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ENTREVISTA

Pastor Daniel Banyuls: “Lo que debíamos hacer, eso hicimos”

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El Observatorio del Pluralismo Religioso ha dedicado una entrevista al pastor bautista, Premio Diaconía 2017 por su trabajo a favor de los refugiados en los campos del sur de Europa

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El pastor bautista Daniel Banyuls junto a la directora de la Fundación Pluralismo y Convivencia, Rocío López, el pasado 17 de noviembre / Foto: MGala

Daniel Banyuls Pérez / Secretario General de la Unión de Iglesias Evangélicas Bautistas de España (UEBE), pastor desde 1994 y misionero promotor de proyectos sociales y de desarrollo en Africa Central entre 1996 y 2003 y más recientemente en países europeos con la denominada «crisis de los refugiados».

(OPR, 21/03/2018) El pasado día 17 de noviembre se celebró en Jerez de la Frontera (Cádiz) la IX edición de la Gala de Premios Diaconía, presidida por el representante de Diaconía España, Enrique del Árbol, y con la participación de Daniel Rodríguez, presidente de Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España (FEREDE) y la directora general de la Fundación Pluralismo y Convivencia, Rocío López.

Coincidiendo con esta cita, el Observatorio del Pluralismo Religioso (OPR) tuvo la oportunidad de conversar con Daniel Banyuls Pérez, el nuevo Secretario General de la UEBE, galardonado con el premio individual Diaconía 2017 por su labor a favor de los refugiados en los campos de Croacia, Grecia, Serbia y Turquía.

Diaconía es la sexta plataforma de acción social en España, detrás de organizaciones tan importantes como Cáritas, Cruz Roja u Oxfam. Junto a Diaconía, existen otras plataformas y organizaciones evangélicas que también trabajan en el ámbito asistencial, así como en el de la cooperación y el desarrollo, sin obviar además el trabajo que desde muchas iglesias evangélicas se lleva cabo cada día. A partir de este panorama, ¿qué papel desempeña la acción social evangélica en nuestra sociedad?

Simplemente trascendental. Desde la vocación y el voluntariado evangélico se impulsan acciones sociales en todos los frentes y colectivos posibles, incluso en algunos que durante mucho tiempo no habían sido atendidos. Por otro lado, es nuestra mejor carta de presentación ante muchos conciudadanos imbuidos por la teología del ‘si no lo veo no lo creo’. Obras son amores, nos dicen, y ahí estamos: intentando transmitir el amor de Dios a través de acciones de misericordia aquí en nuestro barrio, en nuestro continente y también en latitudes lejanas, donde se nos solicite.

El premio Diaconía 2017 ha reconocido su labor en los campos de refugiados de Grecia, Serbia y Croacia en la «crisis de los refugiados». ¿Cómo y cuándo surge la puesta en marcha de este proyecto internacional de acción social?

Como simple acción-reacción ante la abundancia informativa que nos invadió y desafió en el verano-otoño de 2015. La tentación era cambiar de canal, pero todos éramos testigos mañana, tarde y noche de lo que estaba pasando ante nuestras puertas europeas: una crisis humanitaria de tamaño descomunal, vivida en directo, nunca vista desde la 2ª Guerra Mundial y ante la cual simplemente decidimos que como cristianos algo debíamos hacer. Éramos pocos y no nos planteamos grandes acciones, nuestros recursos eran limitados, pero rápidamente detectamos que la ilusión y la generosidad que nos rodeaban eran muy amplias y si tan sólo podíamos ayudar a algunas personas, a algunas familias… habría valido la pena. Y así empezamos.

¿En qué ha consistido el proyecto?

Inicialmente en el envío urgente de material de contingencia, material recibido directa y exclusivamente de la ciudadanía, de nuestros vecinos y amigos que velozmente contaron a muchos que abríamos un corredor humanitario desde Cerdanyola, Barcelona. Y se sumaron todos: las escuelas, las asociaciones de vecinos, los bomberos, las empresas, las iglesias, las ong’s amigas, etc. En los primeros compases de este éxodo (septiembre-noviembre de 2015) todo era necesario ante el frío que llegaba a los Balcanes: mantas, ropa de invierno, tiendas de campaña, medicamentos, productos de higiene, etc. En sólo unas horas llenamos un primer tráiler, pero el almacén vacío se volvía a llenar y a éste le siguió otro tráiler unas semanas después y así hasta 18 contenedores enviados por mar y por tierra durante 18 meses. En números redondos, y gracias a la ayuda de más de 500 voluntarios, hemos recibido y transportado unas 450 toneladas de materiales a más de una docena de campos de refugiados de 4 países (en uno de ellos, en Tesalónica, impulsamos con las Autoridades griegas la emotiva creación de una escuela primaria que aún funciona para niños y adultos). Todo ello con la satisfacción de que absolutamente todo lo enviado llegó íntegramente a las manos de cinco ong’s de solvencia contrastada y a las cuales hemos ido visitando periódicamente in situ para conocer el alcance de la ayuda. Todo ha sido fotografiado y grabado en video, y publicado en las redes buscando la mayor transparencia posible.

¿Está prevista alguna nueva iniciativa enmarcada en este proyecto?

Lo que nos sorprendió a todos -aparte del volumen de este alud humano- fue el enquistamiento político de esa crisis de manera que ya han pasado tres crudos inviernos, miles de refugiados siguen varados y retenidos a mitad de su camino -mientras otros miles han muerto en el mar- y sus necesidades básicas se mantienen. Por otro lado, no olvidemos que siguen llegando refugiados desde Siria, Pakistán, Afganistán, etc. Como sabemos los medios ya casi no informan de esta tragedia como antes, pero la solidaridad en nuestras iglesias evangélicas se mantiene así que acabamos de enviar una donación navideña urgente para adquirir alimentos para un campo en Serbia y en nuestra confesión bautista, donde sirvo, por supuesto seguimos muy atentos al devenir de la situación para explorar nuevas formas de ayuda práctica.

De su experiencia como misionero y director de proyectos sociales en África central (1996-2003) y actualmente en estos otros territorios, contextos geográficos e históricos aparentemente muy distintos entre sí, ¿cree sin embargo que existe algún tipo de continuidad o nexo común entre el fracaso de las políticas de desarrollo en los territorios centroafricanos y la actual «crisis de los refugiados»? O en su defecto, ¿cuáles son las principales diferencias?

En cierta manera el ser humano es igual en todos los países pues sus necesidades primarias suelen ser las mismas. En África son más estructurales, más endémicas o, si se quiere, sistémicas. Siempre parece que todo está por hacer. Esta crisis de refugiados en el corazón de Europa nos ha parecido más coyuntural y con la ingenua intuición de que sería circunstancial, que ‘el tiempo pasará’ como tocaba al piano el negro Sam. No dudo que la situación se irá suavizando y, sobre todo, olvidando, pero mientras haya guerras alimentadas por oscuros intereses -de los que sin saberlo somos parte- habrá víctimas y refugiados y nuestro papel seguirá siendo ofrecer una mano solidaria ante la emergencia, pero a la vez la voz de la denuncia ante lo que consideramos una situación insólita en la Europa de las igualdades. Seguiremos informando de la vida gris, anodina y sin esperanza de futuro que se vive en los campos de refugiados y, mientras podamos, seguiremos haciendo llegar toda la ayuda material y espiritual que recibamos para ellos.

¿Qué debemos aprender de esta «crisis de los refugiados»?

Lo primero, que nuestra situación personal en realidad es muy frágil y nuestra queja casi siempre excesiva. Que, aunque nos cueste imaginarlo todos podemos un día ser refugiados (quizás nuestros abuelos ya lo fueron) y en una fatalidad así nos gustará recibir una mano amiga, un refugio… y algo más. Lo segundo, que detrás de ‘la crisis de los refugiados’ hay cientos de miles de personas, con cara y nombres propios y cuyas historias de valentía y heroicidad son realmente impactantes. Escucharles a ellos en los campos donde malviven y ver llorar a nuestros voluntarios ha sido estremecedor, pero a la vez un regalo y una lección para el alma. En tercer lugar, que una crisis humanitaria de este calibre ha servido para poner de manifiesto, de nuevo, el amor al prójimo que forma parte del ADN del pueblo evangélico en España. Por supuesto se agradecen los premios, pero en realidad no hay mérito por nuestra parte. Como dijo el Maestro: “lo que debíamos hacer, eso hicimos”.

>>> Leer la entrevista en la web del Observatorio del Pluralismo Religioso

Fuente: Observatorio del Pluralismo Religioso / Edición: Actualidad Evangélica

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