi padre, alcohólico, se marchó de casa siendo yo un adolescente. Quedamos solos, con mi hermana y mi madre. Yo soñaba con ser futbolista profesional; por aquel entonces jugaba en el Carabanchel y antes había militado en el Getafe. Empecé a trabajar muy joven y a ganar dinero. Durante algunos años, mi vida consistía en entrenar, trabajar, salir de fiesta y consumir drogas… pero la droga lo devoró todo: el trabajo, el fútbol, el dinero, mi salud -contraje enfermedades graves- y la familia. Cuando me fui a Reto llevaba dos años viviendo en un remolque”, recuerda Juan. “Tenía 24 años y había tocado fondo”.

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Poli (i) y Juan (d) son los dos que aún permanecen de los cuatro pioneros. Íñigo y Papote ya están en la presencia del Señor / Foto: C. Reto

Durante algunos años, mi vida consistía en entrenar, trabajar, salir de fiesta y consumir drogas… pero la droga lo devoró todo: el trabajo, el fútbol, el dinero, mi salud -contraje enfermedades graves- y la familia. Cuando me fui a Reto llevaba dos años viviendo en un remolque”, recuerda Juan. “Tenía 24 años y había tocado fondo”.

La historia de Poli es distinta y a la vez parecida. “Zamora en los años 80 era uno de los grandes puntos de distribución de drogas de Castilla y León, y los jóvenes de aquella época nos enganchamos de forma masiva”, nos cuenta. “En mi casa, tres de los cinco hermanos caímos en la heroína, pero en el portal de al lado, todos… y en el otro igual… y en el siguiente… ¡No había apenas jóvenes en mi barrio que no consumieran!”, recuerda. Para los jóvenes de aquella época, la mayoría adolescentes sin dinero, la única forma de costearse el consumo era trapicheando, y Poli no fue la excepción. “Lo mío era el menudeo. Cuando alguien buscaba algo más gordo, yo simplemente les facilitaba un contacto, pero esto me puso en la diana de la policía. Me detuvieron y me amenazaron con pasar varios años entre rejas si no colaboraba con información, pero yo tenía miedo; era apenas un chaval enganchado y no quería problemas”, dice. “Gracias a Dios, uno de mis hermanos que ya había estado en Centro Reto puso la cara por mí y convenció al comisario de que me diera una oportunidad. Éste accedió, no sin antes advertirme de que no tendría otra; que si me veían por Zamora reincidiendo me meterían de cabeza en la cárcel”.

Juan y Poli son dos de los cuatro pioneros que aún permanecen en Rusia. Dos de los cuatro jóvenes españoles que en 1992 llegaron a Moscú persiguiendo un sueño: abrir el primer Centro Reto en Rusia. Los otros dos fueron Íñigo, natural de Santander, y Carlos Papote, de Madrid, ambos ya fallecidos a consecuencia de graves enfermedades que acabaron con sus vidas a una edad temprana. Ambos muy queridos y recordados por sus compañeros y por los primeros rusos que se beneficiaron del fruto de su trabajo, de su ejemplo y de su amor.

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Elvira (segunda por la izq.) y su hija Sandra (de rojo) llegando a Moscú en 1993

A esa primera generación de pioneros hay que añadir el nombre de una mujer, o quizás de dos: el de Elvira, esposa de Juan, y el de su hija Sandra, que tenía siete años cuando en 1993 su madre, viuda, contrajo matrimonio con Juan en Santander para, de inmediato, empezar una nueva vida juntos en Moscú. Hoy, a sus 33 años, Sandra es una mujer que habla y piensa en ruso con la misma facilidad y fluidez que en español, que se graduó en una carrera contable con matrícula de honor en la Universidad de Moscú, y que trabaja en las oficinas de la asociación junto a su marido Mijaíl, natural de Samara, padre de sus dos pequeños hijos.

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Juan y Elvira hoy. Se casaron en 1993 y desde entonces sirven a Dios en Moscú / Foto: J. Fernández

EL ORIGEN DE TODO: UN LLAMAMIENTO DIVINO

Pero, ¿cuándo y cómo nació la idea de Rusia…? “El cambio que Dios hizo en mi vida a través de Reto fue mucho más que dejar las drogas… fue conocer a Jesús y querer servirle. De querer ser como él. De ayudar a otras personas que, como yo, estaban perdidas y sin esperanza…”. Es el testimonio de Juan, muy parecido al de otros muchos jóvenes, hombres y mujeres, que no se conformaron con salir de las drogas, sino que quisieron ir más allá: seguir a Jesucristo e involucrarse en su misión redentora. “Recuerdo que un día escuché a un predicador decir que, así como EEUU había sido una nación usada por Dios para enviar misioneros cristianos a México y otros países del mundo, Rusia necesitaba ahora que Dios levantara misioneros en España… es la única frase que recuerdo de todo lo que dijo”, dice Juan.

Eran los tiempos de la Perestroika, de la Glásnost (1985-1991) y de la caída del muro de Berlín (1989), que desembocarían en la disolución definitiva de la URSS tras 70 años de existencia, en diciembre de 1991.

Eran los tiempos de la Perestroika, de la Glásnost (1985-1991) y de la caída del muro de Berlín (1989), que desembocarían en la disolución definitiva de la URSS tras 70 años de existencia, en diciembre de 1991. Unos acontecimientos que pocos analistas mundiales eran entonces capaces de prever, y mucho menos un joven exdrogadicto de Orcasitas. Así pues, la decisión de Juan no iba a ser producto de una reflexión política o estratégica, sino de un impulso espiritual que tenía su origen en la Providencia: un auténtico llamamiento divino. “¿Una vocación religiosa y misionera en pleno siglo XXI?”, se preguntará el escéptico frunciendo el ceño. Pero sí, así fue. “Se adueñó de mí un anhelo creciente de ir a Rusia y así lo compartí con los responsables de Reto. No fue fácil al principio. Parecía una locura”, recuerda.

Hoy, la Asociación Reto a la Esperanza tiene centros y proyectos misioneros en 30 países del mundo, pero a principios de los 90, ninguno de sus responsables españoles se había planteado aun el “reto” de abrir un centro fuera de las fronteras de España

Lo que había pasado en España era extraordinario y en 1990 Centro Reto, nacido un lustro antes en Santander, ya tenía una implantación amplia y extensa en todo el territorio español. Hoy, la Asociación Reto a la Esperanza tiene centros y proyectos misioneros en 30 países del mundo, pero a principios de los 90, ninguno de sus responsables españoles se había planteado aun el “reto” de abrir un centro fuera de las fronteras de España.

“En 1991 hicimos un viaje de exploración a Moscú con Alfredo, un compañero que hablaba inglés. En ese viaje recibí la confirmación interior definitiva. Tenía que venirme a Rusia cuanto antes”, cuenta Juan. Sus superiores decidieron apoyarle pero le aconsejaron buscarse antes un profesor de ruso y pasar una temporada en el Centro Reto de Burgos, donde podría aclimatarse físicamente al crudo invierno que le esperaba en Rusia. Así lo hizo, y después de aproximadamente un año, se le autorizó a seleccionar un equipo de colaboradores con los que iniciar la aventura.

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El autor de este reportaje (i) junto a Poli (c) y Juan (d), frente a la oficina de Reto Moscú / Foto: MGala

“Yo estaba entonces en Santander”, cuenta Poli, “feliz y sintiéndome útil con lo que estaba haciendo en aquel momento como responsable de una casa de chicos. Así que, cuando Juan me invitó a formar parte del equipo, mi primera respuesta fue que no”. Pero Juan vio en él un compañero fundamental, así que no se daría por vencido. “Volvió otro día y me dijo: ¿por qué no te vienes a comer con nosotros, y hablamos…?”, recuerda Poli. “Fue allí donde sufrí un golpe duro en mi interior. Juan puso las noticias mientras comíamos y pudimos ver lo que se informaba sobre Rusia. Me impactó ver a las prostitutas yonkis en la Plaza Roja de Moscú… eran apenas niñas…”. Poli se fue a su casa sin abrir la boca, pero no tardó en volver. “Cuenta conmigo -le dije- mi compromiso es no querer frenar el plan de Dios para mi vida”. Y hasta hoy…

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BUENAS NOTICIAS TV (LA2 RTVE) / PRIMERA PARTE DEL REPORTAJE

Autor: Jorge Fernández / Moscú, 9 de mayo de 2019.-

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