EN PERSPECTIVA

Líderes adecuados: Impresionismo vs Hiperrealismo

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20130422-2a(JUAN MANUEL QUERO, 22/04/2013) | Poco después del siglo de las luces comenzó una corriente pictórica que llegó hasta nuestros días con el nombre  de Impresionismo. Hasta ese momento, la pintura consistía en hacer copias, lo más exactas posible de la realidad. Pero, a partir del 1840, se inventa la fotografía, por lo que reproducir imágenes exactas en pintura ya no sería lo importante. Las pinturas dejan de mezclarse, el lienzo se dejaba ver, la pintura se presentaba tal cual, no buscando una réplica de la realidad, sino manifestando que era una pintura, incluso con algunos errores; con la huella clara de las pinceladas.

Ejemplos de impresionistas tenemos, entre otros muchos, en Manet, Monet, Degas, Renoir, incluso Van Gogh (en una etapa posterior) y para citar a alguno de los más prolíferos y más cercano a nosotros, Sorolla (aunque algunos lo clasifiquen como luminista). Comenzaron a fragmentar la luz en los colores del espectro, sin mezclarlos. En este estilo se dejaba ver más los materiales, el método, lo que había detrás, dándole a ello una luz especial y diferente. Era pintura, no cabía duda.

Quisiera utilizar lo anterior para ilustrar que el liderazgo se ha de manifestar de una forma similar, aunque estemos acostumbrados a todo lo contario, a las apariencias, a ocultar la huella de nuestras vidas, para que parezca otra cosa, y no se vea de qué material estamos hechos. En este sentido tendríamos que hablar de un nuevo impresionismo, quizás de un «ultraimpresionismo social».

La gente busca la sinceridad. Está ya cansada de réplicas de «verdades» que ofrecen posteriormente decepciones sorprendentes. La corrupción parece ya una forma de vida. Los líderes parecen manifestar ese deseo de mezclar todos los colores de su vida, para tapar todos los defectos, como si la luz fuese propia,  aplicando así muchos barnices superficiales, que esconden la realidad. A pesar de que se sofisticara la fotografía, se comenzó a desarrollarse otra tendencia, el «hiperrealismo».

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Esta última tendencia pictórica, de la segunda mitad el siglo XX, intenta superar el realismo de las cosas, buscando la objetividad y dando una imagen de veracidad, superando incluso la perspectiva fotográfica.  En esta técnica son muchos los filtros que hay que superar, pero esa «hiperrealidad» puede ser el «hiperreflejo» de una mentira, de un algo que posa; la realidad de un reflejo, el que se ha querido dar y transmitir, aunque la realidad en el fondo sea otra. Con ello,  y a pesar de manifestar mi respeto y admiración a los artistas hiperrealistas, quisiera ilustrar con esta tendencia, lo que un líder no debe de ser, a pesar de que con mucha frecuencia nos encontremos con lo contrario.

Las personas que ostentan una responsabilidad de dirección o liderazgo, no deberían ser la apariencia de lo que la gente quiera ver, porque hay diferentes grupos de personas, unos que quieren una cosa, y otros que quieren otra, y las mismas que en el tiempo cambian de opinión. Y un líder no puede ser aquél que simplemente es experto en decir lo que los demás quieren oír, porque ante unos y frente a otros se contradirá, y en el devenir del tiempo se manifestará su incoherencia, y poca credibilidad, por muchos barnices y raspados que dé a su «hiperrealidad». Un líder, debe de manifestar el material del que está hecho, que es de carne y hueso, que es falible, y por lo tanto no autosuficiente. Nuestra sociedad ya no cree en líderes perfectos, sino en líderes que conscientes de los errores, buscan rectificación.

Juan Manuel Quero MorenoComo creyente, creo que los hijos de Dios, hemos de tener en cuenta, que también somos seres espirituales, y aunque también hay defectos en nuestra vida espiritual, hemos de ser coherentes con el evangelio, sabiendo que Cristo perfeccionará a los que en Él confían, y no a los que van escondiendo sus miserias para ponerse por encima de los demás. Un liderazgo sano, el cuál necesita ver nuestra sociedad, --la que tanto huele a corrupción--, es aquel que responde a diferentes máximas del Evangelio, dejando que la luz que brille, no sea consecuencia de los barnices y maquillajes interesados, sino la conjunción de mis propias necesidades, junto con todas las virtudes presentes y alcanzables, permitiendo que Cristo, como Redentor y ejemplo supremo como líder, como hombre y como Dios, sea la luz que brille en nuestra vida.

Pero sobre todo,  hermanos míos,  no juréis,  ni por el cielo,  ni por la tierra,  ni por ningún otro juramento;  sino que vuestro sí sea sí, y vuestro no sea no,  para que no caigáis en condenación. (Santiago 5:12)

Autor: Juan Manuel Quero

© 2013. Este artículo puede reproducirse siempre que se haga de forma gratuita y citando expresamente al autor y a ACTUALIDAD EVANGÉLICA

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