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LUCES Y SOMBRAS - por Juan Manuel Quero

Emperadores de ayer y de hoy, siguen en el control de la iglesia: Carlo Magno

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N.d.R: Este artículo es continuación de una serie titulada "Luces y sombras", a cargo del historiador protestante, Juan Manuel Quero Moreno

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Carlomagno, el “Padre de Europa”: Nieto del merovingio Carlos Martel e hijo de Pipino el Breve. Carlos el Magno, nació un 2 de abril del siglo VIII. 

(JUAN MANUEL QUERO, 24/07/2018) |  Después de haber tratado anteriormente lo que significaba en este tema el imperio constantinopolitano, daremos ahora un salto en la historia, y nos pararemos en el Imperio Carolingio.

Allí [en el Imperio Carolingio] nos encontraremos de nuevo con esas características donde el poder temporal se une con el poder eterno, en un nuevo y extraño maridaje, o hierocracia. A esto es a lo que posteriormente se llamaría «cesaropapismo»

Allí nos encontraremos de nuevo con esas características donde el poder temporal se une con el poder eterno, en un nuevo y extraño maridaje, o hierocracia. A esto es a lo que posteriormente se llamaría «cesaropapismo»[1]. Este concepto sería acuñado por el protestante, historiador y fundador del estudio moderno de la sociología, Max Weber, que lo trata en el marco de la «sociología de la dominación». Este es un concepto muy arraigado en la época medieval, y en especial en Bizancio, como diría el profesor David Hernández de la Fuente; pero, ya con Constantino se hace evidente.

Si bien «cesaropapismo» hace referencia a la unión del poder temporal o terrenal frente al eterno o religioso en una persona que suele ser la civil, el emperador o el «césar», también podría asumirse por el Papa en diferentes momentos. Es cierto que cuando es el Papa el que une ambos poderes se suele hablar de ultramontanismo; pero, en este caso se utilizará aquí el concepto «cesaropapismo» para referirnos a ambas posibilidades, tal como lo utiliza también Weber[2].

La Marca Hispánica del Imperio Carolingio sería importante por motivos de defensa, pero también de conquista. Los marquesados, condados y caudillos dependientes del emperador estaban ligados religiosamente.

Efectivamente, quien fuera rey de lombardos y francos también sería nombrado Emperador Augusto el 25 de diciembre del año 800, por el Papa León III. Esto también fue debido a que se convirtió en un protector del papado, sometiendo a los bárbaros y a los musulmanes al cristianismo; aunque en la Península Ibérica no tuvo mucho éxito, siendo expulsado finalmente por los vascones, tras la famosa victoria de Roncesvalles.

No obstante, aquí pensando en España, país natal de quien escribe, notamos esa fuerte mixtificación de conquistas políticas y religiosas, donde se da el sincretismo del poder temporal, social o político, frente al religioso o «eterno». La Marca Hispánica del Imperio Carolingio sería importante por motivos de defensa, pero también de conquista. Los marquesados, condados y caudillos dependientes del emperador estaban ligados religiosamente. El conjunto de condados al sureste de la cordillera pirenaica, conocida como Cataluña dependerían también del poder eclesiástico que caminaba de la mano del Imperio.

Lo que se desarrollaba era una sociedad con fuertes surcos sociológicos, con todos los elementos religiosos y políticos que animaban «el renacimiento carolingio». Un renacimiento que redibujó el Imperio Romano fortaleciéndolo de una cultura más amplia, pero con las hendiduras religiosas que desde el Emperador Constantino el Grande se darían. Hay que tener en cuenta que a Carlomagno se le conocería históricamente como el «Padre de Europa». Este emperador todavía en contexto medievalista mantendría la rigidez que configuró una sociedad diferente, con sus poderes civiles o religiosos que acaudillaban estas «marcas» con vasallaje que se iría desarrollando en el tiempo.

La sede de este imperio se encontraría en Aquisgrán, donde terminaría muriendo Carlomagno. Aquí se ubicaba su palacio y su capilla, además de otras dependencias e instituciones; pero, palacio y capilla destacarían como emblema de lo que sería este imperio. Esta capilla palatina sería monumental y destacada en todo el territorio europeo, por su esplendor y manifestación del arte carolingio. La institución palaciega sería el lugar de la coronación de todos los emperadores sucesores de Carlomagno.

La Iglesia y el Estado mantendrían una unidad característica. Donde llegaba la mano de la iglesia estaba también la mano del emperador, y viceversa. 

El mismo origen de la palabra «capilla» para referirse a un lugar religioso, tendría que ver con esta construcción; aunque sea algo anecdótico, tiene su relevancia para entender el fuerte cesaropapismo que la historia iría recogiendo. El término «capilla» se debe a que allí se custodiaría una reliquia, que consistía en un trozo de la capa del mártir San Martín. Capa en latín es «capella» de donde como sinécdoque comenzaría a usarse para referirse a este lugar, quedando finalmente el nombre de «capilla».

La Iglesia y el Estado mantendrían una unidad característica. Donde llegaba la mano de la iglesia estaba también la mano del emperador, y viceversa. Las conquistas conllevarían un propósito «evangelizador» que suponía las conversiones forzosas. Teniendo esto en cuenta, hay que recordar también que el Imperio Germánico llegaría a tocar el siglo XIX.

No hay que hacer un gran esfuerzo para verificar las huellas que este Imperio ha dejado en Europa y también en España. Los títulos de marqueses y los marquesados siguen sonando en nuestros días con cierta actualidad. Todavía muchas personas ostentan este título que tiene su origen en el Imperio Carolingio.

No hay que hacer un gran esfuerzo para verificar las huellas que este Imperio ha dejado en Europa y también en España. Los títulos de marqueses y los marquesados siguen sonando en nuestros días con cierta actualidad. 

Hoy se sigue pensando de una forma similar. El poder tiene que ver con cierta dignidad donde entra en juego los títulos, pero también el dinero y la posición de privilegio para sentirse en la cúspide de una sociedad, donde las clases bajas, medias y altas siguen a lo largo de la historia teniendo una relevancia destacada: burgueses, parias, nobles, siervos, etc. Se cree que un estatus social alto, o un poder fáctico, es lo que da permanencia y estabilidad.  Hay que recordar que curiosamente cuando hablamos del poder civil, se suele hablar del «poder temporal», mientras que cuando se habla del poder de la iglesia, se suele hablar del «poder eterno».

Para los que ostentan «el poder eterno» quizás se dan cuenta «que el poder temporal», fuente de placeres diversos, para algunos religiosos no está mal del todo si se puede salvaguardar la eternidad. Qué decir tiene plantear esto al revés, aquellos que dan rienda suelta a sus deseos más desordenados, pero quiere asegurarse también la eternidad, el «poder eterno». Así es que hay muchas personas que pueden estar controlando iglesias, incluso evangélicas, buscando un fin diferente al de la naturaleza de una iglesia cristiana. Así podrían analizarse mil fórmulas de cesaropapismo, que surgen incluso en lo más básico.

¿Pero, qué tipo de poder es este? Un poder interesado que bien posicionado en lo eterno o en lo pasajero, no es más que una pantomima, un espejismo de lo que es el poder de Dios en nuestras vidas y en la misma sociedad, que equilibra y pone orden, buscando que realmente el reino de Dios sea una puerta accesible para todos los que quieran entrar.

QUERO

Los imperios más amplios o incluso más personales caen. La misma Capilla de Aquisgrán sería convertida durante un tiempo en caballeriza para los normados. Para los evangélicos, no deberían de tener cabida estos posicionamientos, ni estos sincretismos. Aunque el deseo de tener, aunque no sea un imperio, sino simplemente un reconocimiento o algunas otras prebendas que puedan ilusionarnos, nos podrían llevar a perder el norte.   

«Toda carne es como hierba, y toda la gloria del hombre como flor de la hierba. La hierba se seca, y la flor se cae; mas, la palabra del Señor permanece para siempre». (1ª Pedro 1:24, 25).



[1] Cf. David Hernández de la Fuente. «La Ideología del cesaropapismo bizantino». [En línea]. Disponible en: <http://divulgauned.es/mitos_justiniano/> [Consultada el 24 de marzo de2018].

[2] Max Weber. Economía y Sociedad. Madrid: Fondo de Cultura Económica, 1964, 891-927.


© 2018. Este artículo puede reproducirse siempre que se haga de forma gratuita y citando expresamente al autor y a ACTUALIDAD EVANGÉLICA. Las opiniones de los autores son estrictamente personales y no representan necesariamente la opinión o la línea editorial de Actualidad Evangélica.

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Todos los cristianos evangélicos debemos mucho a la Reforma Protestante, estando más unidos a esta de lo que podríamos pensar. Yo no me considero ni luterano, ni calvinista, ni zwingliano, ni seguidor de algunos de los reformadores más o menos destacados de ese tiempo tan significativo; pero,  me puedo identificar con una buena parte de sus enseñanzas, pues, hay algo común, y es la base de Las Escrituras.

Muchos evangélicos podríamos decir que nos convertimos en un contexto que nada tiene que ver con la Reforma Protestante, y que Cristo se nos reveló a través de la lectura de la Biblia, o de una predicación o mensaje que tenía esta base, sin más datos, o planteamientos de terceros. Esto que es lo que yo llamo «evangelicalismo», es decir, el surgimiento de creyentes e iglesias por un encuentro con el evangelio, y por tanto con Cristo, no está ajeno de una realidad, que queramos o no, nos une con la Reforma Protestante, --a pesar de que esto no suponga que seamos iglesias reformadas en el sentido histórico a lo que se refiere esta clasificación.

 

El encuentro con la Palabra de Dios ha sido facilitado, porque muchas personas no escatimaron esfuerzo, --especialmente desde esta Reforma del siglo XVI--, para que la Biblia pudiera ser asequible a todas las personas. Esto significaría traducirla a las lenguas vernáculas, en el idioma de cada pueblo, pues solamente podría encontrarse la traducción en latín, de La Vulgata, realizada por uno de los Padres de la Iglesia, como fue San Jerónimo.

 

Pocos, sabían leer, pero más distante se haría el conocimiento de la Biblia en latín, que solamente estaba al alcance de muy pocos, además del clero. Por otro lado habría que liberalizarla de la posesión de los que habían hecho de ella un monopolio de su traducción, lectura e interpretación, para que pudiesen adquirirla y leerla todas las personas. Por ello entre las «cinco solas» de Reforma Protestante, que marcan los énfasis de la misma, la primera era «Sola scriptura».

Así podríamos hablar de La Biblia de Lutero, de la que ya he comentado diferentes cuestiones en otras reflexiones. Esta última, en la que trabajó hasta su muerte, sería la base para muchas versiones y biblias en el idioma germano y en otros lugares.



Juan Manuel Quero Moreno. «Un nuevo descubrimiento relacionado con la Biblia de Lutero». En: Actualidad Evangélica. [En línea]. Disponible en: <https://www.actualidadevangelica.es/index.php?option=com_content&view=article&id=8501:un-nuevo-descubrimiento-relacionado-con-la-biblia-de-lutero&catid=37:pensamiento> [Consultada el 10 de junio de 2016];

Nathalie Rabines Rodríguez. «Proceso de la traducción de la Biblia de Martín Lutero». Facultad de Traducción e Interpretación Universitat Autònoma de Barcelona. [En línea]. <https://ddd.uab.cat/pub/tfg/2015/tfg_25863/RABINES_RODRIGUEZ_NATHALIE_1268864_TFGTI1415.pdf>. [Consultada el 10 de junio de 2016].



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