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ESTE VIERNES, A LOS 93 AÑOS DE EDAD

Doña Clara Rosique partió a la presencia del Señor

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Clara Rosique (1925-2019) el día de la entrega de la Medalla de Honor del CEM / 31/10/2011 / Foto: MGala / +Ampliar

(Redacción, 15/04/2019) Este viernes, día 12 de abril, Doña Clara Rosique partió a la presencia del Señor. Tenía 93 años de edad y había sido hospitalizada en Madrid, donde residía, por problemas pulmonares y renales.

Su familia decidió trasladar sus restos mortales a Barcelona para que descansen junto a los restos de Juan Gili, su esposo y compañero en la vida y en el ministerio, fallecido ya hace varios años. Allí aguardarán juntos "el día en que suene la trompeta final, y el Señor resucitará a los suyos en Su venida" (1 Cor. 15:23).

Su familia decidió trasladar sus restos mortales a Barcelona para que descansen junto a los restos de Juan Gili, su esposo y compañero en la vida y en el ministerio, fallecido ya hace varios años. Allí aguardarán juntos "el día en que suene la trompeta final, y el Señor resucitará a los suyos en Su venida" (1 Cor. 15:23).

El domingo por la mañana se ofició un culto in memoriam en la Iglesia Evangélica de la calle Teruel, en el barcelonés barrio de Gracia, al que asistieron familiares y amigos.

Ana María Huck de Vangioni presidió el servicio religioso y el pastor Benjamín Martín, “mano derecha” de Juan Gili a quien sucedió como director de Evangelismo en Acción -cargo que sigue desempeñando en la actualidad- tuvo a su cargo la meditación bíblica.

Clara deja cinco hijos y 9 nietos. Varios de ellos participaron en el acto de despedida leyendo poemas y poesías de su abuela, propiciando un momento sumamente entrañable.

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Ana María Huck de Vangioni en el culto de despedida, que presidió, ayer domingo / Foto: Eliseo Pradales

El 1 de noviembre de 2011, en el acto de conmemoración del Día de la Reforma, el Consejo Evangélico de Madrid concedió su Medalla de Honor a Doña Clara Rosique en reconocimiento a sus años de servicio al Señor y a su Iglesia.

La Revista Nosotras, haciéndose eco de tan merecida distinción a su colaboradora durante tantos años, le dedicó la semblanza que reproducimos a continuación.

SEMBLANZA / CLARA ROSIQUE

Por Ana María Huck de Vangioni

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Clara Rosique el día de la entrega de la Medalla de Honor del CEM / 31/10/2011 / Foto: MGala

Clara Rosique nació en 1925 en Saint Quintin (Francia) en medio de una situación familiar difícil y de grandes privaciones. Su espíritu sensible y reflexivo quedó marcado por la huella del temor y del aislamiento sufridos durante los primeros años de su infancia, al ser su padre un activo político de izquierdas, un republicano convencido, que tuvo que huir y exiliarse en el país vecino.

Tras diversas vicisitudes su familia se instaló en Barcelona. Con el padre ausente, sin más recursos que el durísimo esfuerzo de su madre para mantener con vida a su numerosa prole, Clara, la mayor de los 4 hijos, tuvo que ayudar desde muy niña a cubrir las necesidades de la familia.

La magia de las palabras cautivó su espíritu, y cuando aprendió a escribir las primeras letras, todo su afán y pasión era plasmar sus sentimientos en poemas y rimas que brotaban como una incansable cascada… y retenerlos en cualquier cuartilla a su alcance. Tal fue su empeño y soltura que ya antes de cumplir los 8 años fue distinguida con un premio en literario en la escuela.

Una experiencia a los 17 años cambió toda su vida y la de su madre y hermanos. Recuerda que se sentía aplastada por la soledad, agotada en las duras faenas escasamente remuneradas, y no viendo ninguna salida a una situación extrema. Entonces, en el cruce de una solitaria calle, cayó de rodillas y clamó: “Dios… si existes, ayúdame… enséñame la verdad y cómo seguir rectamente”.

Al llegar a su casa, su madre, muy excitada, le informó de una llamada telefónica a la casa vecina, avisándoles para que fueran a recoger alimentos en una dirección desconocida.

Clara se dirigió a ese domicilio y encontró a gente muy amable que ya tenían preparadas varias bolsas de comestibles. Le explicaron a Clara que deseaban ayudarle a transportar esa preciosa carga a su casa, pero que tenían una reunión donde se hablaba de Dios y se explicaban las Sagradas Escrituras. Asombrada por lo que ella detectó como la directa intervención de Dios, Clara les pidió poder acompañarlos, “porque los alimentos podían esperar hasta más tarde”.

En esa misma reunión clandestina, prohibida y sancionada severamente, Clara abrió su corazón y vida a ese Dios desconocido. Se puso de pie, decididamente, y con el latido acelerado de su corazón compartió con el grupo reunido que esa misma tarde, de rodillas, en una fría y solitaria calle, había clamado por una salida, y, “Ahora se que tú, oh Dios, me has oído; no solo me has dado comida, sino que ahora se que eres real y puedo conocerte”, concluyó. A partir de aquella noche comenzó a seguir y a servir a Jesucristo.

Su inquietud y su don natural para la escritura, la llevaron a colaborar con la revista cristiana “Constancia”, donde conoció a Juan Gili. A partir de ese momento, Clara y Juan emprendieron un camino de colaboración en distintas publicaciones y actividades orientadas a la difusión del Evangelio y a apoyar el crecimiento de la Iglesia en Barcelona. Este estrecho vínculo les llevó a un acuerdo de colaboración vital, que fue el matrimonio, y del cual nacieron sus cinco hijos: Marta, Clara, Samuel, Noemí y Gloria.

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Juan y Clara el día de su boda

Con la fundación en Barcelona en 1965 de Evangelismo en Acción, organización dedicada al establecimiento de nuevas iglesias en España, por parte de su esposo Juan y un grupo de amigos y hermanos en la fe, Clara tuvo la oportunidad de desarrollar un ministerio en los distintos puntos de testimonio.

En Barcelona, y más tarde en Madrid, las reuniones en iglesias y en hogares fueron una constante en su agenda de actividades de servicio al Señor. Madrid ha sido su hogar durante los últimos 36 años. Aquí ha forjado amistades duraderas y ha podido ejercer su ministerio, especialmente entre mujeres, en iglesias, campamentos y retiros.

Aquellos que conocen a Clara saben que la poesía forma parte de su experiencia vital. Así, a lo largo de su vida, ha escrito miles de poemas en los que el hilo conductor es siempre su relación personal y estrecha con Dios.

Clara ha colaborado en diversas revistas evangélicas como, Constancia, El Camino, Edificación cristiana, Panorama evangélico, Restauración, Caminemos juntas, y Nosotras. En 2005 se publicó un pequeño libro titulado, “Desde el umbral de luz”, una selección de sus poemas favoritos, del cual recitó un poema en el acto de entrega de la medalla, 1 de noviembre de 2011.

Clara continúa escribiendo todos los días, “como disciplina para mantener la mente activa y el corazón ocupado”, afirma. También disfruta mucho con la pintura y la jardinería, en la que encuentra especial deleite.

Pregunté a Clara por su texto bíblico favorito e, inmediatamente, sin pensarlo, me respondió: “Juan 10, porque Jesucristo es la puerta a la Salvación y el Pastor de mi alma; todo está lleno de Su Amor”.

“Amor” es la palabra clave y predominante en el rico vocabulario de Clara Rosique. ¡Gracias, Clara, por abrir tu corazón, tu alma, por compartir el fruto de tu intimidad con Dios y tu comunión con el Verbo hecho carne, Jesucristo! Gracias.

Autor: Ana María Huck de Vangioni

Revista Nosotras nº 47. Semblanza con motivo del acto de entrega de la Medalla de Honor del Consejo Evangélico de Madrid en el Día de la Reforma protestante, Noviembre de 2011.-

"EL ÚLTIMO RELLANO"

Una de las últimas poesías, de su incuantificable producción poética, se titula "El último rellano", y resulta apropiada en este momento en el que Clara al fin ha llegado "... ante el umbral radiante / donde Tu rostro veré asida de Tu mano".

EL ULTIMO RELLANO (Clara Rosique)

De Tu mano Señor llegué hasta aquí
Subiendo la escalera de la vida
que por Tu amor un día descubrí
pese a estar temerosa y escondida.

Desde aquí puedo ver agradecida
Tu mano junto a mí en cada peldaño,
sirviéndome de apoyo en la subida
Y como alivio al dolor, cansancio o daño.

Desde aquí ya no veo el gran tamaño
de aquellos mis primeros escalones
llamados turbación o desengaño
pues los cubren Tus muchas bendiciones.

Desde aquí, dulcemente me dispones
a ver el mundo como visitante
que va tomando planos y nociones
de aquello que antes fue y de lo que va delante.

El panorama ahora es excitante
aunque éste pueda ser el último rellano
pues lo que falta por subir, en un instante
me puede conducir ante el umbral radiante
donde Tu rostro veré asida de Tu mano. 

(Gentileza, Eliseo Pradales)

Fuente: Actualidad Evangélica

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